El señor Manu Katché pega duro

El virtuoso baterista francés llega por primera vez a Montevideo para presentar su disco más reciente
Por Alexander Laluz, especial para El Observador

Cuando el baterista Manu Katché editó Neighbourhood (ECM, 2005) pegó duro y marcó una diferencia. Considerado por él como piedra de toque de su carrera solista, aquel disco cuadraba bastante bien en el territorio jazzístico pero no sonaba a jazz. Y la razón de esta aparente (sólo aparente) contradicción estaba en un toque de batería que se desmarcaba de lo previsible.

Por la potencia y agresividad de su golpe, la articulación de los fraseos, el tratamiento de las acentuaciones y subdivisiones rítmicas, este toque tenía más lazos con el rock –un mundo que él conoce muy bien– que con los estilos de otros bateristas de jazz, como Jack De Johnette, Billy Cobham, Dave Weckl o Peter Erskine.

Y fue, sí, un golpe duro, diferente, notable. Una música de alto voltaje creativo, sin solos exhibicionistas, que puso en tensión las tradiciones asentadas sin zozobrar en esnobismos (pseudo)vanguardistas, y con la que conquistó un lugar destacado en esta escena; un lenguaje con el que dio forma a tres ediciones más con ECM, a una registrada en vivo en el club New Morning de París que lanzó el sello Act en 2014, y a su más reciente título, Unstatic (Anteprima, 2016).

Con este nuevo repertorio, y con parte de la banda que participó en la grabación –Tore Brunborg en saxo, Luca Aquino en trompeta, la joven y talentosa Ellen Andrea Wang en bajo y Jim Watson en piano– este año Katché emprendió una extensa gira que el lunes 10 de octubre, a las 20.30, desembarcará en la Sala Zitarrosa. Un concierto que tendrá como mayor atractivo la actuación de un combo que se goza con el ensamble preciso y swingueado, tal como se aprecia en los registros que conforman este flamante Unstatic.

Instinto y técnica

Sin (grandes) sorpresas en lo formal –esquemas simples, directos, sin desarrollos complejos ni solos exhibicionistas–, este nuevo disco es un trabajo de estilo en el que Katché hace su mejor juego. Muy simple: darle cohesión al entramado de líneas melódicas sinuosas y variados colores armónicos, con su golpe potente, preciso, que marca rotunda presencia en las piezas de mayor nervio rítmico –Unstatic, City, Ride Me Up o en el aire latino que se escucha en Introducción–, y que gana sutileza al apoyar los planteos más melódicos, baladísticos –Blossom, Daze Days– y los climas que reclaman "achiques" –Out of Sight, Blossom, Trickle, Presentation–.

Lo reconoce este artista nacido en Francia y con raíces africanas: su estilo es una construcción que combina en dosis parejas la intuición roquera y una sólida formación académica. Pero más que una cuestión de técnica (o de lucimiento técnico), este toque tiene como centro la musicalidad.

Una cualidad que se hizo muy evidente ya en lo primeros pasos de su carrera profesional, cuando captó el interés de Peter Gabriel, quien lo incorporó a la formación que tenía hacia mediados de los años ochenta y con la que grabó, entre otros títulos, el recordado So ( 1986). Esta colaboración le dio una proyección masiva al arte de Katché, y pronto se convirtió en uno de los bateristas más solicitados tanto en el rock –desde esa época su nombre figuró en proyectos de Sting, Dire Straits, Jeff Beck, Yossou'N Dour, Tori Amos, Joni Mitchell, Tracy Chapmann– como en el jazz –Tony Levin, Herbie Hancock, Jan Garbarek–.

Si bien su proyecto personal tiene un primer y tímido mojón en 1992, cuando lanzó el disco It's About Time (BMG), el despegue ocurrió recién en 2004, después de que culminó la gira Brand New Day con Sting. Gracias al impulso del saxofonista noruego Jan Garbarek y de Manfred Eicher, responsable del sello ECM, Katché se tiró al agua con un set de composiciones propias y al año siguiente se despachó con el formidable Neighbourhood.

Lo que sigue es historia conocida: una importante lista de ediciones y la consolidación de un lenguaje que se distingue en la competitiva escena jazzística por no sonar como jazz.

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