El plebiscito implícito de las elecciones estadounidenses

El cambio climático y la llamativa agenda que ha tenido en la campaña electoral
Las elecciones en EEUU inevitablemente tendrán al mundo en vilo como todas las veces. A pesar del ascenso de China y de que su influencia sea menor a la de los años posteriores a la caída de la Unión Soviética, un presidente de EEUU tiene influencia global.

Y en tiempos en los que el cambio climático parece agudizarse, por lo menos a juzgar por las temperaturas y la frecuencia de fenómenos extremos que se han dado este año, no deja de ser llamativa la agenda que ha tenido en la campaña electoral del principal país del mundo por tamaño económico y por emisión de gases de efecto invernadero. En los debates no ocupó ni cinco minutos.

En el tema nadie tenía nada para ganar. No tenía para ganar la candidata demócrata, cuyas alusiones al tema podrían llevar a pensar a los electores que controlar las emisiones significará más impuestos, menos crecimiento y más desempleo. Ni el republicano, que quiere simplemente tirar por la borda todas las regulaciones y que pase lo que pase.

Ese es uno de los aspectos ocultos pero fundamentales de esta elección. La postura de Trump es de un radicalismo rimbombante que parece darle frutos electorales: ha planteado que el calentamiento global es un cuento chino y que abandonará los tratados que se han firmado. Y lo ha dicho no solamente metafóricamente. En la visión de Trump esos acuerdos son una especie de conspiración para frenar a EEUU y usado por los demás países para sostener crecimientos mayores.

La postura de Trump ha alarmado a China, que viene haciendo esfuerzos consistentes para bajar sus emisiones. A tal punto que los chinos, que jamás opinan de elecciones ajenas, en este caso no la dejaron pasar.

Este martes el principal negociador chino de los acuerdos históricos firmados este año en París afirmó que "un líder sabio debería hacer políticas que estuvieran alineadas a las tendencias globales. El mundo se está moviendo hacia una situación balanceada entre el crecimiento económico y la protección del ambiente. Si se va en contra de esta tendencia se pierde el apoyo de la gente y finalmente el progreso económico y social también se ve afectado", dijo Xie Zhenhua.

Si EEUU se retirara de los acuerdos firmados seguramente sería algo catastrófico. Una apuesta al beneficio de corto plazo que pagarán las generaciones que vengan detrás.
Sería además ir a contrapelo de la historia. En el mundo la alarma y respuesta ante el cambio climático parecen no tener marcha atrás y finalmente los mercados de bonos de carbono parecen en camino a despegar.

China lanzará un esquema de gran escala en 2017. El que contamina paga, el que soluciona cobra. El mercado chino será el más grande del mundo y es parte de una ofensiva que está dando ya resultados. El país ya viene bajando las emisiones a una velocidad mayor de la que se comprometió internacionalmente en el marco de los acuerdos de París.

Mientras los estadounidenses estén votando, estará empezando en Marrakesh la reunión decisiva para implementar los acuerdos que permitan articular el crecimiento económico con la estabilización del clima. Algo perfectamente plausible si pensamos en la pujanza de los sectores de energías renovables tanto en EEUU como en Uruguay y en todo el mundo. Pero si gana Trump y decide patear el tablero de los acuerdos, la incertidumbre sobre el futuro climático del planeta quedará instalada. Y eso nos afecta a todos.

De acuerdo con Naciones Unidas, las emisiones de gases invernadero deben hacer un máximo en 2020 y reducirse en 25% para 2030. En buena medida que esas metas puedan cumplirse depende del resultado de las elecciones estadounidenses, que son un plebiscito entre dos posiciones opuestas, que no han sido parte de los debates y en las que se juega el clima del planeta en lo que queda de este siglo.

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