El testimonio de la madre de uno de los jóvenes asesinados: "Cuando salgas, vas a ayudar a papá"

Jorge Cotelo había llegado hasta tercero de liceo, asistía a boxeo y su plan era trabajar en reparto de bebidas
"Ahora cuando salgas, vas a ayudar a papá a lavar autos. Y te quedás tranquilo". Esas fueron de las últimas palabras que Evangelina Oviedo le dijo a su hijo, Jorge Cotelo (18), que se encontraba internado en el Ceprili por el hurto de una moto.

Oviedo recolectó datos, rumores, versiones y pistas sobre el destino de su hijo que desapareció en agosto del año pasado junto a su amigo Emiliano González (19). Los jóvenes, que eran vecinos en el barrio La Paloma, se fueron una noche en una moto con un conocido de González y desde entonces no se supo más nada de ellos. Dos días después, el cadáver de quien los pasó a buscar apareció sobre la ruta 1, incinerado.

Hace diez días El País publicó que la pista más firme era que Cotelo y González fueron torturados, asesinados y sepultados en una zona de El Tobogán. Hasta allí llegaron el miércoles investigadores del Departamento de Hechos Complejos del Ministerio del Interior y, en base a información que aportó un testigo protegido, ubicaron partes de una mano y huesos de miembros inferiores debajo de un chiquero ubicado al fondo de un rancho.

Las familias de los jóvenes desaparecidos esperan la confirmación de que los restos ubicados pertenecen a ellos, pero la Policía ya les dio una certeza de "99%" de que eso es así, dijo Oviedo.

Los planes que quedaron sin cumplir

Jorge era uno de los seis hijos de Oviedo que, a diferencia del resto, se le dio por recorrer el camino de la delincuencia. "Mi hijo era un bobo. Estaba en esa etapa y se mandó esas macanas", cuenta a El Observador la mujer.

Le quedaba un mes para cumplir la mitad de su pena y por tanto ya podía pensar en la libertad. El plan, según su madre, era que colaborara con el lavadero de autos que tiene la familia o que empezara a trabajar en un camión de reparto de bebidas, como ya lo hacían dos de sus hermanos.

"Quedate tranquila, mamá, que me voy a portar bien", fue la respuesta del joven, según recuerda Oviedo.

Jorge Cotelo había hecho 1° de liceo en el programa Aulas Comunitarias. Segundo y tercero los cursó mientras estaba internado en la Colonia Berro, por el hurto de unos championes y un celular con un arma de juguete. Durante su estadía en el centro del INAU aprendió boxeo y a raíz de eso empezó a asistir a peleas en el Club Atlético Peñarol. Cuando salió, la ONG La Barca le recomendó hacer un curso de mecánico automotriz, aunque no lo terminó. Mientras tanto, seguía con sus clases de boxeo en el club Palermo.

"No nos daba trabajo. No eran delitos graves los que hacía. El problema fueron las malditas bandas", repite una y otra vez Oviedo, que asegura que Cotelo nunca andaba armado y que mientras estuvo libre, no había tenido enfrentamientos con otras bandas.

El problema, según el testimonio de la madre, empezó cuando Cotelo fue internado en el Ceprili por robar una moto. Allí, su hijo le contaba sobre las peleas en el patio con otra banda. "Los funcionarios veían los enfrentamientos y no hacían nada", asegura Oviedo en diálogo con El Observador.


La mujer todavía no entiende por qué su hijo decidió fugarse del Ceprili, cuando en realidad estaba a poco tiempo de salir. "Capaz que se escapó por la presión", comenta, aunque señala que él nunca tendría que haber estado en ese centro de reclusión. "Un funcionario me dijo que su perfil no era para estar en el Ceprili, porque era un chiquilín que no era un malandro descarriado. Lo dejaron ahí por comodidad".

La decisión de huir fue la que, dos días más tarde, hizo que se encontrara con la muerte. La versión que maneja su familia es que el 13 de agosto un joven, Marcio Soriano, lo pasó a buscar a Cotelo y a su amigo, Emiliano González, y los entregó a la banda rival. Las noticias llegaron nueve meses más tarde, con el hallazgo de los restos de ambos en el fondo de un rancho, del barrio El Tobogán.
Ahora la Justicia se encuentra a la espera que declaren varios indagados.

"Yo los crié a todos iguales, con los mismos principios. No sé qué le pasó", recalca su madre, como si fuera la única conclusión a la que pudo llegar en todo este tiempo de incertidumbre.


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