El retador

En la primera semana en la Casa Blanca, el presidente Donald Trump puso en marcha profundo plan proteccionista
En agosto de 2015, el periodista Paul Solotaroff, de la revista Rolling Stone, fue unos de los primeros en advertir que había que tomarse en serio las aspiraciones de Donald Trump de convertirse en el presidente número 45 de Estados Unidos (EEUU), cuando aún muchos se mofaban de él.

Había estado 10 días pegado al magnate inmobiliario neoyorkino y estaba sorprendido de la conexión de Trump con los obreros mal pagados o que habían perdido su empleo fabril, y que, enojados con los políticos de Washington, ovacionaban a su líder cuando atacaba la "codicia corporativa".

Ahora Trump llegó a la Casa Blanca y Solotaroff puede comprobar que el entonces precandidato republicano no le mintió cuando le dijo: "Le pertenezco al pueblo. No soy ningún santo, pero voy a cumplir".

El tono populista que dominó su breve discurso de asunción presidencial, el viernes 20, y las primeras órdenes ejecutivas (decretos) que recogen controvertidas promesas de campaña –la construcción de un muro a lo largo de la frontera con México, fuertes medidas internas para combatir a los emigrantes ilegales, renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta), la salida del Tratado Transpacífico de Cooperación Económica (TPP)– no provocaron sorpresa entre los académicos y analistas internacionales consultados por El Observador, quienes creen que Trump respetará de cabo a rabo sus renovadas recetas proteccionistas que hacen temblar al mundo e interpelan las reglas del juego internacionales desde 1945.

Aunque Richard Nixon y Ronald Reagan habían aprobado restricciones al comercio durante sus estadías en la Casa Blanca, ningún mandatario estadounidense llegó tan lejos como el magnate neoyorquino.

"El presidente Trump tiene muy claro cómo ganó: cabalgando en el descrédito de la clase política y el establecimiento", dijo Carlos Pérez, doctor en Ciencia Política por la Universidad Complutense de Madrid, una tónica que mantuvo en el discurso de asunción y que se observa en sus primeros pasos en la Casa Blanca.

Y es por eso, razonó, que el presidente estadounidense inicia su mandato "en la clave que quieren escuchar quienes lo eligieron: la clase media golpeada y los estados que han albergado grandes industrias".

Para Pérez, un académico que dirige un Centro de Análisis y Entrenamiento Político, con sede en Medellín, Colombia, el objetivo del mandatario es muy claro: "La retirada de EEUU del TPP, la renegociación del Nafta, las amenazas a las grandes industrias con planes de expansión fuera del país, representan un mensaje de tranquilidad a los trabajadores, en el sentido de devolverles su estatus de alguna manera perdido cuando se globalizaron los puestos de trabajo".

Además, la fuerte reivindicación de Trump a políticas de "protección" revela "la manera en que ha logrado unificar a un sector de la población importante alrededor de la idea de que existe un solo EEUU", argumenta Eduardo Velosa, politólogo de la Universidad Javeriana y máster en Relaciones Internacionales de Griffith University, Australia.

"La protección va más allá de impedir ataques a suelo estadounidense; es la defensa de unos valores, una cosmovisión y de un mito fundacional que se ha visto relativizado en los últimos años", agregó este experto doctorado en Ciencia Política por la Universidad de Hamburgo, Alemania.

Fantasías

Para Fabio Sánchez, PhD en Relaciones Internacionales, no hay duda de que Trump como presidente está siendo coherente con su plataforma electoral, pero augura un final trágico porque "las fantasías económicas y políticas" del mandatario estadounidense "tendrán costos muy grandes para el interés nacional" de EEUU.

En eso parece estar de acuerdo Pérez, porque las medidas proteccionistas trumpianas "van a incrementar los valores de muchos productos, lo que para una sociedad altamente consumidora no será una noticia de fácil recibo".

Precisó que "el causante del desempleo no es solo el trabajo fuera del país, sino la automatización. ¿Qué sucederá cuando eso sea evidente? ¿Se sentirán engañados quienes sigan desempleados?".

Velosa está convencido de que el novel mandatario intentará eliminar cualquier huella que haya dejado su antecesor, el demócrata Barack Obama, a quien había calificado como "el peor presidente de la historia" de EEUU.

"Quiere empezar a borrarlo (a Obama) de cualquier resquicio de la Casa Blanca", y un ejemplo evidente es la rápida firma del decreto por el que se compromete "a acabar con el 'Obamacare'", una trabajosa ley de 2010 que establece un mecanismo que garantiza un seguro de salud para millones de estadounidenses.

"Este tipo de actividades serán constantes en su gobierno: generar grandes titulares a partir de acciones que no necesariamente se traducen en resultados grandes", afirmó. ¿Y por qué? Porque "los gestos y símbolos son muy importantes" en el estilo de hacer política de Trump.

"Este tipo de acciones caben en un tuit, es de fácil digestión para sus electores, e impide que sus votantes lo ataquen sobre lo sustancial del asunto", señaló.

Trump, comentó por su lado Sánchez, director de investigaciones de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales de la colombiana Universidad Sergio Arboleda, también ilusiona a sus votantes con la idea de que es posible lograr desde la Casa Blanca "el retorno de un supuesto poder supremo de EEUU sobre el resto de los actores del sistema internacional".

Pero "es algo que está lejos de ser cierto o de que sea posible en el siglo XXI", apuntó.

Los planteos antiliberales del presidente republicano, que se empezaron a cristalizar en decretos proteccionistas que afectan el libre intercambio de bienes y servicios, son imposibles de conseguir mediante órdenes presidenciales, según uno de los entrevistados.

"Él no puede cambiar las dinámicas del proceso globalizador que llevaron a deslocalizar la producción hace varias décadas. Se trata del valor de la mano de obra, el transporte de materias primas, y la increíble capacidad de producción de China o India, como principales ejemplos de competitividad", explicó Sánchez.

Pero Trump ya puso en marcha un nuevo ordenamiento de las políticas comerciales y financieras de EEUU, con las cuales lo más probable es que "la idea de un mundo abierto al libre comercio e impulsado por Washington no se dará en estos cuatro años", estimó Velosa, lo que "debilitará a la OMC (Organización Mundial de Comercio)".

El TPP, por ejemplo, representa un ambicioso proyecto de libre comercio que había sido firmado en 2015 por 12 países del Pacífico, que representan el 40% de la economía mundial: EEUU, Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú,
Singapur y Vietnam. Ahora pierde sentido por el abandono decretado por la Casa Blanca.
En el marco de esas políticas en defensa de "los trabajadores estadounidenses", empieza a vislumbrarse un cambio no menor en la política exterior de Washington: pierde fuerza el papel de EEUU como "nación indispensable" para el mantenimiento del orden mundial.

"Quiere decir que, de ahora en adelante, la presencia o participación de EEUU estará determinada exclusivamente por intereses domésticos", comentó Velosa.

Trump, según el mismo politólogo, inicia su mandato con "un aura de superioridad" y la clara intención de ubicarse por encima de los dos grandes partidos políticos, aprovechando el "vínculo directo" que construyó con sus votantes.

Pero los desafíos que le esperan al flamante presidente de la primera potencia del mundo son enormes, advirtió Sánchez, porque sus planes de gobierno son "difíciles de cumplir".

Trump parece decidido a seguir con sus palabras de campaña: "Soy fuerte, los políticos son débiles. Yo digo la verdad y nunca me retracto, ellos mienten y sacan la bandera blanca ante nuestros enemigos. Ellos nos han despojado. Yo voy a reconstruir este país y hacer que sea temido en todo el mundo".

Quizá por esa actitud de retador –que aprendió de su padre– es que Pérez augura cuatro años intensos: "Quienes afirman que la oficina Oval templa el ánimo y hace ajustes en los bríos, están pensando con el deseo y no con la razón".

Alianzas

En su discurso de asunción como presidente, el viernes 20, Donald Trump dijo que su gobierno reforzará "viejas alianzas" y formará "otras nuevas" para luchar contra el "terrorismo islámico radical, que será erradicado por completo de la faz de la Tierra".

Los expertos consultados no tienen muy claro cuál es el alcance del anuncio del mandatario.
Eduardo Velosa cree posible que EEUU vuelva a tener con Rusia "una política de esferas de influencia, en donde se pueden dividir territorios y cada uno desarrolle políticas sin que el otro se convierta en un obstáculo".

Carlos Pérez, en tanto, no cree en una ruptura "con los socios históricos" de EEUU.

Respecto al vínculo entre Trump y Vladímir Putin, dijo que "la ruptura con Rusia sigue siendo una incógnita, la mayor de este nuevo gobierno".

Gobierno por decreto

En su primera semana de gobierno, el presidente de EEUU dio un mensaje claro a los partidos: está dispuesto a gobernar por "órdenes ejecutivas, que llevan a la acción inmediata, sin pasar por el Capitolio", dijo el politólogo Carlos Pérez.

"El riesgo es que sus políticas tengan vida hasta que otro llegue y las derogue, como está pasando con mucho del legado de Barack Obama", agregó.

América primero

Vanessa Neumann, CEO de Asymmetrica, una firma de consultoría de seguridad con sede en Nueva York, dijo a El Observador que la política definida por el presidente Donald Trump de "América primero" significa que EEUU "no se va a estar metiendo en batallas nuevas y solo atacará cuando exista un peligro definido a intereses estadounidenses".

Comentó, por otra parte, que no está claro aún cómo enfrentará la tendencia terrorista de realizar ataques mediante "lobos solitarios".


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