El hombre que atentó en Londres y el progresivo declive del Estado Islámico

Para la organización terrorista es necesario dar un golpe de efecto en un momento en el que sus finanzas ya no son tan prósperas como en años anteriores

Desde que un hombre utilizó un automóvil y dos cuchillos para asesinar a civiles en el corazón de Londres, el aparato de seguridad británico ha trabajado para entender cómo actuó el terrorista desde el punto de vista operativo. Ese trabajo es ciertamente importante para descartar si la amenaza prevalece (en caso que se trate de un acto encadenado) o si el peligro inminente terminó cuando el individuo fue abatido.

La información que surgió en las últimas horas dice algo acerca de la entidad del evento, aunque aún es aventurado pintar una imagen absoluta. Por la forma en que actuó el terrorista –ideando un ataque que no requería de una alta complejidad en materia de recursos y capacidades operativas y logísticas– y sobre todo por las armas que empleó, muchos se apresuraron a decir que podía tratarse de lo que se conoce como un "lobo solitario". Eso es: un individuo que inspirado por la ideología de un movimiento actúa solo, sin respaldo ni conexión formal con la agrupación.

El peligro de un lobo solitario se centra en que solo él sabe lo que va a hacer. Y por tanto es difícil detenerlo antes que cumpla con su deseo. Pero, por lo general, sus posibilidades de causar un daño de proporciones catastróficas son limitadas.


Sin embargo, como nos recuerda el especialista Peter Neumann, un atacante solitario no es necesariamente un lobo solitario. Y saber a qué categorías responde quien cometió el atentado en Londres es una cuestión que puede llevar su tiempo.

Mientras tanto hay dos datos en los que merece la pena poner atención.

En primer lugar, la revelación de la primer ministra, Theresa May, de que el terrorista es británico y había sido investigado años atrás por estar vinculado de manera "periférica" a los círculos del extremismo violento, pero que no era parte de las preocupaciones actuales de la inteligencia británica.

Es probable que este individuo haya pasado por un proceso de radicalización en el que cultivó una ideología yihadista y que estuviera implicado como militante en esa contracultura. Pero el hecho de que no estuviera dentro de los cálculos actuales del aparato de seguridad británico hace pensar que nunca llegó a involucrarse formalmente con algún grupo operando dentro o fuera del Reino Unido.

El segundo dato al que habría que prestar atención es la reivindicación del acto por parte del grupo radical Estado Islámico, quien llamó al hombre como un "soldado" en respuesta "al llamado de atacar a los países de la coalición" internacional antiyihadista. En el pasado el grupo ha sido cuidadoso a la hora de reclamar la autoría de hechos de violencia, aunque su participación para la concreción del hecho fuera marginal.

Es altamente probable que una vez más estemos ante un caso en el que la organización se apropia de un hecho de violencia cometido por uno de los seguidores del grupo. Que el comunicado –traducido al alemán, inglés y francés- no llame al atacante por su nombre (que aún no fue revelado por las autoridades británicas) dice algo acerca del grado de proximidad que había entre la organización y el terrorista.

Sin embargo, esa situación tampoco arroja ningún hecho concluyente. Existe la posibilidad que aún actuando solo este hombre haya sido guiado a través de la web.

Lo que sí es posible afirmar categóricamente es que para el grupo yihadista es muy importante dar un golpe de efecto en este momento.

El Estado Islámico es apenas una sombra de ese grupo cuyo esplendor durante 2014 y 2015 llevó a que fuera catalogado como la organización terrorista más rica del mundo.

Un estudio reciente del Centro Internacional para el estudio de la Radicalización y la Violencia Política con sede en King´s College London detalla como el "modelo de negocios" de la agrupación –dependiente en impuestos, petróleo y saqueos- está en declive. El Estado Islámico ya no cuenta con grandes "donaciones" externas y la pérdida de territorio pone a la agrupación radical en un lugar incómodo respecto a sus finanzas y le agrega presión a su proyecto de califato.

Sin embargo, esta afección en materia de ingresos no se traduce de manera inmediata en la pérdida de capacidad del grupo para ejecutar ataques terroristas fuera de su territorio. Por el contrario, amplifica su necesidad de elevar la causa para no perder terreno entre sus seguidores. Porque las organizaciones terroristas, como el resto de los colectivos humanos que están fascinados por la acumulación de poder, saben que no sólo hay que serlo sino parecerlo.

* Martin Natalevich, es periodista y analista internacional especializado en Terrorismo. Es máster en Relaciones Internacionales por King's College London y en Diplomacia y Resolución de Conflictos por IDC Herzliya.


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