El futuro de la isla comunista

Mientras algunos esperan una mayor velocidad en la apertura económica y política de Cuba tras la muerte de Fidel Castro, otros creen que poco cambiará, y el gobierno de Trump podría ser decisivo para ello
A las 8.30 de la mañana de hoy, el primer vuelo comercial de American Airlines aterrizará en La Habana, procedente de Miami, luego de décadas de que ambas ciudades –y países– permanecieran incomunicadas y menos de tres días después de la muerte el líder de la revolución cubana, Fidel Castro, ocurrida el viernes pasado a los 90 años.

Este vuelo es parte de la apertura iniciada por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, junto a Raúl Castro –hermano del histórico jefe de Estado cubano y actual mandatario de la isla– luego del descongelamiento de las relaciones entre ambos países.

Pero la muerte de Fidel Castro abrió la incógnita de cómo será el rumbo de la isla caribeña en el futuro próximo, ya sin el carismático líder –que a pesar de haberse retirado de la primera línea de fuego en 2006 continuaba siendo una figura de referencia en la política comunista de Cuba– y sin Obama en la Casa Blanca.

El presidente de Estados Unidos no tuvo éxito durante su mandato en convencer al Congreso para que levantara el embargo económico a Cuba, pero a título personal se oponía a las sanciones y usó decretos para permitir que se incrementaran el comercio y los contactos.

Raúl Castro adoptó reformas orientadas al mercado en años recientes, pero su implantación ha sido lenta y muchos cubanos decían que Fidel Castro seguía influenciando a la vieja guardia del Partido Comunista, que desconfía tanto del mercado como del acercamiento a Washington.

El presidente cubano revirtió en los últimos años medidas emblemáticas que su hermano había implementado, algunas calificadas por él mismo como prohibiciones "excesivas": las de adquirir celulares y computadoras, alquilar autos, hospedarse en hoteles y viajar al exterior, por ejemplo.
Así, algunos analistas creen poco probable que la salida de escena de Fidel vaya a tener un impacto inmediato en las políticas de Cuba, que a pesar de las reformas no renuncia al sistema centralizado comunista de partido único.

"Él estaba completamente retirado, por lo tanto su muerte probablemente no alterará el curso del programa de modernización económica de Raúl", dijo William LeoGrande, coautor de un libro sobre las relaciones cubano-estadounidenses.

"Por supuesto que hay burócratas todavía en el poder que comparten la hostilidad ideológica de Fidel hacia los mercados. Están ahí y continuarán siendo un obstáculo al cambio", agregó.

Con Trump enfrente


"Cuba es Fidel", decía ayer la portada del diario Granma, publicación oficial del Partido Comunista en la isla, con una ilustración a página completa en blanco y negro que mostraba a una multitud marchando con uniformes militares y fusiles, todos con la cara del fallecido líder.

Pero más allá de la reivindicación desde el gobierno de la figura de la revolución, su ausencia puede sentirse más aun con el nuevo escenario en Estados Unidos.

Es que la muerte de El Comandante se suma al temor de los cubanos a que el presidente electo de la mayor economía del mundo, Donald Trump, dé un portazo a los embrionarios vínculos comerciales y turísticos, desandando dos años de acercamientos entre unos vecinos poco amistosos.

En este sentido, la muerte de Fidel Castro puede ofrecer a su hermano un mayor margen para profundizar reformas económicas, pero el cambio dependerá también de si Trump decide trabajar con Cuba o enfrentarse a ella.

Trump tuvo durante la campaña electoral una retórica mucho más dura contra el gobierno de los Castro, y aún es incierto cómo actuará el magnate electo una vez que llegue a Washington.

Reince Priebus, quien será jefe de gabinete en el gobierno republicano, dijo que Trump pediría más libertades políticas al gobierno cubano y que, si no las consigue, la apertura retrocederá.

"No va a ser una relación unidireccional de Estados Unidos hacia Cuba sin que haya medidas del gobierno de Castro", dijo Priebus al programa de televisión Fox News Sunday.

Algunos, como el escritor peruano Mario Vargas Llosa, consideran que habrá un punto de inflexión con esta muerte. "Empezarán a resquebrajarse poco a poco las estructuras de la nación, del control", dijo. Y agregó: "Esperemos que este proceso sea rápido y sobre todo indoloro, que no traiga más violencia que la que ya ha padecido el pueblo cubano".

Para el escritor, identificado con la derecha de su país, "es muy difícil que el régimen sobreviva a la larga a la desaparición del dictador".

Mientras tanto, una diezmada oposición cubana tiene ahora un nuevo escenario por delante.

"Todos van a dar un giro, incluyendo nosotros (los disidentes)", dijo el opositor cubano Antonio Rodiles, citado por la agencia AFP. "Desaparece esta sombra, ese gurú, y ahora todo lo que hace Raúl Castro tiene que asumirlo él mismo", añadió.

El principal grupo disidente, las Damas de Blanco, decidieron no marchar ayer como hacen todos los domingos en protesta contra el régimen socialista. Prefirieron respetar el luto.

Pero cuando los nueve días de duelo oficial por Fidel Castro hayan pasado, volverán a la carga. "Nosotros vamos a seguir luchando contra el sistema que él creó. Ese es nuestro verdadero enemigo", afirmó el ex preso político José Daniel Ferrer.

Fuente: Agencias

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