El terror se instala entre la comunidad cristiana paquistaní

El grupo islámico Jamaat-ul-Ahrar se atribuyó los atentados en Lahore y prometió más
Mientras los ecos del atentado en Bruselas seguían resonando en todo el mundo, la tarde del domingo de Pascuas en la ciudad de Lahore, Pakistán, se llenó de dolor. El parque Gulshan-e-Iqbal estaba lleno de familias cristianas que celebraban una de las fiestas más significativas de su religión, cuando detonaron los explosivos que se llevaron la vida de al menos 72 personas, entre ellos varios niños.

A su vez, 200 personas fueron heridas por la explosión, detonada por un kamikaze en un sector de juegos para niños del parque, lo que explica la cantidad de víctimas infantiles tras el ataque.
Javed Ali, propietario de una casa frente al parque, fue uno de los tantos testigos del horror que allí se vivió. "Salí diez minutos después. Había restos humanos en los muros de nuestra casa. La gente lloraba y se escuchaban sirenas", declaró.

Este atentado, el más mortífero en lo que va de año en Pakistán, deja por el camino las expectativas de una mejora de la seguridad en el país y aumenta la fractura social y el recelo entre las distintas comunidades religiosas que lo habitan.

La ciudad ya había sufrido otro atentado suicida este mismo mes, en una iglesia en la que murieron 17 personas.

Pakistán es un país principalmente musulmán sunita y las minorías cristianas, que representan cerca del 2% de su población, son a veces atacadas por grupos armados islámicos. Además, una controversial ley sobre la blasfemia ha conseguido que varios cristianos sean condenados a muerte por ofender al Islam.

Esta vez, quien se adjudicó el atentado suicida en el parque de Lahore fue el grupo Jamaat-ul-Ahrar, una parte escindida del Talibán paquistaní.

Aunque es poco conocido por estas latitudes, el grupo opera en el territorio desde mediados de 2014 y está liderado por Maulana Qasim Khorasani. El grupo admitió ser el responsable tras la explosión y aseguró que el objetivo eran los cristianos que se encontraban allí. Además, adelantó que Jamaat-ul-Ahrar planea realizar más atentados en escuelas y universidades del país.

El primer gran ataque de este grupo fue en noviembre de 2014, cuando mataron a por lo menos seis personas en Mohmand. Luego reivindicó un ataque en la frontera entre India y Pakistán donde murieron 60 personas.

El grupo también se atribuyó un ataque contra otro grupo de cristianos hace un año. En esa ocasión fue contra una iglesia católica de Lahore, según BBC Mundo.

El portal indica que a comienzos de marzo Jamaat-ul-Ahrar también protagonizó un atentado suicida contra un tribunal de Peshawar, donde fallecieron al menos 16 personas.

"Es nuestro mensaje al gobierno de que vamos a llevar a cabo este tipo de ataques de nuevo hasta que la ley islámica se imponga en el país", agregó ayer el portavoz de Jamaat-ul-Ahrar.

Uno de los principales lugartenientes del grupo terrorista es Omar Khalid Khorasan, conocido por su importante participación en otros grupos talibanes. De acuerdo con el Instituto McKenzie, Khorasan mantiene estrechos vínculos con Al Qaeda y esta puede ser una de las fuentes de financiamiento de la organización detrás de los atentados del domingo.

Repercusiones mundiales

El ataque conmovió a la comunidad cristiana y su principal líder, el papa Francisco, pidió ayer al gobierno de Pakistán que vele por la seguridad de sus habitantes, en particular a las minorías cristianas.

"Ayer en Pakistán, la Santa Pascua fue ensangrentada por un atentado execrable", declaró Jorge Bergoglio ante los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro para la lectura del Angelus.

"Una vez más, la violencia y el odio conducen solamente al sufrimiento y a la destrucción", dijo.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, también condenó el atentado, calificándolo de "espantoso acto de terrorismo".

Malala Yousafzai, la joven paquistaní que en 2014 logró el premio Nobel de la Paz, fue otra de las personalidades que se refirieron al hecho y dijo estar "abatida por esta matanza sin sentido".

El gobierno de Estados Unidos también condenó este ataque "cobarde" y Francia reiteró su ambición de "seguir combatiendo el terrorismo en todo el mundo".

A todo esto, el primer ministro pakistaní, Nawaz Sharif, prometió ayer luchar contra el terrorismo hasta erradicarlo y aseguró que su país está en camino de ser "la tierra de la felicidad y el éxito".

En un discurso televisivo, el mandatario remarcó " la determinación nacional para luchar contra el terrorismo hasta eliminarlo" de la sociedad paquistaní.

Miles de personas clamaron por "su mártir"

Alrededor de 3.000 islamistas protagonizaron ayer por segundo día consecutivo una protesta frente al Parlamento paquistaní en la que reclaman que el radical Mumtaz Qadri, ejecutado hace un mes por el asesinato confeso de un político, sea reconocido como mártir por el Estado.

Los manifestantes acamparon en la avenida de la Constitución en la llamada Zona Roja de Islamabad, un área de alta seguridad que alberga las instituciones del gobierno y las embajadas, según declararon fuentes de la policía paquistaní.

Las fuentes indicaron que unos 70 islamistas han sido arrestados a lo largo del día y que otros miles continuaron frente al Parlamento, lo que obstaculizó su funcionamiento y complicó el normal desarrollo de una ciudad golpeada por los atentados del domingo.

Los manifestantes reclamaron que sus compañeros detenidos el domingo tras conmemorar el primer mes de la ejecución de Qadri sean liberados, que el ahorcado sea nombrado mártir por el gobierno y que la celda que ocupó en la prisión de Adiala sea convertida en una biblioteca.

La protesta se produce un día después de que miles de seguidores de Qadri, según medios locales, forzasen su entrada en la Zona Roja y se enfrentasen con la Policía, unos choques en los que resultaron heridos al menos 40 agentes y 19 manifestantes.

Fuente: Agencias

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