El programa que trabaja para devolver la paz a las escuelas

La agresión a un maestro rompe el clima escolar y daña relaciones
Les digo lo que pienso: no es la culpa de nadie. Los maestros necesitamos apoyo, pero más que nadie él y su familia. La vida no nos prepara para superar ciertas cosas. Se necesita un compromiso de la sociedad y autoridades para cambiar, para estar, para sostener a una persona en estado de vulnerabilidad". Esto escribió en Facebook una maestra de la escuela Nº 11 de Soriano días después de recibir una agresión por parte de un alumno de 9 años, el pasado 6 de abril.

El alumno, al que describió como "un niño de alma rota", le dio varios golpes, la mordió y le dio una patada en el vientre. "Mis nervios o (...) angustia no fue su puño, patada o mordida que me dio, sino que los demás 22 niños que son mi responsabilidad vivieran tal hecho de violencia", escribió. La escuela quedó enferma.

En lo que va del año suman cuatro las maestras que fueron agredidas en una escuela, ya sea por un alumno o por algún familiar de estos. En la mayoría de estos casos, el sindicato de maestros respondió con un paro de 24 horas, en un intento de llamar la atención sobre las situaciones de violencia que parecen estar apoderándose de la escuela.

Aunque el Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP) no lleva un registro de estos casos, el consejero Héctor Florit dijo a El Observador que "no hay ningún elemento estadístico que permita decir que hoy dentro de las escuelas hay más agresiones a los maestros que hace 15 o 50 años atrás".
Según datos oficiales manejados por Primaria en 2014, cada 15 días un maestro sufre una agresión, ya sea un insulto, una amenaza o un golpe.

Para Florit, la diferencia con años anteriores es el grado de judicialización que se le ha dado a estos eventos. "Antiguamente que hubiese denuncia policial era excepcional y que hubiese procesamiento era prácticamente inexistente", afirmó.

El jerarca expresó que no se opone a ello, pero subrayó que no es suficiente para reparar el daño que se genera en la escuela. "Entiendo que legalmente es correcto, pero educativamente hay que introducir otros elementos porque la escuela sigue estando en el mismo barrio, la familia también y el maestro continúa en la misma escuela", afirmó.

Escuelas Disfrutables

La preocupación socioeducativa manifestada por Florit es lo que trabaja Escuelas Disfrutables. Un programa destinado a reducir aquellos factores de malestar en una escuela con el propósito de favorecer el aprendizaje de los niños.

El plan existe desde 2008 y en él trabajan 188 técnicos (psicólogos y trabajadores sociales). Sin embargo, una de las aspiraciones del CEIP en la próxima Rendición de Cuentas es ampliar el número de técnicos para llegar mejor a todos los centros educativos.

El hecho es que cada vez que hay un caso de agresión en una escuela, el programa inicia en ella una intervención con el objetivo de recomponer el clima escolar.

Ana Everett, directora de Escuelas Disfrutables, dijo a El Observador que los técnicos trabajan con todos los actores de la escuela: la maestra agredida, el equipo docente, el niño hijo del agresor, su grupo de compañeros, los demás alumnos y todos los padres. También con el agresor y con su familia. Aclaró que cada caso se atiende de manera particular, por lo tanto, la forma de trabajar depende de cada escuela.

Lo primero es respetar la decisión de la maestra de presentar o no la denuncia policial. Si el docente decide hacer la denuncia, los abogados del CEIP y los técnicos del programa acompañan todo el proceso. Si el maestro decide no hacer la denuncia, entonces el programa desarrolla con ambas partes técnicas de diálogo y mediación que les permitan superar la diferencias.

El agresor y su familia tienen la libertad de participar o no del proceso de intervención de Escuelas Disfrutables. Si deciden no hacerlo, se los respeta, dijo Everett. No obstante, afirmó que esto casi no ocurre porque se les explica que su participación redundará en un beneficio para su hijo. "También porque después de dar el golpe, se arrepienten. Les viene la sensación de culpa importante", expresó.

Por otro lado, explicó que muchas veces el juez termina procesando con prisión domiciliaria al agresor. En estos casos, los técnicos del programa no pueden trabajar con él hasta que cumpla la condena; no obstante, sí se comienza a trabajar con el resto de la familia, tratando de restituir su vínculo con la escuela.

Para esto se realizan talleres y entrevistas individuales con todos los actores. Al maestro agredido y al equipo docente se los ayuda a trabajar el dolor que significa el golpe para todos ellos, dado que es interpretado como un golpe a la investidura del ser docente. También se trabaja el temor de recibir un nuevo golpe.

Lo mismo se hace con los padres. Si la escuela es muy grande se prefiere que la familia del agresor trabaje solo con las demás familias del grupo y que el resto de las familias sí tengan encuentros más grandes. El objetivo es que la familia del agresor se integre a la escuela nuevamente, sin ningún tipo de prejuicios.

El trabajo con los niños tiene muchas aristas. En primer lugar, la jerarca explicó que al niño hijo del agresor no se lo cambia de escuela a no ser que la propia familia lo solicite.

Se cambie o no de centro educativo, al niño se le hace un seguimiento especial para que no se sienta culpable de lo que pasó. "La vivencia de ese niño es de mucha culpa y de mucha vergüenza. Él no le pide a sus padres que actúen de esa forma", expresó la jerarca.

Para el niño, tanto sus padres como los maestros son figuras referentes importantes y el sentimiento hacia ellos es de amor; entonces "queda en una tensión emocional importante, que hay que trabajar", agregó. Si los técnicos observan que el niño "está reaccionando mal ante los sucesos", se hace alguna coordinación con el sistema de salud para que lo vea otro especialista.

Por otro lado, se trabaja con su grupo de compañeros para que ellos no terminen trasladándole al niño la culpa de lo sucedido.

En tercer lugar, se trabaja con todos los niños de la escuela en el autocuidado y el cuidado del otro. El propósito es que conozcan su cuerpo y la fuerza que tienen sobre él. "Los niños no tienen la capacidad de medir las consecuencias de sus actos. A llegar a eso se aprende", manifestó la experta. Agregó que si detectan a algún niño agresivo también trabajan en prevención. "Si uno no trabaja en prevención, cuando crezca va a pasar lo mismo: ante cualquier frustración, puede golpear", indicó. En este sentido, la jerarca señaló que "cuando una persona golpea, lo que le ocurre es que no puede poner en palabras la angustia que tiene". De hecho, comentó que con el tiempo los técnicos terminan viendo "detrás de la persona que golpeó, una vida que no es feliz". No obstante, destacó el proceso positivo que hace esta persona. "Muchas veces termina solicitándole disculpas a la maestra agredida", dijo.

Escuela sanada

El proceso de intervención puede durar varios meses, tantos como la escuela lo necesite. "Empezamos a retirarnos de a poco, a medida que la escuela va sanando", señaló la directora. Sin embargo, "la escuela queda cuidada", ya que se le continúa haciendo un seguimiento.

Everett señaló que en estos nueve años de trabajo no se registró ningún caso de reincidencia en las escuelas donde han trabajado; sin embargo, señaló que no se puede adjudicar solamente al programa, sino que también entran en juego factores aleatorios.

"Si bien con la intervención del programa hay una reducción de las posibilidades, tampoco es que haya una garantía de que esto nunca más volverá a pasar", resumió.

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