El nuevo libro de Harry Potter es una experiencia agridulce

El legado maldito es una excelente historia a la altura de las novelas, pero limitada por tratarse de un guión teatral
Volvió Harry Potter, y eso es motivo de celebración para cualquier fanático de la saga. La cuestión es que el regreso se produce en el formato de una obra de teatro y salvo que uno tenga acceso a las codiciadas entradas (agotadas hasta octubre de 2017), el único consuelo es leer el guión de Harry Potter y el legado maldito, publicado el pasado 31 de julio en inglés. Por más que no se trate de una novela – y esto se nota–, permite conocer una nueva etapa de la historia de Harry, a la vez que presenta a su hijo Albus como un potencial continuador de la franquicia.

La obra comienza en el mismo momento en el que terminó la séptima parte de la saga. Harry, su esposa Ginny y sus amigos Ron y Hermione acompañan a sus hijos a tomar el tren que los llevará al colegio Hogwarts. Es el primer día de Albus y Rose, la hija mayor de Ron y Hermione, quienes durante el viaje entran en contacto con Scorpius Malfoy, hijo de Draco, el odioso estudiante que tantos dolores de cabeza ocasionó al trío protagónico en sus años escolares.

Albus y Scorpius pronto se hacen amigos, principalmente por el hecho de que ambos no se llevan demasiado bien con sus padres. Luego de repasar sus primeros tres años en el colegio de forma veloz, comienza la historia real.

La dupla, convencida por la misteriosa Delphi Diggory (prima de Cedric Diggory, la primera víctima de Voldemort luego de su regreso) robará un giratiempo –una máquina del tiempo mágica portátil – para salvar a Cedric, pero acabarán ocasionando varias líneas de tiempo paralelas a causa de los eventos y muertes desencadenadas por su intervención, incluyendo una en la que Harry ha muerto en su pelea con el Señor Oscuro, que domina el mundo mágico con un puño de hierro, y en la que, por lo tanto, Albus no existe.

Esta trama símil Volver al futuro altera las reglas de viaje en el tiempo establecidas por Rowling en Harry Potter y el prisionero de Azkabán, aunque esto solo importará a los fanáticos más acérrimos. Hay otro elemento de la obra relacionado a la paternidad de un personaje (que no se revelará aquí por ser demasiado sorpresivo), que si puede ocasionar una molestia mayor o una sensación de truco barato, en lo que es uno de los puntos más flojos de El legado maldito.

De todos modos, las líneas de tiempo alternativas y los viajes al pasado permiten el regreso de personajes como el profesor Snape, la odiable Dolores Umbridge y el cada vez más falible Dumbledore, que entre el séptimo libro y esta obra pierde la mayor parte de su aura de anciano sabio.

Si bien la obra se centra en la nueva generación de magos, y da una sensación de "paso de testigo", lleva el nombre de Harry en el título porque su figura también es protagónica. Sus dilemas como padre, la complicada relación con su hijo, las responsabilidades y el miedo al error lo dominan y presentan una faceta atípica pero interesante de un personaje que hasta ahora fue un adolescente perpetuo.

Y por más que el texto presenta excelentes diálogos, la posibilidad de ver el presente de los personajes que se conocieron años atrás, y las conexiones con la trama de El cáliz de fuego, el cuarto libro de Harry Potter, no deja de ser un texto teatral, y la presencia de frases como "Harry y Hermione hablan desde fuera del escenario" o los paréntesis con las inflexiones que deben aportar los actores cortan la magia. Una eventual versión novelada o una película sobre esta historia lograrían remediarlo.

Además, deja la necesidad de ver la obra y la extraña sensación de estar solo ante una recolección de diálogos y lugares pintados en dos frases, sin las poderosas descripciones de la escritora inglesa al momento de presentar escenarios o rasgos físicos, que eran uno de los elementos más potentes de los textos de Rowling.

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