El problema de los "cincuentones"

Si mi abuela tuviera ruedas, sería una bicicleta
No hay acto público del gobierno en el que no aparezca un grupo de trabajadores que tiene entre 50 y 60 años, con alguna pancarta pidiendo medidas para que su futura jubilación sea mejor a la que va a tener. Los "cincuentones" han llegado a la plaza de reclamos para quedarse; se han instalado en el escenario de debate, sin que haya una perspectiva de solución para el corto plazo.

El gobierno ha ganado tiempo, con el argumento del origen del problema, que se debe rastrear en administraciones anteriores. El presidente Tabaré Vázquez se lo recordó el lunes en el acto de La Teja, a unos manifestantes.

Hoy no es un problema más, sino que es un tema complejo de abordar y de explicar, porque los afectados están heridos en su sensibilidad, se sienten estafados y olfatean que algunos que se arriman para ayudarlos, lo hacen para aprovechar la ocasión y golpear contra el sistema.
Para los trabajadores que están por jubilarse, el drama es peor al de un sindicato de trabajadores que reclama un aumento salarial, porque si pierden la batalla, no hay revancha: se jubilan con pasividad menor a la esperada.
Para la gente común que mira desde la platea, el tema genera preocupación, porque entre algunos que no están afectados, se genera temor sobre si también se perjudicará a ellos en el futuro, y si el problema de "los cincuentones", lo tendrán dentro de algún tiempo los que ahora son "cuarentones".
¿Cuál es el problema? Vayamos por partes.

¿Cómo era el régimen jubilatorio hasta 1995? Los trabajadores y sus patrones aportan a una "bolsa", la que se usa para pagar las pasividades de los que antes aportaron (por eso es solidaridad entre generaciones).

Y al retirarse de la vida laboral, el BPS computa el sueldo promedio que tuvo el trabajador, a lo que se aplica un porcentaje que surge de los años de edad y de trabajo. O sea que del sueldo promedio podrá ser un 70% por ejemplo, por ejemplo, aunque eso tiene un tope máximo.

Por lo tanto, en sueldos medianos o altos, no importa lo que haya aportado, porque el tope le fijará la jubilación.
¿Qué cambió la Ley N° 16.713 de 1995? La reforma incorporó el régimen de "capitalización de ahorros", que consiste en volcar aportes del trabajador a una cuenta personal, y que un administrador (AFAP) lo invierta para obtener rentas que se vierten a la misma cuenta. Al momento de retiro, el total acumulado determina la renta mensual a cobrar.
Aquella reforma estableció un sistema previsional mixto, una parte de "bolsa de reparto" y otra de "capitalización". Por lo tanto, al jubilarse, un uruguayo recibe una pasividad del BPS por los aportes al régimen de reparto y otra renta generada por sus ahorros.

¿Cuál es el problema de los cincuentones? Para los que comenzaban su vida laboral en 1996, no había problema alguno, pero para los que la reforma los agarraba por la mitad de su trayectoria, las situaciones eran diferentes. No es lo mismo comenzar a ahorrar a los veinte y pico, que a los cuarenta o a los cincuenta.

Por eso, para los mayores de 40 años se ofreció una opción: ingresar al sistema nuevo, si tenía confianza para aportar mucho en los años siguientes y lograr buena renta, o quedarse en el viejo régimen y conformarse con una pasividad que le calculara el Estado.

Para los menores de 40 fue obligatorio.Y claro, ahí no es lo mismo tener 30 años que tener 39 y estar cerca del límite. Los "cincuentones" de hoy, son los treintañeros de la época cuando entró a regir la reforma.

¿Son perjudicados? No necesariamente. Por ejemplo, los que tenían sueldo altos, por ejemplo, al afiliarse a una AFAP pasaron a aportar menos que antes, lo que visto en el tiempo (de 1996 a 2016) da una ganancia por adelantado.
En cada caso el resultado depende del momento en que se retiren. Muchos de los que protestan hoy, porque se sienten perjudicados, no tienen previsto jubilarse a los 60, sino a los 65, y en ese caso no sufrirán la pérdida que temen.
Además, todo el debate se da sin tener en cuenta algo sustancial: los cálculos se hacen sobre el régimen actual y el anterior, como si aquello hubiera sido sostenible en el tiempo.

El déficit del sistema era ruinoso, y si no hubiesen surgido las AFAP, tampoco hubiera seguido aquella "bolsa de repartos" sin cambios. Habrían aumentado la edad de retiro, habrían cambiado las tasas de reemplazo (cálculo para la jubilación inicial) y entonces, la comparación que se hace ahora es absurda.

El cálculo basado en "si el sistema hubiera seguido sin cambios" parte de un absurdo. El sistema no se aguantaba sin reforma.

El entrenador del Barcelona, Luis Enrique, respondió esta semana en una conferencia de prensa con el clásico "si mi abuela tuviera ruedas, sería una bicicleta", como ironía a una duda basada en algo absurdo. La comparación que se hace con el cálculo de los "cincuentones" y lo que cobrarían "si" el régimen siguiera como tal, es parte de un absurdo. Pero eso no invalida su reclamo.

Es gente que hizo aportes y ahorros y se siente perjudicada. Debe ser atendida, sin que ello suponga legislar "al grito", pero conociendo los casos concretos, despejando confusiones, calculando lo que cobrarán al jubilarse a los 60 y a los 65, mirando cuánto dejaron de aportar en los casos de sueldos altos, entre otros puntos.

Atender seriamente el caso implica poner un dique de contención a los que quieren aprovechar el río revuelto para atacar a un sistema que ha demostrado ser exitoso y aceptado por la gente. El tiempo pasa ...

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