El lugar de la bronca

Las "Salas de la Ira" viven un esplendor en Estados Unidos; consisten en lo que usted se está imaginando: un espacio para romper cosas y descargarse
Por Claire Martin, The New York Times

Cuando era una adolescente en el South Side de Chicago a fines de los años 1990, Donna Alexander fantaseaba con establecer un espacio donde la gente estresada pudiera aliviar su tensión en una forma segura y no violenta; rompiendo maniquíes, televisores, muebles y otros objetos. Tenía confianza en su idea, pero no estaba segura de cómo convertirla en negocio.

Finalmente, en el otoño de 2008 y para entonces viviendo en Dallas, Alexander inició un experimento. Invitó a compañeros de trabajo actuales y anteriores a su cochera a pulverizar artículos que había recolectado de las aceras en su vecindario. "Reproducía música en mi laptop y simplemente les dejaba hacer", dice. Cobraba US$ 5. Pronto, se extendió la voz de las "sesiones de alivio de la tensión" en todo Dallas.

"Empecé a recibir extraños en mi puerta que preguntaban si mi casa era el lugar para romper cosas", dijo Alexander. "Cuando eso pasó, supe que tenía un negocio".

En los siguientes años, mientras buscaba un lugar adecuado para la empresa, Alexander generó una lista de espera de cuatro meses. En diciembre de 2011 renunció a su trabajo como gerente de marketing de un restaurante de cortes de carne para iniciar la Anger Room (Sala de la Ira) en un espacio de 93 metros cuadrados en el centro de Dallas.

La Anger Room cobra US$ 25 por cinco minutos de destrozar impresoras, relojes de alarma, vasos de cristal, floreros y demás. Los precios aumentan a unos US$ 500 por escenarios personalizados. El escenario más costoso hasta ahora ha sido una tienda minorista falsa, repleta con estantes de ropa.
Otras varias salas de ira han surgido en todo el mundo, incluso en Houston, Toronto, las Cataratas del Niágara y Australia.

Las sesiones en una sala de la ira están destinadas a ser terapéuticas. Pero profesionales de la salud mental cuestionan la eficacia de enfurecerse en un cubículo falso o arrojar vasos por el aire.
"Aunque es atractivo pensar que expresar enojo puede reducir el estrés, no hay mucha evidencia de eso", dijo George M. Slavich, sicólogo clínico y director del Laboratorio para la Evaluación e Investigación del Estrés en la Universidad de California en Los Ángeles. "Por el contrario, los tipos de respuestas psicológica e inmunológica que ocurren durante el enojo realmente pueden ser perjudiciales para la salud".

Slavich recomienda técnicas de reducción del estrés que pueden incorporarse a la vida diaria como la reducción del estrés basada en la atención consciente, la meditación y la terapia conductual cognitiva.
Sin embargo, los clientes de la Anger Room han pagado por reproducir una escena de la película Office Space, en la cual los personajes principales, un trío de programadores computacionales disgustados, golpean una impresora con un bate de beisbol. La empresa también puede personalizar la experiencia del lugar de trabajo, recreando la propia oficina de un cliente.

"Se coloca un escritorio con una computadora y un teléfono, una silla y un maniquí vestido con un traje de sastre, uniforme o cualquier cosa que se relacione con su situación de la vida real", dice Alexander.
Los clientes reciben equipo protector que incluye un casco, gafas, botas y guantes. Y pueden seleccionar una pista sonora –que incluye música clásica, rock o blues, grunge y heavy metal– y una serie de objetos con los cuales golpear.

La Anger Room acepta donaciones para sus salas de residentes y empresas en el área de Dallas. Sus cuatro empleados también salen en los días de recolección de objetos de desecho voluminosos en busca de artículos para destrozar. Los empleados crean las salas, llenándolas con los objetos rompibles, y realizan la limpieza tras la destrucción.

En la Rage Room de Toronto, 45 minutos de destrucción cuestan US$ 19.99, dice Steve Shew, su fundador. Y una actividad favorita para las parejas, según asegura, es que una persona arroje una taza al aire para que la otra la destroce."A la gente le encanta", dice Shew. "Supongo que por el trabajo en equipo".

Los costos iniciales para ese negocio son modestos, dice Shew. "Todo lo que uno hace es establecer la sala, reforzar las paredes, darles un bate y una palanca, conseguir algunos artículos para destrozar y simplemente entran ahí", dice. Sume a eso ofrecer equipo protector, obtener un seguro y encontrar un sitio adecuado para el negocio.

Shew admite que encontrar un espacio adecuado para una sala de la ira es un desafío. Los distritos minoristas no son adecuados para ello, dice. "Encontramos que la mayoría de la gente la pasa mejor en áreas de almacenes industriales".

Otro primer obstáculo tanto para la Anger Room como para la Rage Room fue obtener un seguro. Ya que es un concepto nuevo, Alexander dice que su aseguradora "literalmente tuvo que crear una categoría para mi negocio".

Rebote político


La elección presidencial estadounidense hizo aumentar la actividad en algunas salas de la ira. Votantes estresados viajaron desde Nueva York hasta Toronto antes y después de la elección, dijo Steve Shew, cofundador de la Rage Room ahí. Los clientes escribían el nombre del candidato que les frustraba en un plato y lo rompían. Y en la Anger Room en Dallas, los maniquíes de Donald Trump y Hillary Clinton estuvieron recibiendo palizas antes de la elección. Los clientes destruyeron dos maniquíes de Clinton que requirieron ser reemplazados. Pero Trump atrajo incluso más enojo. "Hemos pasado por al menos tres maniquíes que vestimos como Donald Trump", dice Alexander. Los clientes de las salas han incluido a ejecutivos de grandes corporaciones, entre ellas Hilton y Microsoft, dice Alexander. En el primer año, los ingresos fueron de US$ 170.000. Desde entonces, recibió unas 2.500 preguntas de otros emprendedores que quieren expandir la franquicia.