El fin de una carrera política de tres décadas para Clinton

Comenzó al lado de su marido, el expresidente Bill Clinton, y luego se abrió camino sola en el Partido Demócrata con la firme intención de llegar a la Casa Blanca, pero a sus 69 años, esta derrota la sepultó

La posibilidad de pelear por la Presidencia de Estados Unidos es la máxima aspiración de cualquier político con ambiciones de ese país. Pero perder en las urnas es prácticamente una sentencia de muerte en la potencia norteamericana, donde los candidatos no se repiten de una elección a otra si llegaron hasta las últimas instancias y el voto les dio la espalda. Y menos si quien vio el fracaso en esa noche de noviembre tiene 69 años, como es el caso de la demócrata Hillary Clinton.

La candidata que pretendía suceder a Barack Obama en la Casa Blanca había llegado en un largo camino de hormigas hasta este martes, 8 de noviembre, en que se decidiría su suerte y si tendría que mudarse el año próximo a la Casa Blanca, donde ya había vivido en la década de 1990 cuando como primera dama del país optó por la acción política desde ese lugar en vez de las visitas de protocolo.

Su carrera política había comenzado una década antes, cuando su marido Bill Clinton era gobernador del estado de Arkansas. Y siguió después de sus años en la casa más conocida de la Pennsylvania Avenue de Washington.

Primero fue senadora casi ocho años, al inicio del siglo XXI, y en 2008 probó suerte como precandidata demócrata a la Presidencia. Pero el carisma y la fuerza de la campaña de Barack Obama se la llevaron por delante. No logró el máximo cargo, aunque se mantuvo cerca del poder al ser nombrada secretaria de Estado por quien le había ganado en las internas.

En los últimos años preparó el terreno para volver a la carga, y en 2015 lanzó su candidatura con todas las intenciones de ganar. Con Obama sin la posibilidad de un tercer período en la Casa Blanca, el Partido Demócrata era suyo. Y con los rivales republicanos sin un claro candidato el año pasado, todos los astros estaban alineados.

No contaba con el posible batacazo de Donald Trump.

La derrota dolió. Tanto que Clinton no pudo salir en la madrugada de ayer a reconocer públicamente la victoria del magnate republicano, y simplemente se limitó a llamarlo por teléfono para dar la batalla por concluida.

Las horas pasaron y recién en la tarde de ayer (mediodía de Nueva York, donde estaba) la candidata demócrata apareció frente a cámaras. Con un rostro que evidenció el golpe, Clinton se dirigió a los estadounidenses y se ofreció a trabajar con el presidente electo.

"Anoche felicité a Donald Trump y le ofrecí trabajar con él por el bien de nuestro país. Espero que sea un presidente exitoso para todos los estadounidenses", sostuvo Clinton ante militantes demócratas en un hotel de la ciudad.

"Este no fue el resultado que queríamos o por el que trabajamos tan duramente, y lamento que no ganáramos esta elección por los valores que compartimos y la visión que tenemos para nuestro país", agregó.

Intentando cerrar las heridas que dejará esta campaña por la virulencia de los ataques, algo que ya había intentado hacer Trump desde su primer discurso como presidente electo, Clinton afirmó: "Donald Trump va a ser nuestro presidente. Le debemos una mente abierta y la posibilidad de liderar".

"Nuestra campaña nunca fue sobre una sola persona o incluso una elección. Se trató del país que amamos y sobre construir un Estados Unidos que tiene esperanza, que es inclusivo y de gran corazón", dijo.

A pesar de las palabras, Clinton sabe que su barco se hundió. "Esto es doloroso y lo será por un largo tiempo", aseguró.

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