El proyecto de la Unión Europea está en crisis

Las reacciones de los gobiernos europeos a la crisis de los refugiados sacaron a la luz el choque entre opuestos
Los analistas coinciden en que la crisis de los refugiados es especial: no solo porque la solución al problema no depende enteramente de Europa –el flujo migratorio continuará mientras haya guerras, persecuciones y Estados fallidos–, sino también porque ha destapado dos maneras de afrontar los problemas de la casa común. Y solo una de ellas parece compatible con el proyecto europeo.

Así lo advertía en El País Béatrice Delvaux, editorialista jefa del periódico belga Le Soir: "Hoy, en Europa, no se puede ser Merkel y Orbán, o se es uno o se es el otro, hay que escoger. Todos los dirigentes europeos lo están haciendo, y la historia recordará el camino que tomaron en esta encrucijada. (...) ¿Qué Europa queremos? ¿La que piensa y actúa colectivamente, o la que piensa primero en los intereses particulares, aun a riesgo de dinamitar la construcción europea?".

La pregunta de Delvaux se limita a constatar las dos direcciones en que oscilan las respuestas de los gobiernos europeos al drama migratorio. Por un lado, está el grupo de países dispuestos a tomar en serio a la canciller alemana Angela Merkel, que lleva meses pidiendo una solución europea.

Por otro, la cada vez más larga lista de países que desde fines de febrero han optado por desafiar a la Comisión Europea con respuestas unilaterales. Encabeza la lista Hungría: el primer ministro Viktor Orbán anunció que su país no va a aceptar las cuotas de refugiados acordadas por los 28 hasta que los ciudadanos húngaros no decidan en referéndum –aún sin fecha– si las quieren o no.

También es desafiante la actitud de Austria, que convocó a Bulgaria, Rumanía, Croacia y Eslovenia y a otros extracomunitarios y juntos decidieron bloquear la ruta de los Balcanes, por donde los refugiados llegaban hasta Alemania. Macedonia cerró sus fronteras, lo mismo que Estonia, Letonia y Lituania. Y Bélgica restauró los controles fronterizos con Francia.

Distintas maneras de ser Europa

Si estos socios se niegan a jugar a la europea, a Merkel le podría dar también por buscar primero sus intereses. Sobre todo, ante la creciente presión que le llega de tres frentes: las críticas de sus aliados bávaros de la Unión Social-Cristiana (CSU) a su política de acogida a los refugiados; el avance del partido antinmigración Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones del 13 de marzo en tres Estados; y el cambio de actitud de un sector de la población tras las agresiones sexuales y los robos a mujeres –presuntamente perpetrados en su mayoría por inmigrantes de Marruecos y Argelia– en 13 ciudades alemanas durante Nochevieja.

Entretanto, lo más parecido a una solución europea que se ha conseguido tras múltiples cumbres son las contestadas cuotas de admisión de refugiados y el principio de acuerdo de la UE con Turquía, también polémico.

El primer reparto de cuotas –para realojar a 35.000 solicitantes de asilo– se fijó en mayo. Alemania aceptó 10.500 plazas, aunque la Comisión Europea solo le pidió que aceptara 8.763; otros países, como Francia, Suecia y Holanda, se ciñeron a la cifra propuesta, que en los tres casos fueron de las más elevadas; otro grupo de países (España, Polonia, Eslovaquia...) admitieron menos de las propuestas; y Austria y Hungría rechazaron las cuotas.

El segundo reparto, esta vez obligatorio para todos, llegó en setiembre, cuando los socios de la UE se comprometieron a reubicar a 120.000 solicitantes de asilo en dos años. En contra de este reparto votaron Hungría, República Checa, Eslovaquia y Rumania.

Pero las cifras de las cuotas van muy por detrás de las llegadas. Según informó el 1º de marzo la Agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR), en los dos primeros meses de 2016 llegaron unos 131.000 migrantes, casi tantos como el total de entradas en la primera mitad de 2015.

La otra pata de la modesta solución europea fue el acuerdo esbozado el pasado 7 de marzo entre Turquía y los líderes de los 28. Establece que la UE devuelva a Turquía todos los "migrantes irregulares" que lleguen desde sus costas a Grecia. Y desde suelo turco reubicará en Europa a un número de refugiados sirios equivalente al de las expulsiones. A cambio, Ankara recibirá € 3.000 millones adicionales para atender a los refugiados, la supresión del visado para los turcos que quieran viajar a Europa y la aceleración del proceso de adhesión a la UE.

La ley del sálvese quien pueda

Pero la idea de subcontratar a Turquía la gestión de la crisis, pensada para garantizar la entrada legal a la UE y arrebatar así el negocio a las mafias, no fue aprobada por todos. ACNUR se declaró preocupada por la confianza depositada en Turquía, que "aún tiene dificultades para cubrir todas las necesidades básicas de la creciente población siria" en su territorio. También pidió que se clarifiquen bien las garantías jurídicas de los solicitantes de asilo y esta semana se negó a realizar ciertas tareas en Grecia, porque asegura que los refugiados son tratados como detenidos.

A la vista de los acontecimientos, a los que hay que sumar las recientes escenas de violencia en Calais (norte de Francia, dodne desmantelaron parte de un campamento de refugiados) y en la frontera entre Grecia y Macedonia, se entiende la gravedad con que algunos se refieren a la situación actual. Un editorial de Le Monde llegó a preguntarse si el momento presente no será recordado por los historiadores como "el comienzo de la descomposición de Europa".

No es descabellado. Al fin y al cabo, la UE no es algo que se pueda dar por supuesto, advirtió en El País el filósofo Bernard-Henri Lévy. Si se cede a la "ley del sálvese quien pueda", nada impediría que el destino de la UE pueda ser el mismo "que el de la Europa romana, el mismo que el de la Europa de Carlomagno y más tarde de Carlos V, el mismo que el de la Europa del Sacro Imperio Romano Germánico, del imperio Habsburgo o incluso de la Europa de Napoleón, todas esas Europas que ya eran Europas, verdaderas y hermosas Europas, y cuyos contemporáneos creyeron, como nosotros creemos ahora, que estaban consolidadas, que eran firmes como la roca, que habían sido grabadas en el mármol de unos reinos de apariencia eterna y que, sin embargo, se desmoronaron".

Fuente: Juan Meseguer, Aceprensa

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