El freak de los años 30

Peleó con un canguro, se abrazó con Mussolini, hizo de Frankenstein y murió de cirrosis en la pobreza: la triste historia del boxeador Primo Carnera que en 1935 visitó Uruguay

Primo Carnera hubiera sido un suceso en estos tiempos. Hoy donde un zapping televisivo nos obliga a ver tipos que no saben bailar, balando, tipos que no saben cantar, cantando, y donde ser destalentado -y carecer de un mínimo y elemental sentido del ridículo, claro- puede llegar a ser una virtud que potencie el bien supremo -y bastardeado- de la imagen, un boxeador que no sabía boxear pero que igual llegó a campeón del mundo sería todo un éxito.

Pero en la década de 1930 no tanto. El 3 de enero de 1935 Carnera visitó Uruguay para realizar una exhibición boxística. El Estadio Nacional (ubicado en Piedras e Isla de Lobos) se llenó. La entrada del ring side costó $ 2,14 y la general $ 0,64. Pero al otro día, la crítica de El Diario fue lapidaria, calificando el fugaz paso de Carrera por Uruguay como “una verdadera burla al público que asistió a un espectáculo circense”.

Carnera nació el 25 de octubre de 1906 en Sequals, Italia, cerca de los Alpes y la pobreza lo forzó en su temprana niñez a la mendicidad y en la adolescencia lo hizo emigrar a Francia.

Gigante de 2,06 metros y 120 kilos, fue reclutado para trabajar como forzudo en un circo. Y ese fue su trampolín al boxeo.

Debutó en 1928 y dos años más tarde emigró a Estados Unidos. Cuenta la leyenda que la mafia lo apdrinó y lo llevó de la mano. Y un buen día disputó el título mundial ante Jack Sharkey a quien derrotó en 1934.

Pero un par de defensas más tarde los poderosos puños de Max Baer demostraron que Carnera era un boxeador discreto.

Baer, quien lo mandó ¡12 veces a la lona!, fue después derrotado por James J. Braddock que en la película Cinderella Man de Ron Howard es interpreteado por Russell Crowe.

Con los puños apretados de la victoria, Benito Mussolini utilizó a Carnera como elemento de propaganda del régimen fascista y el boxeador no dudó en ponerse una camisa negra y fotografiarse con el Duce.

Pero en la lona de la vida (sobre todo cuando deshonró al Duce al perder con un negro, nada menos que Joe Louis en 1935), Carnera la tuvo que volver a remar. Se subió a un ring a pelear con un canguro, intentó sin éxito volver a boxear en la década de 1940 (perdió sus últimas tres peleas) y se pasó a la lucha libre donde en 1957 fue campeón mundial de la categoría pesados.

Después trabajó en varias películas clase B protagonizando incluso hasta a Frankinstein en una serie televisiva de NBC, además de participar en títulos como El niño y el unicornio o El gran gorila que bien podría atribuírselos ese bizarro personaje de los Simpson (mezcla de dos actores verdaderos) que es Troy McClure.

El destino trágico está escrito en los guantes de cada boxeador. Y a Carnera lo encontró en 1964, a los 60 años, cuando una cirrósis hepática, producto de su adicción al alcohol, acabó con su vida.


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