El PIT-CNT y los cuatro unicornios

La lucha de clases solo existe en la cabeza de algunos dirigentes sindicales que siguen abrevando en ideas del siglo XIX
El jueves 15, mientras en Uruguay el PIT-CNT realizaba un nuevo paro general parcial (que no será el último seguramente), con encendidos e incendiarios discursos de sus dirigentes llamando "al proletariado" a la "lucha de clases", en Argentina se cerraba el Foro de Inversiones y Negocios con un panel muy especial. En el panel, llamado Llevando la innovación argentina al mundo, cuatro jóvenes empresarios argentinos, fundadores de empresas que hoy tienen una cotización bursátil superior a los US$ 1.000 millones, contaron sus experiencias de iniciar y liderar estos emprendimientos innovadores. Son empresas tan especiales por su origen y tan raras por su éxito que se las conoce como los "cuatro unicornios", en referencia a esos animales mitológicos representados habitualmente como un caballo con un cuerno en la frente.

Son empresas raras porque han innovado, porque han sido rupturistas en sus respectivos mercados y porque son las que liderarán la generación de empleo en los próximos años. Se trata de Mercado Libre (su CEO es Marcos Galperín, trabaja en comercio electrónico y ya tiene más valor bursátil que YPF); Despegar (su CEO es Roberto Souviron, trabaja en la industria turística y factura US$ 4.000 millones); OLX (su fundador y CEO es Alec Oxenford y es una eficiente plataforma de clasificados gratuitos con 200 millones de usuarios), y Globant (fundada por Martín Migoya, se dedica al desarrollo de software, tiene un valor bursátil que alcanzaba los US$ 1.440 millones y emplea a 4.300 personas).

Son empresas que se han expandido regional o globalmente, que han innovado, que no han buscado el apoyo estatal mediante aranceles y protecciones sino que han competido en un mundo sin fronteras. Sus fundadores han sido pioneros, han tenido que empezar de cero, buscar talento y gestionarlo, buscar financiamiento. En definitiva, han trabajado duro para hacer realidad su idea y su visión. Han triunfado y han fracasado, y han vuelto a empezar. Y su éxito vino de la satisfacción de sus clientes y no de regulaciones gubernamentales. Nada más lejano de una supuesta lucha de clases.

En esta margen del Plata, en cambio, el PIT-CNT realizaba un paro general parcial (estaba muy fresco el paro general de agosto) por una serie de postulados que, con pequeñas variaciones, se repiten una y otra vez: mayor presupuesto para la enseñanza (aunque luego se despilfarre todo lo que se otorga), profundización del sistema integrado de salud (otra fuente de despilfarro), rechazo de las AFAP, solidaridad con la Venezuela represora de Maduro y críticas al "golpe de estado" de Temer.

Pero sobrevolando estos postulados estaba la reivindicación de la lucha de clases. José Bermúdez, dirigente de la Federación Uruguaya de la Salud (FUS), llamó a "no hacerle mimos a los patrones" porque estos "nos van a cagar siempre". Buena manera de entender la negociación y el entramado de las relaciones laborales en un mundo moderno, donde comienza a primar la sociedad del conocimiento, a la cual todos pueden acceder con buena educación y con la difusión digital de la información.

Pero Bermúdez parece entender las cosas de modo muy distinto a lo que son. "En los Consejos de Salarios se expresa la lucha de clases pura y dura". Allí están, parece, patronos y trabajadores, explotadores y explotados. Allí no hay clase media, como decía, en una entrevista concedida a este diario la semana pasada, la ministra de Desarrollo Social, Marina Arismendi, en una impecable definición de corte marxista.

Pero claro que hay clase media y claro que engloba a más de 80% de la población, mal que le pese a la ministra Arismendi y al dirigente Bermúdez que, supongo, habrá tenido el aval del PIT-CNT en su proclama. Y claro que no hay empresarios que se despiertan todos los días pensando cómo jorobar a sus trabajadores. Para empezar, no los hubieran ni contratado y hubieran colocado sus capitales en inversiones financieras en el exterior.

La lucha de clases solo existe en la cabeza de algunos dirigentes sindicales que siguen abrevando en ideas del siglo XIX. Hay sí, negociaciones laborales –que hoy no respetan los estándares de la OIT y por los que Uruguay podría ir a una lista negra en materia laboral–, pero que al menos permiten que empresarios y trabajadores se vean las caras y dialoguen en forma madura (y no hagan "lucha pura y dura").

Ojalá hubiera más unicornios como los argentinos que generan trabajo y oportunidades de crecimiento y menos discursos incendiarios donde todo son agravios hacia "el enemigo". Son los unicornios y también son las pymes las que generan trabajo y riqueza. Los discursos incendiarios solo generan odio.

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