El presidente que se ocupaba de todo

Estaba siempre pendiente de todos los detalles

Hola, ¿señorita Marcela? Habla el presidente". La frase me dejó en blanco por unos segundos. Era un día de fines de octubre de 2004 y yo tenía 20 años. Ese fin de semana se realizaban las elecciones presidenciales en Uruguay, Jorge Batlle estaba terminando su mandato y yo cursaba el tercer año de la Licenciatura en Comunicación de la Universidad de Montevideo.

Todo arrancó unas semanas antes cuando se preparaba una cobertura real del día de la votación en la facultad. Sería como en un canal de verdad. Móviles siguiendo a los candidatos, entrevistas, analistas y la transmisión de una noche electoral que conduciríamos con Ignacio Chans –actual editor de Referí de El Observador– que por ese año estaba terminando su carrera.

El entusiasmo de 'salir a la cancha' se palpitó durante días y lo tomamos muy en serio. A mí me tocó seguir a Batlle, pero en tiempos donde Twitter y Facebook no eran ni siquiera una idea, encontrar el dato de dónde votaba el presidente se me hizo difícil.

Faltaban dos días y no lo tenía, hasta que mi madre –una mujer práctica y perseverante– me dijo que llamara a la residencia presidencial de Suárez y Reyes y preguntara allí. Descreída, le contesté que seguramente tendrían cosas más importantes que hacer que atender a una estudiante de Comunicación.

Error. Mi madre hizo oídos sordos y llamó a Suárez. Logró hablar con la secretaria de Batlle a la que le explicó la situación. Ella se comprometió a conseguir el dato y devolver la llamada.

Y así lo hizo. Atendí el teléfono y la voz de una mujer me pidió que esperara, que me iban a hablar y allí me pasó con Batlle, que me preguntó en qué año de la carrera estaba y qué íbamos a hacer durante la cobertura.

No recuerdo mis respuestas, pero sí las explicaciones de él. Me dijo que votaría en el club San Martín y que llegaría a la hora 8.00 "en punto" y aclaró que estaría en el circuito pocos minutos.

"¿Usted desde dónde va salir? ¿Va a ir en ómnibus o en coche?", me preguntó y a continuación me explicó cómo llegar al lugar y las líneas de ómnibus que me servían.

El día de la votación llegué al club San Martín a las 7:30 con mi padre, que ese día ofició de chofer. Batlle llegó a las ocho en punto como prometió.

Se fue luego de votar, en medio de un lío tremendo que se armó en las escaleras del club entre el notero del programa Caiga Quien Caiga (CQC) y la guardia del presidente.

Ocho años después, ya como periodista, lo entrevisté para el especial que preparaba El Observador por los 10 años de la crisis. No recodaba su llamada y tampoco entendía mi sorpresa por el gesto que tuvo conmigo años atrás. "Señorita, un presidente tiene que ocuparse de todo. De todo", dijo.



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