El político que no es antieuropeo pero que odia a la UE

Nigel Farage es el líder del partido UKIP y, junto a Boris Johnson, es el principal vencedor en el Reino Unido
Tras la victoria del brexit en el referéndum del Reino Unido el pasado jueves, una de las estrellas de la bandera de la Unión Europea cayó. Sin embargo, el firmamento político inglés consolidó un nuevo integrante de peso, que ganó notoriedad en 2004 pero que recién ahora anotó su victoria más importante: Nigel Farage, líder del partido euroescéptico UKIP (Partido de la Independencia del Reino Unido). Este político de 52 años siempre soñó con un "terremoto político" que moviera los cimientos del Reino Unido y ahora, con esta victoria, ese terremoto lo deja como el gran ganador de la contienda británica junto con el ex alcalde de Londres, Boris Johnson.

A Farage lo llaman radical y antieuropeo, pero él mismo se desmarca de estas etiquetas con comentarios mordaces e irónicos, que no hacen más que alimentar su figura de político polémico y de retórica incendiaria.

"¿Antieuropeo yo? Es ridículo decir eso. Me gusta Europa, es un gran lugar. Estoy casado con una europea, trabajé para empresas europeas y me gusta la cultura europea", dijo en 2015, aunque luego lo aclaró: "Pero odio la bandera. Odio el himno. Y odio las instituciones" europeas.

Como prueba del rechazo a ese mote de radical que arrastra su partido, Farage muestra su desacuerdo con las propuestas de acercamiento del Frente Nacional francés y su líder, Marine Le Pen, con quien dijo tener similitudes pero no ser de "la misma familia".

"¿Antieuropeo yo? Es ridículo decir eso. Me gusta Europa, es un gran lugar. (...) Pero odio la bandera. Odio el himno. Y odio las instituciones" europeas, dijo Farage en 2015.

A pesar de que actualmente comparte el protagonismo con Johnson, Farage es quien hizo el trabajo sucio para que el brexit resultara victorioso. Con sólo un diputado en el Parlamento, logró centrar el debate en la inmigración y en la cantidad de dinero gastada por el Reino Unido como membresía para pertenecer a la UE. Y exactamente eso es lo quería su electorado, con varios ejemplos que lo demuestran además de la victoria en las urnas el pasado jueves.

Por ejemplo, una polémica publicidad que mostraba una hilera de refugiados amenazando hipotéticamente al Reino Unido, que había sido revelado el mismo día en que fue asesinada la diputada laborista Jo Cox por un simpatizante de ultraderecha, no le hizo perder apoyos.

Tampoco contribuyó a minar su popularidad el ser vilipendiado por los partidos tradicionales. Esto, por el contrario, terminó por aumentar la simpatía de la población de la Inglaterra profunda. Londres, por su parte, se le resiste por ser "demasiado culta, educada y joven", según declaró un portavoz de su partido.

Cuando habla de quienes lo insultan, Farage alude a los partidos del establishment británico: los conservadores de David Cameron, y la oposición laborista. La línea que trazó entre ese "establishment", a favor de la UE, y el pueblo, los anti UE, ayudó a llevar la campaña a su terreno.

Farage niega ser racista o tener nada contra los inmigrantes, pero ya ha metido la pata en varias ocasiones. Por ejemplo, dijo que se sentiría "incómodo" si una familia rumana se instalara en su vecindario. Cuando un locutor radial le preguntó qué diferencia había entre los rumanos y su mujer, que es alemana, respondió: "Ya sabes cuál es la diferencia". Es por eso que la xenofobia imperante en gran parte del Reino Unido pudo ver en Farage y en el brexit una respuesta a sus deseos de un control más férreo sobre sus fronteras, algo que sin embargo es más complicado de lo que se ve a simple vista.

Farage es muy resistido en varias de las esferas políticas más importantes del Reino Unido, pero hoy eso no es una complicación mayor: el brexit es una realidad y pese a que el proceso para salir de la UE es largo y tortuoso, el polémico político recién ha comenzado a disfrutar de su éxito.

Fuente: Agencias

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