El regreso triunfal de Mel Gibson

Con Hasta el último hombre, el estadounidense concreta su vuelta como director luego de 10 años
Durante los últimos diez años, "Mel Gibson" fue mala palabra en Hollywood. Una serie de controversias, incluyendo una presunta agresión verbal a su exesposa, un arresto y declaraciones antisemitas lo convirtieron en un paria, relegado a roles secundarios y a verse impedido de poder ofrecer a los estudios sus proyectos como director.

Ahora, sin embargo, el actor estadounidense devenido en realizador parece estar encontrando el camino de vuelta. Con un presupuesto relativamente reducido (US$ 40 millones), Gibson se despachó con una de las mejores películas bélicas de los últimos años: Hasta el último hombre, que si bien se estrena oficialmente el jueves en las salas locales, ya puede verse en algunos complejos (Life Alfabeta, Punta Carretas y Punta Shopping; Movie Montevideo Shopping y Portones y Grupocine Ejido).

El filme narra la historia real de Desmond Doss, un soldado estadounidense que luchó en la segunda guerra mundial y que durante la batalla de Okinawa, en Japón, salvó a 75 de sus compañeros, sin jamás tocar un arma y disparar una sola bala, amparado por sus creencias religiosas (Doss era adventista) ante la oposición del ejército, que no quería dejarlo ir al frente.

Con Doss (encarnado por Andrew Garfield), Gibson plantea un contraste poco frecuente en los filmes de guerra, pero que reúne varios de los elementos habituales de la filmografía del protagonista de Arma mortal: un protagonista beatífico (de hecho hay varias imágenes con un subtexto católico) valiente, que rechaza la violencia y es consecuente en sus acciones, que logra salir adelante y humillar a sus compañeros de batallón, que lo creen un débil y cobarde, en un contexto extremadamente violento.

Gibson no escatima en sangre, intestinos, heridas explícitas, cadáveres a medio comer por gusanos y ratas, huesos calcinados por los lanzallamas o miembros esparcidos que reflejan con realismo el horror de la guerra. En un momento dado, un soldado estadounidense usa el torso mutilado de un japonés como escudo contra las balas enemigas. Para alguno será abyecto, para otros hasta gracioso.

Estos horrores se complementan bien con los efectos especiales (salvo unos barcos obviamente animados por computadora que rompen los ojos) y con la emotiva aventura de Doss, que atraviesa el campo de batalla orando para salvar a un herido más.

Gibson machaca constantemente con el mensaje pacifista y católico de su protagonista, que por momentos puede parecer un sermón, aunque en otros logra transmitirlo de forma genuina.

Y en la película, además, no falta nada: momentos de ternura (a veces excesiva), emoción y horror se cruzan con pasajes más livianos, sobre todo a cargo de Vince Vaughn, que sorprende lejos de sus papeles de comedia al encarnar a un sargento duro pero con las líneas más graciosas de la película.
Con Hasta el último hombre, Mel Gibson vuelve a mostrarse como un director sólido, con un estilo claro, y que aquí se vale de buenas actuaciones y una historia que si no fuera real sería increíble para construir un relato impactante, que vale la pena, y que si su director fuera otro, quizás sonaría con firmeza para el Oscar. Por lo pronto, ostenta tres nominaciones al Globo de Oro, incluida como Mejor película, y como Mejor director para Gibson, que comienza a salir del ostracismo.

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