El futuro en un bolillero

Trabajadores de Raincoop fueron redistribuidos entre Coetc, Ucot y Cutcsa
"¡Es un hijo de puta, es un hijo de puta!", repetía a los gritos Virginia Bermúdez mientras caminaba apurada por el pasillo del medio de la sede del PIT-CNT, donde media hora más tarde empezaría el sorteo de los socios empleados de Raincoop.

El enojo de Bermúdez con un integrante de la directiva de Raincoop se debía a que su esposo, socio de la cooperativa desde hacía ocho años, había quedado en uno de los últimos grupos de sorteo, lo que lo acercaba a la posibilidad de no entrar en ninguna de las empresas de transporte y, en cambio, caer en una bolsa de trabajo. El griterío fue solo una muestra de la tensión que se vivió este lunes en la sede de la central sindical. Allí, 521 socios y trabajadores de la cooperativa esperaban los resultados del sorteo para saber a qué empresa iban a trabajar y cuánto debían esperar para incorporarse en cada una de ellas.

Varios se llevaban las manos a la boca para morderse las uñas. Sobre un costado, más de una decena de trabajadores, sentados en un muro, golpeaban sus pies contra la pared. Algunos miraban hipnotizados al bolillero. Había quienes se abrazaban con otros y quienes se apretaban las manos. En pocos minutos, la rueda empezaría a girar con las bolillas adentro y los funcionarios dejarían atrás, de forma definitiva, la camiseta de Raincoop. De hecho, eran pocos los que vestían los uniformes de la cooperativa azul y blanca.

El sorteo empezó sobre las 10.30 de la mañana, previa explicación del director de Transporte de la Intendencia de Montevideo, Máximo Oleaurre, sobre cómo sería el procedimiento, que se extendió por casi cuatro horas más.

Sistema complejo


En total fueron 521 socios y empleados de Raincoop los que entraron en el sorteo, luego de que se haya depurado la lista de quienes tenían causal jubilatoria.
Los trabajadores fueron separados por categoría: micreros -que son choferes y cobradores-, guardas, conductores, inspectores, mecánicos y administrativos. Dentro de cada categoría estaban organizados en grupos en función de la edad, la conducta y la cantidad de faltas. Ese orden implicaba que los que estuviesen mejor rankeados serían sorteados primero. Así, los trabajadores en el grupo uno se aseguraban la entrada en las otras empresas, mientras que quienes estaban en los últimos grupos corrían riesgo de caer en la bolsa de trabajo, dado que había más trabajadores que puestos disponibles. Dentro de los grupos, cada persona tenía asignado un número, que era el que estaba dentro del bolillero. Esos números, a medida que salían, adquirían un lugar en la lista de trabajadores repartidos. A quienes les tocaba en un lugar par iban para Coetc y los que quedaban en uno impar iban a Ucot.


Luego se sortearon los lugares para entrar en Cutcsa. En este caso fue diferente, ya que los trabajadores ingresarán como empleados y no como socios. Entonces, ya se había creado previamente una instancia para que quienes estuviesen interesados se anotaran en forma voluntaria. Aquí se sorteó el orden de ingreso en la empresa.

No tan feliz

El bolillero giraba y entre número y número el murmullo se volvía cada vez más fuerte. El punto máximo llegó sobre el mediodía, cuando quienes estaban en la mesa se saltearon un número y un socio quedó sin sortear. Ese trabajador había sido integrante de la comisión directiva años atrás, por lo que muchos empezaron a murmurar y la tensión aumentó.

Al quedar el error en evidencia, el nombre fue agregado en el sorteo, lo que llevó a otro trabajador a perder su lugar.
Lucía Monetta, quien rato atrás sostenía un cartel que trataba a Daniel Martínez de "burro", se paró en medio de la sala y alentó a los más de 500 presentes a rebelarse. "¡Se van a quedar sin trabajo!", gritaba. Aunque algunos lanzaron insultos, la situación solo provocó que el sorteo se parara durante algunos instantes.

"Cutcsa: iremos contigo"

"¿Qué te tocó?", "¿vos a cuál vas?", se escuchaba a los trabajadores preguntarse entre ellos. Era fácil distinguirlo: las caras contentas iban para Coetc, mientras que las sobrias se irían a Ucot. El problema es que esa cooperativa es la más débil de las dos que quedan en el sistema de transporte de Montevideo y por tanto varios trabajadores tienen miedo de volver a vivir una situación similar a la que se enfrentaron ayer. Algunos ofrecían dinero (hasta $3.000) por cambiarse de lugar con los que les había tocado Coetc.

En cambio, quienes iban a Cutcsa estaban más tranquilos, ya que se aseguraban su puesto de trabajo. Una vez hecha la lista, los voluntarios crearon el grupo de Whatsapp "Iremos contigo", en tono de broma, como alusión al eslogan de la empresa. Entre ellos estaba Sandra Coytinho, a quien hace dos meses se le llenaban los ojos de lágrimas cada vez que hablaba de Raincoop. "Se acabó el cooperativismo para mí", dijo esta vez, resignada, y ahora solo le queda esperar el llamado para volver a rodar.

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