El fotoperiodismo que todos queremos

En 1991, cuando muchos hablaban de la muerte de los periódicos, la publicación de El Observador cambió en Uruguay la forma de hacer prensa diaria

En 1991, cuando muchos hablaban de la muerte de los periódicos, la publicación de El Observador cambió en Uruguay la forma de hacer prensa diaria. Desde la manera de escribir la noticia hasta el modo de presentarla e ilustrarla, todo era nuevo. El diario se convirtió de inmediato en un referente y en un éxito comercial en ascenso. En ese marco la fotografía que comenzamos a hacer estaba en sintonía con el resto del producto. La única estrategia fue aplicar los criterios que veíamos en imágenes de los medios internacionales de referencia, desde The New York Times o Liberation hasta El País de Madrid o Página 12. Los fotógrafos debíamos ir a las notas informados sobre quién era el personaje a entrevistar o la situación a cubrir.

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El intendente de Montevideo, Daniel Martínez, saluda a un grupo de escolares. Crédito: D. Battiste, 2015
El intendente de Montevideo, Daniel Martínez, saluda a un grupo de escolares. Crédito: D. Battiste, 2015

Con humildad, leyendo, preguntando, informándonos. Respondíamos a la premisa de que en toda nota hay una buena foto a sacar, y eso implicaba que si salíamos a una conferencia de prensa, debíamos llegar antes de que esta empezara y ser los últimos en irnos, porque más que las "cabezas parlantes", que suelen fotografiarse en instancias de este tipo, un ministro sacando los papeles de su portafolio o una conversación al oído por detrás de un protagonista podía transformarse en una imagen de portada interesante.

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El exdictador Gregorio Álvarez al salir del juzgado penal de la calle Misiones. Crédito: A. Cuenca, 2007
El exdictador Gregorio Álvarez al salir del juzgado penal de la calle Misiones. Crédito: A. Cuenca, 2007

Las fotos comenzaron a salir con el crédito de sus autores, para adjudicarles el mérito, es cierto, pero también para darle la responsabilidad al reportero gráfico sobre la calidad de dicha imagen, porque su nombre estaría acompañándola. Debíamos buscar humanizar a los personajes públicos sin ridiculizarlos, más allá de lo que pudiésemos pensar de ellos a título personal, teniendo claro el límite que una fotografía tiene entre el mero registro y un editorial.

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Manifestación en la explanada del Palacio Legislativo, en conmemoración del Día Mundial del Sida. Crédito: A. Ferrari, 1999
Manifestación en la explanada del Palacio Legislativo, en conmemoración del Día Mundial del Sida. Crédito: A. Ferrari, 1999

En 1992 creamos el puesto de editor fotográfico, lo que implicó que las fotos a publicar fueran elegidas por este, que tenía el mismo cargo jerárquico que el resto de los editores y era el responsable de llevar a la reunión de cierre su oferta para la tapa. De este modo, en El Observador impusimos un estilo de hacer fotografía de prensa que hoy el lector exige a todos los medios, sintiéndonos en parte responsables de haber ayudado a conformar en él una cierta cultura visual.

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Un niño en las instalaciones de la fundación Teletón. Crédito: M. Cerchiari, 2009
Un niño en las instalaciones de la fundación Teletón. Crédito: M. Cerchiari, 2009

Para formar el grupo inicial se mezcló a fotoperiodistas con años de experiencia en medios alternativos y a jóvenes amateurs recién egresados de algunas de las escuelas de fotografía locales. Así, este diario se convirtió en el primer trabajo para muchos de los que hoy son referentes de la fotografía nacional en todas sus expresiones, no solo en la documental.

Aquel espíritu inicial persiste en los reporteros gráficos actuales que enfrentan un nuevo desafío, el de la era digital. En 2002 trajimos las primeras cámaras digitales con las que empezamos a trabajar. Habían salido a la venta en Estados Unidos una semana antes.

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Un carancho lleva una mulita en la ruta 27. Crédito: M. Zubillaga, 2006
Un carancho lleva una mulita en la ruta 27. Crédito: M. Zubillaga, 2006

El 16 de octubre de 2012 hubo una asonada en el barrio Marconi, los vecinos incendiaron autos para impedir el ingreso a la zona como protesta por la muerte de un joven a manos de un policía, ocurrida un día antes. La foto de tapa del 17 rompió con el estilo tradicional del diario y cubrió tapa y contratapa. La había sacado uno de nuestros fotógrafos con un celular. Los lectores no se enteraron porque no había nada por lo que excusarse; la calidad, la composición, el valor estético y documental de la imagen eran impresionantes. Nos fuimos adaptando a los cambios, teniendo claro que podrán modificarse las herramientas y los soportes a través de los que haremos llegar la información al lector, pero lo que no cambia es el buen periodismo. Así hemos encarado nuestro lugar en este, el buen diario que los uruguayos merecen. Y así será en los próximos 25 años.

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.


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