El intraemprendedor: un invento raro y funcional para dos discursos

El director de Fundación da Vinci brinda una visión diferente del concepto de emprendedor interno

El fenómeno emprendedor crece. Según un relevamiento para América Latina realizado por la internacional Gust, en 2015 Uruguay casi duplicó su actividad emprendedora comparado con el año previo. El dato se basa en la cantidad de startups incubadas y aceleradas en el territorio. Para satisfacción del orgullo charrúa, ellos califican a ese fenómeno como "curioso" porque el pequeño país latinoamericano se destaca en cantidad de startups en proporción a la cantidad de población y al nivel de actividad económica. Punto para nosotros.

Esta especie de boom o explosión emprendedora se acompaña de un show emprendedor, el cual entiendo es un fenómeno colateral inevitable e incluso hasta saludable en dosis controladas. ¿En qué beneficia? Por ejemplo, puede inspirar y entusiasmar a la nueva generación de emprendedores. El show emprendedor es la sobrevaloración de la actividad emprendedora que la llevan a comprender como una opción privilegiada para encaminar el sentido de vida y, en definitiva, rumbear hacia la felicidad. ¿Opción privilegiada frente a qué? Frente a otras alternativas productivas y de trabajo como ser empleado dependiente o ser profesional universitario.

Una expresión bien concreta del boom emprendedor es el surgimiento del concepto "intraemprendedor" o emprendedor interno de una organización. Básicamente esta rara-palabra-nueva sostiene que algunos empleados pueden encarnar el perfil emprendedor. ¡Chapeau! para el área de recursos humanos que se le ocurrió semejante constructo. El emprendedor, como sustantivo, es un perfil difícilmente gestionable y retenible dentro de la estructura típica de una organización y muchísimo más aún dentro de las estructuras y dinámicas con que contamos en Uruguay. Gestionar emprendedores es un dolor de cabeza acá, allá y en todos lados. En general, se desvinculan de la empresa y se llevan con ellos oportunidades de negocios. ¿Por qué una empresa establecida no los retiene o capitaliza lo que podrían ofrecer? El problema no pasa por la conveniencia racional, donde todo siempre cierra, sino por un problema de egos, eros y poder.

Las experiencias más exitosas que he observado de genuinos emprendedores que surgen en el seno de una empresa y deciden quedarse, son aquellas donde empresa y emprendedor crean juntos nuevas unidades de negocios. Aquí, el involucramiento lo realizan ambos como socios, no ya en el marco de una relación de dependencia.

Otro cantar es si se toma al intraemprendedor como un símbolo valorativo o inspiracional de algunas cualidades atribuidas tradicionalmente al perfil emprendedor. En esta posición, ya no se emplea al emprendedor como sustantivo sino como adjetivo. Proactividad, trabajo orientado a las tareas, ambición, alta percepción de autoeficacia, individualismo, masculinidad-expansión-agresividad, manejo efectivo de la incertidumbre, foco en el control interno, narcisismo, creatividad, liderazgo... son algunas de las características posibles que reúne el emprendedor tipo. Por supuesto, en forma aislada, se pueden compartir tanto por gestores, como por empleados y emprendedores. Ninguna es patrimonio exclusivo del emprendedor. Pero "el" emprendedor es una categoría muy bien definida a través de rasgos de personalidad y perfil conductual, la cual concentra una serie de características como las enumeradas. La identificación del perfil cuenta con amplia evidencia y respaldo por parte de la Psicología y la Sociología. Desalentemos entonces la práctica de etiquetar "emprendedor" a todo lo que exprese alguna de sus conductas, características y rasgos.

¿Entonces cuál es el motivo de hablar del emprendedor interno si parece que no existe tal cosa? Porque es funcional para dos discursos. El primero, se vincula con el ya presentado más arriba: una práctica de motivación que nace desde la oficina de recursos humanos. Busca empoderar a los colaboradores o empleados a través de la identificación con adjetivos y calificativos del fenómeno emprendedor.

El segundo discurso se relaciona con las prácticas de precarización y desregulación del trabajo asalariado dependiente. Así, la metáfora y el relato emprendedor es funcional para encubrir una relación dependiente bajo una relación entre empresas, o sea, resignar el cobro de un sueldo, de gozar de licencia, salario vacacional, derecho a despido y demás beneficios salariales y extrasalariales y pasar a facturar servicios y punto final. En resumen: usted sigue haciendo el mismo trabajo que ayer, a lo largo de nueve horas, de lunes a viernes, bajo la dirección de su exempleador, ¡pero siéntase especial porque ahora puede llamarse "emprendedor" o "socio"! Esta estrategia busca el ahorro de costos laborales y, a veces, se presenta enmascarada dentro del boom emprendedor. Sin dudas, constituye una de las expresiones más oscuras del mundo corporativo.


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