"El paso de las horas puede generar alteraciones irreversibles"

El exrecluso de Guantánamo sigue adelante con la huelga de hambre

El sirio Jihad Diyab, exrecluso de Guantánamo que llegó a Uruguay a fines de 2014 y que hace un mes inició una huelga de hambre para reclamar que el gobierno le asegure que podrá salir del país para reencontrarse con su familia, "está consciente pero en una situación muy pero muy débil", dijo este lunes su médico Fidel Lagos, al programa Esta Boca es Mía de Canal 12.

"La situación es muy delicada. Su nivel de vulnerabilidad es muy grande", indicó el profesional, que tomó contacto con Diyab y los otros cinco exreclusos que fueron recibidos en Uruguay en calidad refugiados casi al final de la administración de José Mujica (2010-2015).

Consultado por El Observador, Lagos dijo que Diyab "tiene un deterioro físico muy grande". "Actualmente si se agarra una gripe lo más probable es que se genere una situación muy grave", señaló el médico.

"El paso de las horas y los días puede generar alteraciones que pueden llegar a ser irreversibles, como por ejemplo un fallo renal", agregó el profesional e indicó que Diyab "tiene dolores muy intensos" producto de la falta de alimentos y líquidos.

El sábado, el sirio fue trasladado al Hospital de Cínicas donde horas después fue dado de alta "contra voluntad médica", según dijo la directora del centro asistencial universitario, Raquel Ballesté.

"El personal que lo atendió habló con él durante tres horas intentando de que accediera a recibir asistencia y se realizara ciertos estudios pero fue imposible. También hablaron algunos amigos pero no hubo forma, fue imposible. Nosotros consideramos que se debía quedar internado pero hay que respetar su autonomía y sus derechos", explicó Ballesté el sábado a El Observador.

Lagos, por su parte, señaló que Diyab decidió no atenderse porque una vez que llegó al Hospital de Clínicas se le indicó que podría recibir la visita de cinco personas siendo que el día anterior una de las cosas que él había puesto como condición fue que no hubiera limitación en la cantidad de personas que quisieran verlo y tener acceso a la red WI-FI. "Aceptó atenderse para hacer un monitoreo, no para romper la huelga de hambre. Y eso hubiera pasado si a las personas más cercanas se nos hubiese permitido estar con él. La realidad es que le mintieron", concluyó el médico.


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