El terror a WhatsApp

La libertad en internet disminuyó en 2016 debido a restricciones y censuras de algunos gobiernos contra redes sociales y aplicaciones de mensajería
Ala'a Basatneh es una de las referentes jóvenes más importantes de la revuelta en Siria. Ya con 19 años coordinaba las protestas contra el gobierno bestial de Bachar Al Assad. Pero no enfrenta al régimen desde Damasco, Alepo o Homs, sino desde Estados Unidos, y en lugar de empuñar una K47, enciende su computadora portátil Apple y dispara munición gruesa desde Facebook o Twitter. "Desde mi computadora dirijo una revolución", se la escucha decir en el documental #chicagoGirl, de 2013, que cuenta la historia de esta prominente siria, estudiante de ciencias políticas y relaciones internacionales. Desde las afueras de Chicago o en algún lugar de Miami –donde vive ahora–, coordina las protestas que se realizan en aquel ensangrentado país de Oriente Próximo, alerta a los manifestantes sobre cuáles son las mejores rutas de escape y los lugares adecuados para organizar las protestas que le indica la aplicación Google Maps.

Pero si Basatneh puede utilizar el mundo virtual "para mover o cambiar cualquier cosa" es porque vive exiliada en un país donde se respeta la libertad de expresión. Si Basatneh viviera en China, Cuba, Venezuela, Ecuador u obviamente en su tierra natal, ya hubiese sido detenida, encarcelada y en algunos casos extremos hasta podría perder la vida por ser una figura relevante de una nueva protesta que nace en el tecnológico siglo XXI.

El último estudio acerca de la libertad de expresión en internet pinta un cuadro desolador al mostrar un mapamundi dominado por distintos tonos de rojo por el aumento de los ataques a usuarios de esta red informática mundial.

La libertad de expresión en internet ha disminuido por sexto año consecutivo en 2016, debido a medidas contra redes sociales y aplicaciones de mensajería por parte de gobiernos que buscan eliminar el disenso, dijo el lunes 14 Freedom House, una organización no gubernamental dedicada a la expansión de la libertad y la democracia en todo el mundo, con sede en Washington.

El informe Libertad en la Red realizado por esta organización señala que un creciente número de gobiernos restringen o censuran las plataformas de mensajería como WhatsApp, además de las principales redes sociales.

"Las populares redes sociales como Facebook y Twitter estuvieron sujetas a una creciente censura durante varios años, pero ahora los gobiernos persiguen cada vez más a aplicaciones de mensajería, como WhatsApp y Telegram", dijo Sanja Kelly, directora de la investigación.

"Las aplicaciones de mensajería pueden esparcir información con rapidez y seguridad, y algunos gobiernos las ven como una amenaza", agregó.

El informe señala que 34 de los 65 países estudiados –no incluye a Uruguay– vieron un deterioro de la libertad en internet en el período que va de junio de 2015 a mayo de 2016.

China fue el país que afectó más a la libertad de expresión en la web por segundo año consecutivo, seguido de Siria e Irán, indica el informe, que critica nuevas leyes que condenan a siete años de prisión a aquellos que esparzan rumores en las redes sociales.

Entre los que sufrieron mayor degradación en el último año también destacan Ecuador, Uganda, Bangladés, Camboya y Libia, mientras que la libertad de expresión online mejoró en Sri Lanka, Zambia y Estados Unidos, debido a la aprobación de leyes que limitan la recolección de metadatos de las telecomunicaciones.

Ucrania, Venezuela, Turquía y Rusia fueron los cinco países en donde más declinó la libertad en internet en un período de cinco años.

En un documento de unas 40 páginas, Freedom House revela que 67% de los usuarios de internet vive en países donde se censuran las críticas al gobierno, a los militares y a la familia gobernante.

Otros números confirman la mala hora para la libertad que parece arrinconada o en retirada en el mundo: los gobiernos de 24 países limitaron o bloquearon el acceso a las redes sociales y herramientas de comunicación, contra 15 el año pasado.

Los celos por el contenido en las redes sociales se reflejan en que el 27% de los internautas del mundo vive en países donde ha habido personas detenidas por publicar, compartir, o simplemente indicar "me gusta" en Facebook.

La situación es tan dramática que incluso se constató que gobiernos democráticos tomaron medidas contra aplicaciones que utilizan funciones de encriptación, algo que se considera una amenaza a la seguridad nacional.

Las aplicaciones de comunicación se encuentran bajo presión porque hoy muchos gobiernos quieren silenciarlas.

El espacio virtual como un derecho humano

Ninguno de los seis países de América Latina evaluados por la organización no gubernamental Freedom House (Colombia, Argentina, Brasil, Ecuador, Venezuela y México) rebosa de libertad en internet. Ninguno de ellos integra el grupo de naciones totalmente libres en la red.

Se ubican en la categoría de "parcialmente libres" o directamente de "no libres", en un subcontinente en que las libertades de expresión y de prensa en general están muy degradadas.

Pero un asunto tan preocupante como las restricciones y censura de los gobiernos a WhatsApp y a las redes sociales representa la brecha digital.

Existe consenso en la comunidad internacional en que la libertad de expresión es la piedra angular de toda sociedad democrática. Que no puede decirse que exista una verdadera democracia allí donde no esté protegido el derecho a todas las personas a buscar, recibir y difundir información libremente, sin censura y sin miedo a ser reprimidas o sancionadas por ello.
En el mundo presente, esos conceptos adquieren un sentido completo con el acceso a internet. Los Estados deben promover el acceso de todas las personas a la red. Eso implica expandir la infraestructura de internet y promover la alfabetización digital hasta en los lugares más alejados.

En la región, el acceso a la red es más un beneficio de una élite tecnológica y económica que un derecho para todos los habitantes. En grandes ciudades, en las universidades, es muy fácil acceder. Pero esa es una realidad muy lejana en las zonas rurales o apartadas de América Latina.

El 43,4% del total de los hogares de América Latina y el Caribe estaban conectados a internet en 2015, casi el doble de 2010, según surge de un documento de la Cepal difundido en setiembre pasado. El organismo reconoce que ha habido avances, pero advierte que persisten problemas relacionados con la calidad (velocidades de conexión) y la equidad en el acceso a internet (diferencias según la ubicación geográfica y la situación socioeconómica de la población).

Los gobiernos deberían tomarse más en serio la resolución de la Asamblea General de la ONU de 2011 que consideró el acceso a internet como un derecho humano. Contribuye al desarrollo económico, pero más importante aún es lo que dijo una vez Frank La Rue, ex relator especial de la ONU de Libertad de Expresión: "La única y cambiante naturaleza de internet no solo permite a los individuos ejercer su derecho de opinión y expresión, sino que también forma parte de sus derechos humanos y promueve el progreso de la sociedad en su conjunto".

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