El sismómetro de Sarandí del Yí, una uruguayez

Un mes y una semana esperando un dato: ¿cuánto se sintió el temblor del 16 de setiembre?

La historia del sismómetro de Sarandí del Yí es una de esas increíbles uruguayeces. Es uno de esos temas que, aunque suene exagerado, casi nos definen como nación.

El miércoles 16 de setiembre hubo un terremoto de magnitud 8,3 en Chile y acá en Uruguay hay gente que dice que sintió el temblor. ¿Eso es real? Parece que sí. Pero resulta que el único aparato capaz de medir el movimiento de la tierra está en el departamento de Durazno y los científicos de la Facultad de Ciencias que lo manejan dicen que, si bien registró aquel temblor, no saben con exactitud cuánto se sintió.

El único sismómetro oriental existe casi que por una obsesión de una pareja de científicos uruguayos, Leda Sánchez y Enrique Latorres. La actividad sísmica es un asunto que no preocupa al gobierno ni a gran parte de la comunidad científica. Como Uruguay nunca tuvo un terremoto grande, se da por bueno que este es un asunto menor.

Hace tiempo que Sánchez, geóloga de la Facultad de Ciencias, viene alertando que la posibilidad de un terremoto no se puede descartar.

Es insólito pero Sánchez y Latorres han tenido incluso que poner dinero propio para que este dispositivo pueda funcionar, según cuenta Mariana Castiñeiras en una crónica que publicó El Observador.

El viernes 18 de setiembre, dos días después del temblor, llamé a Sánchez para saber si podía acceder a una entrevista en El Observador TV -donde trabajo- para contar si el terremoto se había sentido acá.

Ella me respondió que no habían podido ir aún a buscar los datos del sismómetro de Durazno y que no sabía cuándo podrían hacerlo. “Este fin de semana me voy con los nenes a La Paloma”, me explicó. Así que para conocer qué había pasado en Uruguay el día del temblor había que esperar un poco.

Una semana después hablé con Latorres, quien me dijo que irían el fin de semana del 3 y 4 de octubre a buscar los datos del aparato pero tampoco era seguro: dependían de los horarios y la disponibilidad de los estudiantes de la Facultad de Ciencias.

Ese día ya aprovecharían a ponerle conectividad a internet, algo que no tenía.

Unos días antes de ese fin de semana lo volví a llamar pero con voz algo resignada me contó que el viaje a Durazno se había postergado una semana más porque “los chiquilines” (o sea los estudiantes) tenían que ir a la isla Martín García.

Y al final el domingo 11 de octubre Sánchez, Latorres y el estudiante Hernán Castro  viajaron al cuartel Paso del Rey en Sarandí del Yi para recoger los datos que el sismómetro marcó en los últimos meses y mejorar su instalación.

Allí los científicos confirmaron que el terremoto chileno fue registrado en Durazno. Lo que todavía no podían saber era si ese movimiento fue perceptible a escala humana.

Para eso había que analizar los datos, proceso que llevaría una semana y media más.

El jueves 15 de octubre Latorres me dijo que los estudiantes procesarían los datos entre ese día y el fin de semana siguiente, o quizás algún día más.

“Esto es todo muy artesanal”, me contó, como si hiciera falta explicarlo.

El jueves 22 de octubre –un mes y seis días después del terremoto chileno- Latorres y Castro estuvieron en el estudio de El Observador TV y contaron que la señal que se sintió aquel día “es significativa, es bastante importante”.

Pero eso era lo máximo que podían decir. Como admitió Leda Sánchez, “no tenemos nada, no sabemos nada y no tenemos capacidad de nada".


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