El sueño de aportar

Martín Fernández desafía las tendencias con sus editoriales alternativas Casa Hum y Estuario

Su comienzo puede definirse como explosivo. Tras incursionar en el proyecto editorial Artefato, cansado de ser “el pibe” y que varias iniciativas que le interesaban “no resultaran atractivas”, Martín Fernández (33) decidió crear la editorial casa Hum en octubre 2007.

Cinco meses después fundó también Estuario editora.

En marzo de 2008 Hum se convirtió en la primera editora uruguaya distribuida en toda Argentina, y más adelante en librerías de España, Perú y Chile.

“Un nuevo canon para la literatura uruguaya” es lo que significa el sello Hum para su director. El emprendimiento editorial (www.blog.casaeditorialhum.com) se caracteriza por recuperar voces de autores que considera “altamente interesantes” e integrarlas en el mercado con “una distribución más normalizada”. A Martín Fernández no le importa que los creadores sean desconocidos si vislumbra un futuro prometedor.

Estuario, en tanto, le permite publicar aquellos libros cuya línea editorial es distinta, o títulos que comercialmente no resultan tan rentables, pero que Fernández entiende que sí “aportan a la literatura uruguaya”.

En tres años envió 12.000 ejemplares a Argentina, lo que significó un trampolín para la pequeña empresa.

En estos años el emprendimiento ha tenido vaivenes. En la actualidad “vende menos, pero se mantiene”, afirmó su director sin precisar datos.

Estudiante de Ciencias de la Comunicación y de Lingüística, Fernández cumplió su deseo de llevar autores uruguayos al mundo.

o en la Feria Internacional del Libro en Frankfurt y el próximo 24 de noviembre al 2 de diciembre, en Guadalajara, se promocionan “Carlota podrida”, de Gustavo Espinosa; y “Gran Ensayo sobre Baudelaire”, de Felipe Polleri, ambos bajo el sello HUM.

Para Casa Hum Espinosa fue un hallazgo al publicar “Carlota podrida” en 2009, que dos años después recibió el Primer Premio de Narrativa otorgado por el Ministerio de Educación y Cultura (MEC). El autor acaba de ser galardonado con el Bartolomé Hidalgo por  “Las Arañas de Marte”, (Hum, 2011).

Estos títulos uruguayos, junto a otros ocho más, están siendo promovidos por Victoria Estol, personificando la nueva figura del agente literario que creó el MEC. Para Fernández esta nueva figura dará resultado porque “significa que Uruguay ahora cuenta con un representante a nivel internacional que se encargará de promocionar y vender el Uruguay intelectual”.

En 2010 Casa HUM fue invitada a participar en forma independiente de la Feria Internacional del Libro de Frankfurt. Esto significó un reconocimiento. En la ocasión Fernández expuso sobre la situación del libro en Latinoamérica junto a otros jóvenes editores de la región.

En ese mismo año, la editorial logró incorporar el género de poesía. “Una editorial que tiene como objetivo formar un catálogo de fondo y aportar cosas interesantes a la sociedad, no podía dejar de lado un género tan importante. Era una deuda pendiente que teníamos desde que comenzó la editorial”, apuntó.

Problema interior

En Casa editorial Hum trabajan tres personas: dos editores y un comunicador. El diseño, la maquetación y la distribución son tercerizadas.

Fernández se encargó de dejar en claro que los títulos “no los decide un contador, sino los propios integrantes de la editorial”.

La dificultad para la distribución de libros en el interior del país es importante, por eso el club Conciliábulo de Lectores resulta ser clave para la circulación del fondo editorial (ver detalles en recuadro). En el interior las librerías “suelen tener los cinco libros más vendidos del momento y no suelen arriesgarse a llevar los raros o diferentes, por eso el club de lectores funciona como una alternativa”.

Además, opinó, “no hay tanto interés por el público o se inculca menos el gusto por la lectura”. Dado que “un libro es un amigo”, y si de niño no se hizo esa conexión, “es difícil que se realice después, aunque no imposible”. A esto se suma que en cultura “nada es barato”. Confesó que en su caso no nació en una familia de lectores, pero que “se fue haciendo en el liceo…”.

Un sueño sería que el Estado “descuente impuestos a las librerías por las ventas de libros nacionales”, acotó. Aunque aclaró que eso no significa ponerle impuestos a los libros importados.

Entorno

En la actualidad surgieron otras editoriales pequeñas independientes que van “contra corriente de las tendencias” como Editorial Hum.  “No soy el único que va corriendo con la cuerda sucia y arriesga”, señaló complacido Fernández.

Lejos de rechazar la competencia la considera una virtud, No obstante señaló que es “difícil” invertir en Uruguay por un tema de escala en el mercado. Reconoció tener “paranoia” de ver abrir y cerrar negocios.

Aseguró que el libro digital (e-book) es un negocio “muy incipiente” en Latinoamérica, aún en países como España. Lejos de percibirlo como una amenaza contra el libro de papel, visualizó la producción de publicación electrónica como un futuro no tan lejano en la que su editorial ya debe pensar.

Un club poco habitual

Hum creó Conciliábulo de lectores. Se trata de un club de libros poco habitual que reúne a 250 suscriptores.

Por sólo $ 150 mensuales en Montevideo y $ 200 en el interior,  y a través de internet, el asociado podrá elegir un título de entre cinco opciones, que le será enviado al lugar que indique.  La única restricción es que para que el libro entre a Conciliábulo tiene que tener más de tres meses en venta en las librerías.

“La idea es que quien le gusta un sólo género pueda disfrutarlo o de lo contrario, pueda ir variando mes a mes”, explicó el director de Hum, Martín Fernández. En un año se ofrecen 60 títulos, tanto del sello Hum como de Estuario editora indistintamente.

“El mercado está tan ‘canibalizado’ y vorazmente enfocado hacia nuevos títulos de manera permanente”, comentó Fernández, que en tan solo cuatro meses un libro ya pasa a ser viejo.
Conciliábulo de lectores permite entonces “mantener vivo un catálogo y otorgarle mayor permanencia”.

El director de Casa Editorial Hum agregó que esta situación no sólo ocurre en Uruguay, sino que es una realidad de las superficies de las librerías que “no soportan la alta rotación de libros”. Por eso Conciliábulo es su apuesta a la permanencia.

Los asociados se caracterizan por ser fanáticos de la lectura y, en algunos casos, verdaderos seguidores de ambos sellos, detalló Fernández a Emprendedores. Se trata de clientes con edades entre 20 y 50 años, con un nivel educativo en general de al menos un año de educación terciaria.

Para sumarse al club hay que inscribirse  a través de www.conciliabulo.com.
El trámite es muy sencillo y además se puede acceder a una tienda virtual con todo el  catálogo de Casa editorial Hum.


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