¿El papa es el líder de la oposición a Macri?

Un hecho histórico como la llegada de un argentino a conducir el Vaticano, y la idiosincracia de ese país
*Por Alberto Valdez, periodista de FM Milenium 106.7 y columnista de Infobae

La idiosincrasia argentina tiene una gran debilidad por la polémica y la discusión permanente, cuestión que se ha acentuado gravemente en los últimos años con el ascenso del kirchnerismo al poder. Por eso, un hecho histórico y sin precedentes como la llegada de un argentino a conducir el Vaticano tampoco se puede vivir con normalidad.

Tan paradójico ha sido que los argentinos logramos diferenciar a dos personas que en verdad son la misma. Una cosa es Jorge Bergoglio, el arzobispo de Buenos Aires que fue perseguido por los kirchneristas y arropado por gran parte del arco opositor de ese entonces, y otra muy distinta es Francisco, quien logró en muy poco tiempo ser indultado por los seguidores de la expresidenta y paulatinamente se fue ganando la enemistad de quienes no simpatizan con los K.

Esta fenomenal metamorfosis tiene varios orígenes y explicaciones. Quizá la más contundente tenga que ver con la errónea apreciación de los Kirchner al dejarse influir por el periodista kirchnerista Horacio Verbitsky sobre la tesis de un Bergoglio de derecha y colaboracionista con el último gobierno militar. Si bien puede sonar a un análisis contrafáctico, sobran argumentos para sostener que, si el matrimonio presidencial no iba a la guerra con el actual Sumo Pontífice, el kirchnerismo hubiera encontrado en Bergoglio a un aliado estratégico.

Néstor y Cristina, por su desconocimiento del mundo eclesiástico, nunca entendieron que tenían muchas coincidencias ideológicas con el cardenal primado. No se trata de simplificar la cuestión definiendo al papa como un simpatizante del modelo K, pero no cabe ninguna duda de que siempre tuvo debilidad por el populismo latinoamericano tan cercano a los obispos de la región que en su formación abrazaron la teoría tercermundista.

Esta regresión vuelve a percibirse con nitidez en América Latina en la última década con la irrupción de líderes populistas embanderados en su rechazo al capitalismo y utilizando el resentimiento social como forma de acumulación de poder. Probablemente el enfoque excesivamente benévolo con regímenes autoritarios (Cuba, Venezuela), que dicen defender a "los que menos tienen", del papa Francisco sea la mejor explicación de sus simpatías por el populismo.

El pontífice argentino, por su formación jesuita y peronista, representa cabalmente esa tendencia a condenar al capitalismo y a regímenes donde se consagra la libertad como derecho indiscutible, antes de criticar gobiernos autoritarios como el de los hermanos Castro o el chavismo hoy representado en Nicolás Maduro. Más allá de su manejo político desde que desembarcó en el Vaticano, conviene recordar que Bergoglio fue el principal redactor del documento de la Conferencia Episcopal Latinoamericana y del Caribe (Celam) de 2007 en la ciudad brasileña de Aparecida.

Las posturas políticas que se reflejan ahí anticipan fehacientemente la mirada del actual papa y de la mayoría de los obispos de la región. "La actual concentración de renta y riqueza se da principalmente por los mecanismos del sistema financiero, que busca el lucro inmediato en los negocios con títulos públicos, monedas y derivados", define con desprecio al capitalismo.

También Bergoglio destaca en 2007 un reconocimiento a la llegada de gobiernos populistas en América Latina: "Después de una época de debilitamiento de los Estados por la aplicación de ajustes estructurales en la economía, recomendados por organismos financieros internacionales, se aprecia actualmente un esfuerzo de los Estados por definir y aplicar políticas públicas en los campos de la salud, educación, seguridad alimentaria, previsión social, acceso a la tierra y a la vivienda, promoción eficaz de la economía para la creación de empleos y leyes que favorecen las organizaciones solidarias".

Evidentemente, la doctrina social de la Iglesia avalada con gran convicción por Francisco se acerca mucho más a los sistemas populistas latinoamericanos que a regímenes con perfiles más republicanos consustanciados con la tradición del liberalismo político. En el documento de Aparecida lo plantea así: "También se verifica una tendencia hacia la afirmación exasperada de derechos individuales y subjetivos. Esta búsqueda es pragmática e inmediatista, sin preocupación por criterios éticos".

Esa apología a la limitación del ejercicio de los derechos individuales explica por qué no se alarma ni condena las aberraciones del chavismo. Quizá esto también explique por qué el papa apostó a que Daniel Scioli fuera el sucesor de Cristina: su espíritu conservador lo llevó a respaldar la continuidad del peronismo luego de años de fracasos. Terminó siendo un defensor de un statu quo que garantiza la gobernabilidad pero no el progreso ciudadano y la calidad institucional.

Por eso su relación con Mauricio Macri desde el triunfo electoral de Cambiemos va de mal en peor. Percibe a la nueva administración, al igual que los K, como una reinstauración del "neoliberalismo insensible" y se mueve como un opositor que intenta conducir la reorganización del Partido Justicialista y del mundo sindical peronista. No le gusta el nuevo gobierno por razones ideológicas y culturales. Y además, él que hace un culto anacrónico de la pobreza como virtud, tampoco le agrada tener un presidente millonario. Por eso para muchos es el verdadero jefe de la oposición.

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