El papa apuntó a la pobreza como caldo de cultivo del narcotráfico

Francisco finalizó ayer su gira de cinco días por México con la visita a Ciudad Juárez
El papa Francisco aseguró ayer que "la pobreza es el caldo de cultivo para el narcotráfico" por lo que instó a colaborar para encontrar soluciones, en un encuentro con empresarios y trabajadores en Ciudad Juárez, en la última jornada de su viaje a México. A su vez, el pontífice cuestionó que la cárcel pueda resolver los problemas de la seguridad, al visitar una prisión en esta ciudad, última etapa de su visita a México que cerró con una misa al borde de la frontera con Estados Unidos.

En el colegio de bachilleres del Estado de Chihuahua, Francisco abogó por el diálogo entre todas las organizaciones del trabajo, porque: "no podemos darnos el lujo de cortar toda instancia de encuentro, de debate, de confrontación, de búsqueda".

"Hoy están aquí diversas organizaciones de trabajadores y representantes de cámaras y gremios empresariales. A primera vista podrían considerarse como antagonistas, pero los une una misma responsabilidad: buscar generar espacios de trabajo digno (...) especialmente para los jóvenes de esta tierra", dijo el pontífice argentino.

Y es que Francisco señaló que "uno de los flagelos más grandes" a los que se ven expuestos los jóvenes es la falta de oportunidades de estudio y de trabajo, "lo que genera en muchos casos situaciones de pobreza".

Esta pobreza, señalo, "es el mejor caldo de cultivo para que caigan en el círculo del narcotráfico y de la violencia".

Francisco criticó entonces la actual mentalidad de la "utilidad económica como principio de las relaciones personales" y que propugna la mayor cantidad de ganancias posibles, a cualquier tipo de costo y de manera inmediata".

Para Francisco, la mejor inversión "es crear oportunidades".

Citando su encíclica sobre la defensa del medioambiente, Laudato si, Francisco clamó contra esa mentalidad que pone a las personas "al servicio del flujo de capitales provocando en muchos casos la explotación de los empleados como si fueran objetos a usar y tirar".

"Dios pedirá cuenta a los esclavistas de nuestros días, y nosotros hemos de hacer todo lo posible para que estas situaciones no se produzcan más", exclamó.

Explicó que estas posiciones de la Iglesia son no pocas veces criticadas por quienes piensan: "Estos pretenden que seamos organizaciones de beneficencia o que transformemos nuestras empresas en instituciones de filantropía".

Y aseguró que la única pretensión que tienen "es velar por la integridad de las personas y de las estructuras sociales".

En la cárcel

"A veces pareciera que las cárceles se proponen incapacitar a las personas a seguir cometiendo delitos más que promover los procesos de rehabilitación", manifestó el pontífice –antes del encuentro con empresarios y trabajadores– en el Centro de Readaptación Social 3 de esta ciudad fronteriza con Estados Unidos, considerada en el pasado como una de las más peligrosas del mundo.

"El problema de la seguridad no se agota solamente encarcelando", acotó.

El pontífice dijo a los presos que "quien experimentó el infierno puede volverse un profeta en la sociedad. Trabajen para que esta sociedad no siga cobrándose víctimas".

El encuentro tuvo especial significación en México porque, un día antes de la llegada del papa, 49 presos murieron en un motín en un penal Monterrey.

"Esta experiencia es una pausa en nuestras vidas", dijo al papa la interna Evelia Quintana, vestida con el uniforme gris de los presos. "Trabajamos para que nuestros hijos e hijas no repitan esta historia", agregó esta madre de una adolescente.

Respeto a los migrantes

La mayoría de los migrantes que atraviesan el río Bravo son centroamericanos que huyen de la violencia y la pobreza de sus países y se juegan la vida al atravesar México, donde enfrentan extorsiones, secuestros e incluso son asesinados por el crimen organizado. Ciudad Juárez está en el paso de esos migrantes.

Después de lanzar mensajes duros contra el narcotráfico y la corrupción en su gira por México, el papa enfocó en la dramática situación de los migrantes en la misa, que fue retransmitida por pantalla gigante al otro lado de la frontera en un estadio de El Paso, Texas.

Cerca de donde tuvo lugar el oficio religioso está el sencillo comedor comunitario "El Pescador", sitio de paso para muchos migrantes como Isaías Franco, un salvadoreño de 47 años.

"Nosotros no vamos a hacer daño a nadie, solo salimos de nuestros países a buscar un futuro mejor. Solo pedimos respeto", expresó este hombre que llegó a vivir siete años en Oklahoma antes de ser deportado en 2011.

En los últimos meses, se ha registrado una ola de deportaciones en México, que se suma a las que realiza Estados Unidos, que las ha intensificado recientemente.

En Estados Unidos, posiciones en contra de la inmigración como las del aspirante presidencial republicano Donald Trump tienen cada vez más altavoces: el magnate lamentó el martes que Francisco sea una personalidad "muy política" que no entiende "el peligro de tener una frontera abierta como la que hoy tenemos con México".

Los años violentos

La migración es solo uno de los problemas que experimenta Juárez por su condición fronteriza.

Enclavada en el desierto de Chihuahua, esta ciudad vivió los peores años de la guerra contra el narco entre 2008 y 2011, en medio de las batallas entre el cártel de Juárez y el de Sinaloa, de Joaquín "El Chapo" Guzmán.

Decenas de chicas jóvenes desaparecieron esos años y sus familiares siguen buscándolas o exigiendo justicia por las que aparecieron en pedazos en el desierto, volviendo la memoria a la época negra de los feminicidios en los años 1990.

Fuente: Agencias

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