El gran salto del rubro ovino

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
La producción ovina uruguaya se encuentra ante un cruce de caminos. Se trata de aprovechar el potencial que tiene o dejar que se siga achicando, como viene ocurriendo. Hay que apostar a lo primero.

Por razones económicas y sociales, además de un cierto mandato histórico. Es difícil imaginar un Uruguay sin ovinos cuando la tradición indica que este ha sido un país agropecuario basado en la ganadería mixta: vacunos más ovinos.

Que en las últimas décadas ha progresado a impulsos también de la agricultura, de la lechería y de la forestación. Y que tiene muchos rubros más, en especial en el sector granjero, para apuntalar el desarrollo económico y social del país.

Es difícil imaginar un Uruguay sin ovinos como la tradición lo indica

Basta pensar en los desafíos que dan un impulso nuevo a la producción citrícola, lo que puede mejorar la producción de miel y la de vinos. O los olivos, solo por mencionar algunos rubros.

Una vez escuchamos decir al economista Juan Manuel Quijano que Uruguay no puede apostar a todos los rubros y que debe optar por unos pocos. Decía cuatro o cinco –incluyendo la industria textil por la vestimenta– y poner en ellos todos los esfuerzos.

Siendo la oveja productora de lana y carne –y Uruguay el segundo exportador mundial de tops de lana y tercer exportador de carne ovina– este es un rubro al que hay que apostar, cuidar y apoyar.

De hecho, está ocurriendo. En un reciente desayuno organizado por el Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL), del que informamos en la edición anterior de El Observador Agropecuario, se repasó la realidad del rubro y se dio el puntapié inicial para la Fase II del Plan Estratégico Nacional del Rubro Ovino (Penro).

La primera parte del Penro, que comenzó en 2009, tuvo luces y sombras. Hubo metas que no se cumplieron, como aumentar el stock. Pero se avanzó en el entramado de la cadena ovina –la relación entre los distintos actores–, la mejora en la producción de lana de calidad, la apertura de mercados –como el de EEUU para la carne ovina desosada.

Otro capítulo destacado de la primera parte del Penro fueron las actividades de capacitación y las de extensión, donde el SUL comparte el liderazgo con instituciones como el Plan Agropecuario y el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA). A nivel del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), se han impulsado diversos programas a través de la Dirección General de Desarrollo Rural (DGDR) y las mesas departamentales, con herramientas donde se comprometa al productor chico y mediano como responsable de su propio destino, apuntando a su desarrollo empresarial.

La lana se mantiene firme en los mercados, al igual que la carne ovina

Según datos divulgados en el desayuno por José Bervejillo, de la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (Opypa), hay 17.037 explotaciones con ovinos en el país, contando las que tienen al menos 10 cabezas. De ellas, 11.707 tienen menos de 500 hectáreas y ocupan 21.597 personas, en su mayoría mano de obra familiar (17.991 personas). Contando todas las explotaciones, 46.031 personas trabajan con el ovino.

La lana se mantiene firme en los mercados, al igual que la carne ovina, que tiene un valor por encima de la carne vacuna. Todas las expectativas están centradas ahora en la próxima –o tantas veces inminente– apertura del mercado de EEUU para la carne con hueso.

Pero el gran salto que debe dar la producción ovina parte de un dato que el propio Bervejillo deslizó en el desayuno del Club de Golf. Mientras Nueva Zelanda, el país potencia en carne ovina, produce 127 corderos cada 100 ovejas, Uruguay produce 72. Y en lana, Nueva Zelanda produce 5,2 kilos de vellón por oveja, en tanto Uruguay obtiene 3,9 kilos.

Acerca del autor