El libro de Urruzola y los libros contables del MLN y otros partidos

El desafío de la ley de financiamientos y la contabilidad de sectores políticos

Precisa boleta?, es la pregunta a la que muchos uruguayos se exponen cuando compran algún producto. El caso no alarma a nadie, aunque se sabe que la autoridad impositiva persigue a los evasores, pero el problema es cuando la pregunta se hace desde un partido político, desde el despacho de los que deben levantar la mano para votar nuevos tributos o suba de tasas.

Cartelería, merchandising, promotores, pintores de muros, locutores, autores de jingles, secretarias personales, volantes, publicidad, entre otros casos, han sido históricamente pagados "en negro".
El Senado estudia la posibilidad de una reforma legal sobre el financiamiento de los partidos políticos, y las donaciones que realizan las empresas para las campañas electorales, pero por ahora poco se habla de la contabilidad de las instituciones partidarias.

En los partidos se confunde militancia con trabajo, asistencia de secretaría con ayuda amistosa, asesoramiento profesional con cooperación de correligionarios, y pases en comisión de funcionarios públicos con "gauchadas" entre compañeros.

No hay partido que escape a esas confusiones. Hay dirigentes o candidatos que son más rigurosos que otros en el registro de donaciones, con recibos por aportes de empresas o personas, pero hasta ahora todo se reduce a una "declaración" de cada lema partidario sobre la "rendición de cuentas" de la campaña electoral.
Mucho queda afuera de eso. Tanto de la campaña central como de todo lo que se genera a nivel de sectores internos, y dado la característica de "coalición" o de "federación de grupos" o de "alianza de movimientos" que tiene cada partido político uruguayo, eso implica dejar afuera de la contabilidad a datos que son relevantes para considerar el dinero utilizado.
Funcionarios "en negro", personal con sueldo sub declarado, aportes por el costado, todo eso se termina justificando con "la locura" de la campaña, las giras por el interior, papeles que se pierden, y argumentos por el estilo.

En tiempos en que mucha gente mira de reojo la política, y que otros la desprecian, en momentos en que los uruguayos pierden valor a la democracia, la demora del sistema para abandonar esas prácticas y para asumir la responsabilidad de un régimen de contralor exigente, abona el terreno para el desprestigio.

El libro de la periodista María Urruzola sobre el extinto dirigente tupamaro Eleuterio Fernández, reabrió la polémica sobre denuncias de "financiamiento no tradicional" en el MLN-Tupamaros. Y la reacción de este grupo, que desde 2005 es el mayoritario dentro del partido de gobierno, fue responder con bromas irónicas (en redes sociales) o con insultos a la autora del libro.

Incluso el senador y ex presidente José Mujica, cayó en el agravio fácil de atacar a la periodista, a la que no pueden acusar de jugar para "el imperialismo gringo", porque su vida ha sido de militancia en la izquierda y que hasta hace poco tiempo ocupó altos cargos de confianza en gobierno nacional y departamental del Frente Amplio.

La investigación asoma en la Fiscalía y el Comité Ejecutivo del MLN-T tiene la oportunidad de responder. Hay que recordar que el MPP nació como otras alianzas de izquierda (caso el Frente Líber Seregni), pero el que ingresó formalmente al Frente Amplio en 1989 fue el MLN-Tupamaros, y ese el movimiento interno de la estructura frentista.
Pese a su incorporación a la vida democrática pública, aquellos exguerrilleros mantuvieron ciertas conductas de secretismo, sobre sus convenciones, sus autoridades y su funcionamiento, como si estuvieran forzados a una "doble vida", pública a través del MPP, pero reservada para su movimiento fundacional.
Mujica y los otros dirigentes de este grupo tienen derecho a enojarse y en primera instancia pueden retrucar con impulso caliente, pero la reacción esperada es la de la calma y de la respuesta convincente.

Al libro de Urruzola, el MLN-T debería responder con sus libros de contabilidad.
El 29 de diciembre, el Poder Legislativo terminó de aprobar la Ley N° 19.484, conocida como la "Ley de Transparencia Fiscal", que dispone que todas "las entidades financieras" deberán informar a la Dirección General Impositiva (DGI) sobre el dinero que manejan sus clientes, tanto el saldo a final de año como el promedio anual del dinero depositado o invertido.

También deberán reportar a la DGI los datos sobre ganancias o intereses generados en el año.Esto es un cambio histórico y rige desde este año.O sea que ahora la DGI sabrá a ciencia cierta cuánto dinero tiene cada uruguayo y cuánto ganó o perdió en el año. Seguramente habrá sorpresas: el gobierno podrá cruzar datos para pedir explicaciones a un contribuyente que paga impuestos por valores que no concuerdan con el dinero que maneja.

¿Los legisladores y sectores políticos que avalaron esta ley, cumplen con la transparencia contable y tributaria en sus movimientos de dinero?

Los legisladores del MLN-T, que votaron esto para todos los mortales, deberían actuar con la misma transparencia. Igual que deben hacerlo todos los partidos y sectores, que durante décadas han evadido aportes e impuestos, y han mantenido "registros contables" que dan vergüenza.

La caída del Cambio Nelson, enredado por maniobras financieras y favores políticos; el escándalo por manejo publicitario en ANCAP, y la acusación grave de asaltos a comercios para financiar un grupo político, pueden acelerar una ley de contabilidad y financiamiento para todos los lemas partidarios y todos los sectores políticos.


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