El huracán Pedro

La renuncia de Bordaberry a toda candidatura pega de lleno en el frente opositor
La renuncia de Pedro Bordaberry a toda futura candidatura crea un factor de incertidumbre en el campo opositor, donde una de sus fuerzas históricas corre serio riesgo de estampida.

La decisión del líder de Vamos Uruguay, que junto a José Amorín mantuvieron en pie la tienda colorada tras la debacle de 2004, no sólo representa un problema para la colectividad batllista. Sin líderes nuevos, la posibilidad de fuga es evidente. Lo que no es fácil es predecir es el destino de esos votos.

Si bien nadie puede saber cómo podrían comportarse las personas repentinamente huérfanas de liderazgo, algunos antecedentes pueden ayudar a trazar algunas líneas de razonamiento.

En las elecciones de 1989 el ex presidente Luis Alberto Lacalle obtuvo 777 mil votos y una diferencia de 168 mil respecto a un Partido Colorado, que en los comicios anteriores había ganado por 117 mil.
Quiere decir que la victoria de Lacalle solo se explica por un aluvión de votos colorados, presumiblemente de centroderecha, que lo privilegiaron frente a Jorge Batlle. Si no surgieran otras figuras de recambio –en eso trabajan los colorados– y se formulara una corrida, podría suponerse que entre los votantes de Bordaberry y Lacalle Pou existe proximidad ideológica, una visión compartida de la política y el intenso deseo de desalojar a la izquierda del poder.
Tal vez esos factores permitieran que los seguidores de Bordaberry votasen mayoritariamente al sector Todos en la interna por la candidatura blanca y luego en la primera vuelta.

Edgardo Novick, sin un imaginario programático/ideológico definido, tal vez pudiera pellizcar algo y, al final, no se puede adelantar si algún meandro del río sin cauce pueda llegar hasta el Frente. Sería difícil un corrimiento de ese tipo desde Vamos Uruguay hacia la izquierda, pero tampoco es fácil prever al dedillo cómo impactará la movida entre otro tipo de votantes de esa colectividad.

En resumen, el grupo de Lacalle Pou podría crecer con riesgo mínimo de fuga hacia el Frente Amplio. Pero por sí solos, esos reacomodos en el bando de la oposición no agregan nada. En todo caso concentrarían el apoyo al candidato blanco en la primera vuelta. Pero al Partido Nacional le vendría bien una recuperación colorada, una locomotora que empuje entre un 15% y un 20%.

Si los blancos votan entre un 30% y un 35%, el horizonte de ganar la mayoría parlamentaria en la primera vuelta y el balotage en la segunda estaría más despejado. El dos veces presidente, Julio Sanguinetti, quizá pudiese emocionar de nuevo a su partido y tal vez favorecer una victoria blanca, pero él dice que, contra los deseos de muchos, sería brava una campaña a los 83 años.

Y si entráramos en el escenario de ficción, una postulación de Sanguinetti arrastraría la de Mujica en forma casi automática, sólo porque le resultaría irresistible.

La caída del otrora poderoso Partido Colorado es asombrosa y de alguna manera una secuencia amarga en la película del Uruguay. Y no se parece a Lo que el viento se llevó, salvo por la duración.
Veremos qué se lleva el huracán Pedro.


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