El retorno del apellido Fujimori

Pese a su holgado triunfo en primera vuelta, Keiko Fujimori no tiene asegurada aún la Presidencia de Perú en el balotaje del 5 de junio

Pese a su holgado triunfo en la primera vuelta, Keiko Fujimori no tiene asegurada aún la Presidencia de Perú en el balotaje del 5 de junio por una conjunción de factores. Uno es su apellido. Otro es que su rival en la vuelta definitoria, Pedro Pablo Kuczynski, que llegó segundo a 16 puntos porcentuales de la ganadora, puede recibir el aporte de gran parte del Frente Amplio de Verónika Mendoza, fuerza de izquierda que llegó tercera. Aunque el exministro Kuczynski milita en un centrismo político de corte liberal y apertura económica, muchos votantes de Mendoza probablemente lo prefieran por su rechazo visceral al populismo de derecha de Keiko. Aunque se ha empeñado en marcar distancia con su padre, Alberto Fujimori, su posición es comparada por muchos con la del encarcelado expresidente.

Pero el apellido opera también en sentido contrario. Alberto Fujimori cumple una condena de 25 años por corrupción y por violaciones a los derechos humanos en los 10 años que gobernó Perú desde 1990. Incluso escapó a Japón, su segunda nacionalidad, para evadir a la Justicia peruana, pero finalmente optó por volver para dar la cara por las acusaciones contra su década de autoritarismo. Pese a su oscura historia, sin embargo, muchos peruanos lo recuerdan con agradecimiento como el gobernante que no solo inició el fortalecimiento económico del país, sino que también liquidó a sangre y fuego a Sendero Luminoso, cuando esa fuerza terrorista de izquierda convulsionaba amplias zonas del país. Ser hija del expresidente le restó pero también le ganó votos a Keiko.

Al margen de lo que ocurra en el balotaje, la Fuerza Popular de Keiko ha casi duplicado su bancada parlamentaria, superando a la suma de legisladores de Peruanos por el Cambio de Kuczynski y del Frente Amplio de Mendoza. Y con el 40% de los votos obtenidos el domingo, Keiko corre con más posibilidades que Kuczynski para llegar a la mitad más uno de los sufragios en el balotaje, aunque todo dependerá de cómo se incline el éxito de las negociaciones entre partidos y la capacidad de atracción de los dos primeros sobre el caudal electoral de los que quedaron fuera de la vuelta definitoria. Un tema aparte es la izquierda. Algunos consideran que la votación de Mendoza al quedar tercera significa un resurgimiento de esa tendencia política en Perú, luego de años de decadencia por el siniestro recuerdo de Sendero Luminoso. Pero el prestigio de esta líder del Frente Amplio sigue empañado por la estrecha alianza que mantuvo con el funesto Hugo Chávez y después con su sucesor, Nicolás Maduro, así como por sus programas extremistas de nacionalizar toda la estructura económica.

Perú es un país que todavía busca su rumbo. Después de las presidencias de Alan García y de Alejandro Toledo que comenzaron a reconstruir la economía aprovechando los vientos externos favorables, el país continuó un período de alto desarrollo económico bajo Ollanta Humala, examigo de Chávez pero después volcado hacia el centro del espectro político, la inversión externa y las políticas de mercado. Pero la bonanza ha decaído, como en los demás países de la región, y los peruanos buscan ahora en Keiko Fujimori o Kuczynski un jefe de gobierno que los encauce hacia una mejora de sus condiciones de vida, incluyendo atenuar las profundas desigualdades sociales que persisten en la población. Keiko parece llevar las de ganar. Pero hay que esperar a junio.


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