El miedo interior inspirado por una desolación edilicia

Oscar Estévez y Juacko Mauad presentaron su ópera prima, El sereno, en el Festival de Punta del Este
Invitado por Juacko Mauad, un exalumno devenido en colega dentro del sector audiovisual uruguayo, el realizador y guionista Óscar Estévez –quien escribió La casa muda– visitó un depósito colosal en vías de ser derrumbado ubicado en el barrio Cordón. "Qué salado ser el sereno acá", pensó. El recorrido de ese lugar, laberíntico, casi abandonado y ubicado por la inmediación de las calles Eduardo Víctor Haedo y Defensa, inspiró la historia que luego se convirtió en El sereno, la primera película dirigida por Estévez y Mauad en conjunto.

La ópera prima de ambos directores uruguayos sigue a un guardián, interpretado por el argentino Gastón Pauls, en sus rondas nocturnas por el depósito. La soledad, la oscuridad y la lucha del protagonista con su propio pasado personal se combinan en un relato que toma elementos del suspenso y lo paranormal para brindar una historia no convencional de la que es mejor adentrarse sin conocer detalles de la trama.

El filme participó la semana pasada en el Festival Internacional de Cine de Punta del Este, donde tuvo su primera exhibición antes de llegar a salas el 9 de marzo próximo. Estévez y Mauad conversaron con El Observador sobre el potencial creativo que puede tener una locación determinada y la decisión de encargarse de la dirección de El sereno a cuatro manos.

¿Cómo fue ese primer recorrido juntos por el depósito?

Juacko Mauad (JM): Había filmado cosas ahí. Sentía que ese lugar tenía que ser inmortalizado de alguna manera. En principio a Oscar lo llamé para que lo viera y me ayudara a escribir un cortometraje. Él apenas lo vio me dijo: "Acá hay que hacer una película". Ese lugar no iba a existir más, había algo ahí que tenía que contarse. La locación fue el puntapié inicial de todo.

¿Qué elementos sintieron que cada uno aportó en la dirección?

Oscar Estévez (OE): Juacko es muy detallista y minucioso. Con algunas cosas se vuelve obsesivo y eso es muy bueno.

JM: La paso mal (risas).

OE: Era buenísimo su aporte desde otro lugar. Tenía otra visión de las escenas distinta a la mía. Desde el momento en que dijimos "vamos a codirigir" traté de no pensar si uno tenía más experiencia que el otro. Me hizo ver cosas de mi trabajo en la dirección de actores que estaban buenas y en otras que dije "confiá en mí y listo". Encara mucho la parte técnica y le di confianza en eso. Ser meticuloso y obsesivo fue muy bueno para la película.

JM: Me sorprendió que él haya dicho que quería codirigir conmigo. Con la experiencia que tiene filmando perfectamente podía haberme dicho "yo no estoy en un momento de codirigir con vos". Cuando empezamos a armar la planificación de la película y pensamos cómo nos vamos a organizar él dijo: "A mí me gusta dirigir actores". La filmamos hace dos años, aprendí un montón y me sigo sintiendo inseguro con la dirección de actores. Hago actuación para dirigir mejor a actores y estoy más seguro que antes pero en ese momento era la manera. Él sabe cómo trabajarlo y cómo llevarlos a diferentes estados. Lo que podía yo aportar era una dirección más técnica, trabajando codo a codo con el director de fotografía (Diego Pavese).

En El sereno tomaron un camino menos obvio en el relato; la locación se prestaba tal vez para un policial o una película de suspenso. ¿Por qué llevarlo hacia un lugar más personal?

OE: Parecía que la película debía explotar el lugar para generar sustos, pero terminó siendo lo que teníamos ganas de contar sobre los demonios internos y esa búsqueda que uno hace para adentro cuando está solo. Cómo lo visitan sus recuerdos, vínculos y cosas no cerradas.

JM: Queríamos un perfil más humano. Si bien me gusta el suspenso, no soy amante del género de terror y fue una decisión clara de que esta película tenía que contar algo desde lo emocional.
También hay una experimentación desde el lenguaje visual.

JM: En esta película hicimos énfasis en la manera de contar. Hay un paralelismo entre la personalidad del personaje y el exterior. La locación refleja su interior y él tiene que hacer un viaje.

¿Qué sienten al estrenar su primera película?

JM: Algo completamente nuevo. En el momento de estrenar mi primer cortometraje sentía miedo porque era otra persona y esa era mi ambición más grande. Estaba igual de nervioso. No caigo en el momento que pasan las cosas hasta después. Todo es más grande. Es como jugar en primera.

¿En qué futuros proyectos se encuentran trabajando?

JM: Estamos trabajando por separado. Escribí dos guiones el año pasado. Hay uno con el que estoy hace más de un año que es una adaptación de un cuento de Mario Delgado Aparaín. Quedó seleccionado en un laboratorio de guión en Cinefilia (institución cinematográfica de Colombia) pero como es un proyecto bastante grande que me va a llevar dos o tres años filmarlo, ya empecé a concebir con un guionista una road movie que será mi próximo proyecto (como director).

OE: Acabo de terminar de escribir una película para España que se va a filmar este año. Es un thriller o película de terror, según las manos de los directores. También gané un fondo argentino por una película llamada El último sushi. Es una historia de amor y comedia sobre dos personas que se conocen en el lanzamiento de un libro: un periodista y alguien que se puede calificar como perejil. Es una película que quiero mucho.

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