El nuevo escenario de la izquierda chilena

La izquierda gobernante, más acostumbrada a las victorias que a las derrotas y considerada un modelo exitoso , vive horas difíciles
La ola de incendios en la zona centro y sur de Chile, en enero pasado, que provocó 11 muertos, decenas de miles de hectáreas de bosques carbonizados y cientos de personas evacuadas, bien podría ser una metáfora de la catástrofe interna de la gobernante Nueva Mayoría, la fuerza política de izquierda heredera de la exitosa Concertación, una coalición de partidos que derrotó al dictador Augusto Pinochet.

La coalición izquierdista, que gobernó de continuo en los 20 años posdictadura, y que hoy sigue en el Palacio de la Moneda, atraviesa sus horas más difíciles: baja popularidad de la presidenta Michelle Bachelet, denuncias de corrupción que salpican al gobierno, sorpresiva derrota de líderes históricos que aspiraban a ser candidatos presidenciales en las elecciones que se realizarán en ocho meses, el Partido Socialista, (uno de los partidos más emblemáticos de la izquierda latinoamericana) sin candidato propio, y peleas intestinas tan duras entre las fuerzas aliadas que hasta algunos dirigentes creen que el conglomerado Nueva Mayoría tiene las horas contadas.

En ese escenario inédito para una izquierda que ha conocido más las victorias que las derrotas desde la floreciente década de 1990 de la ex Concertación, emergen nuevos liderazgos políticos, aunque por ahora el más beneficiado es el principal contrincante, el exmandatario Sebastián Piñera, que lidera los estudios de intención de votos.

Una encuesta difundida el 27 de marzo sacudió el avispero político, sobre todo en Nueva Mayoría, el conglomerado de partidos que reúne a socialistas, demócrata cristianos y comunistas: ningún referente directo figuró en las preferencias electorales.

Piñera, un empresario exitoso de centroderecha, se ubicaba en el primer lugar de las preferencias electorales, con 25% de apoyo, seguido de lejos por el senador independiente de izquierda Alejandro Guillier (15%). El mismo sondeo reveló que el expresidente Ricardo Lagos, que luego renunció a su candidatura, apenas llegaba a 3%.

La baja del expresidente, considerado todo un símbolo de la lucha por la democracia chilena, siguió a la del exsecretario general de la OEA y excanciller, José María Insulza, que también desistió de postularse cuando apenas conseguía el 1%.

Esta semana, luego de la baja de Lagos, la misma firma encuestadora Cadem indicaba que Guillier (ver nota aparte) mejora dos puntos porcentuales. El 22% lo votaría como el próximo presidente de Chile, lo que supone un salto de siete puntos porcentuales, aunque Piñera sigue en la punta de los sondeos con una baja insignificante a 24%.

El futuro de Nueva Mayoría quedó en entredicho tras la decisión del Partido Socialista –uno de los más grandes de la coalición– de apoyar al ascendente Guillier en vez de uno de sus líderes históricos.

Sin Lagos en carrera, y con Guillier liderando los sondeos, se suma ahora la posibilidad de que el Partido Demócrata Cristiano presente la opción de la candidatura de su presidenta, la senadora Carolina Goic, que tampoco marca bien en los estudios de opinión pública, lo que sería un tiro de gracia para la debilitada coalición gobernante.

El terremoto político en el oficialismo ocurre bajo la persistente mala imagen de Bachelet, según recogen las encuestas. La presidenta en la segunda semana de abril apenas tenía un 24% de aprobación y la desaprobación trepaba a 65%, consigna el estudio de Cadem.
¿Por qué los electores castigan a la presidenta Bachelet y a la izquierda gobernante?

Las viejas fórmulas

"Hay un cansancio con las viejas fórmulas de la izquierda, que tuvo un momento estelar y de hegemonía indiscutible, pero que ha demostrado no tener la capacidad de resolver asuntos tan delicados como la reforma de la educación (en la que Bachelet se embarcó), del sistema de pensiones (modélico cuando se planteó en la década de 1980) y, asimismo, el débil crecimiento económico de los últimos años", explicó Juan David García, politólogo y analista político.

Y por eso "ahora hay una gran expectativa de que Piñera pueda aportar soluciones más interesantes a estos problemas, si bien será difícil", añadió este profesor universitario de Medellín.

Los primeros trazos del nuevo mapa electoral chileno, dijo, por su parte, el politólogo Pedro Piedrahita, se pueden explicar por un segundo gobierno de Bachelet que "se ha movido del centro político hacia la izquierda", que se reflejó, por ejemplo, en la implementación de reformas al sistema tributario muy resistidas por el sector empresarial, que junto a otras políticas han significado el "rompimiento del modelo pragmático" en la época de la Concertación.

La gestión de Bachelet, señaló ese profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, "generó niveles desbordados de polarización incluso superiores al período de la transición hacia la democracia", a lo que el analista suma "los problemas de crecimiento económico, conflictos de intereses de familiares de la presidenta e incluso el escándalo de Odebrech que también tocó al gobierno".

La Fiscalía de Chile comenzó a investigar si funcionarios chilenos se beneficiaron de la maquinaria corrupta de la empresa brasileña por la que se pagaron sobornos por casi US$ 788 millones mayoritariamente en 11 países de América Latina.

Piedrahita cree que "el descontento de los chilenos es multicausal" –incluye las denuncias de corrupción, la baja económica a punta de la caída del precio del cobre, los fracasos de las reformas (educación y sistema de pensiones)–, pero advierte "un asunto superior": la disconformidad con la política que está afectando en todo el mundo.

"La sociedad democrática ha empezado a cuestionar el papel de los políticos, del Estado, del capitalismo, e incluso de la democracia para resolver las necesidades en los servicios sociales" como salud, educación y seguridad.

"Esa ola de disconformidad", afirmó el cientista político, no solo es un fenómeno de Estados Unidos de Donald Trump y de algunos países europeos: también se manifiesta en América Latina.

Y esto empieza a reflejarse también en la realidad política chilena, en el liderazgo de Piñera en las encuestas que revelan la existencia de una "disconformidad estructural" y que empieza a ser visto como un empresario que "puede resolver de manera directa las exigencias constantes de la sociedad", más allá de que su caso es diferente al de los nuevos líderes que aparecen en el mundo, ya que tiene experiencia de gobierno y de alguna manera ya es parte del esablishment político.

En cambio, para García, las razones están por otro lado: cree que el programa de gobierno de Bachelet "dio cuenta de la crisis de creatividad que afecta actualmente" a varios países de América latina "en donde la fórmula intervencionista se ensaya una y otra vez, a pesar de sus fracasos".

Pero la crisis de Nueva Mayoría, según este politólogo, "no es una razón suficiente para explicar el problema que enfrenta hoy Chile".

"Si observamos a los diferentes gobiernos de izquierda de los últimos años, no solo en América Latina, sino también en países como España, vamos a encontrar que a todos ellos es común el pésimo desempeño económico, por la desconfianza que muestran hacia la economía de mercado y la baja estima que ponen a las libertades individuales y la necesidad de controles efectivos al poder político".

Dijo que en todos ellos se registra una "expansión espectacular del gobierno, confiando en que tiene la solución a todos los problemas, y luego, cuando terminan, sus sucesores se encuentran con una inflación alta, crecimiento débil, mayor desempleo, derroche estatal y una serie de asuntos que toma muchos años resolver".

Es por eso que en el caso de la situación política de Chile, "es más acertado decir que el problema es de toda la izquierda gobernante".

Aún falta recorrer un largo trecho para poder afirmar que Piñera ganará la elección. Pero en lo que no parece haber duda es que en Chile se está cerrando un ciclo político y que se abre otro, hijo del malestar ciudadano con la política, de electores muy preocupados por la desigualdad, con renovadas demandas sociales y que reclaman un cambio.


¿Un candidato populista?

Alejandro Guillier, un senador independiente de 64 años, que llegó a la política hace solo cuatro por su popularidad como periodista de televisión, se convirtió en la sorpresa electoral en Chile y se perfila como la mejor carta de la centroizquierda para enfrentar al expresidente de centroderecha Sebastián Piñera, líder en los sondeos.

El domingo 10, el Comité Central del Partido Socialista decidió por una holgada mayoría apoyar la candidatura del conocido periodista y descartar la postulación del expresidente Ricardo Lagos, lo que provocó un terremoto político en la coalición gobernante Nueva Mayoría.

El mejor posicionamiento en las encuestas fue el argumento esgrimido por quienes apoyaron la candidatura de Guillier, que ahora cuenta con el respaldo de socialistas y del Partido Radical. Guillier, que lanzó su campaña el miércoles 12, hizo un llamado a realizar primarias en la coalición oficialista para definir al candidato único, consciente de que una fractura de la izquierda perjudica su candidatura.

Antes de emprender su rápida carrera política, Guillier tuvo una destacada trayectoria como periodista, especialmente desde la década de 1990, cuando comenzó a trabajar en televisión y se convirtió en una estrella de noticieros y programas periodísticos de los canales chilenos. Llegó a trabajar en el canal privado Chilevisión, en la época en que pertenecía a una empresa propiedad de Piñera, su principal competidor político en las elecciones de noviembre próximo.

En filas de la izquierda chilena hay quienes lo critican por un discurso ambiguo que adecúa según el público. También hay quienes lo consideran un político populista.



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