El trabajo en negro: avances y desafíos

Hay menos trabajadores "en negro" en Uruguay, pero algunos sectores mantienen todavía niveles altos

La polémica que se dio en los últimos días con la constatación de que en el sector político del ministro de Economía, Danilo Astori, se registró la evasión de aportes a la seguridad social en el caso de una secretaria, puso a la infomalidad laboral en el foco de la atención pública, un fenómeno que persiste en el mercado uruguayo pese a la fuerte reducción registrada en la última década.

Se trata de una situación que impacta en la calidad de vida presente y futura de los trabajadores, y que su abatimiento contribuiría a reducir el déficit histórico del Banco de Previsión Social.

El crecimiento de la economía uruguaya y los estímulos creados por algunas políticas públicas –que contrarrestaron los efectos de otras–, llevaron a que en los últimos años se alcanzara registros mínimos de trabajadores "en negro". Sin embargo, las empresas y los hogares uruguayos todavía no realizan aportes por uno de cada cuatro trabajadores que contratan, con tasas que superan el 40% en sectores como la construcción y el servicio doméstico.

En el promedio de los 12 meses finalizados en julio, la tasa de informalidad su ubicó en 23,7% del total de trabajadores. Si bien se trata de los menores niveles de la región, ese registro se ha mantenido prácticamente sin cambios desde mediados de 2014, cuando encontró su fin un acelerado proceso de formalización en el mercado laboral. En el promedio de 2006, la tasa de informalidad era de 34,9%.

Contexto adverso

Pese al deterioro de las condiciones del mercado laboral en los últimos dos años, no hay indicios de que el proceso de formalización de la última década se haya revertido. Entre el pico de ocupación de 2014 y el año móvil finalizado en julio, se perdieron en Uruguay 33.500 puestos de trabajo. En números netos, el 80% de esos trabajos eran formales y el 20% restante eran "en negro", según los cálculos realizados por la Unidad de Análisis Económico de El Observador a partir de los números divulgados por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Esa relación reproduce casi de forma exacta la participación del empleo formal e informal en el mercado laboral, con lo cual no hay un sesgo en la pérdida de puestos de trabajo hacia una u otra categoría.

Según dijo a El Observador el Inspector General del Trabajo y Seguridad Social, Gerardo Rey, una referencia que toma el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) a la hora de hacer seguimiento al impacto del mayor desempleo sobre la formalidad son las denuncias recibidas por condiciones generales de trabajo.

Entre otros aspectos, cuantifican las denuncias por salarios impagos, subaportación o falta de aportes a la seguridad social. En los primeros ocho meses del año esas denuncias representaron el 47% del total que recibió el MTSS, un guarismo similar al registrado en 2014 y 2015.

Los bastiones del informalismo

Rey señaló que el sector de trabajo doméstico, el comercio minorista, los delivery y el transporte de carga son los que muestran los mayores problemas, ya sea por informalismo o sub aportación. Esas actividades son las que concentran hoy una vigilancia mayor.

Un reciente estudio realizado por las investigadoras Verónica Amarante y Marcela Gómez para la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) identifica también a la construcción como un sector de alto informalismo en Uruguay, con 41,7% de sus trabajadores sin registro durante 2014. "La persistencia de altos niveles de informalidad en segmentos específicos del mercado laboral sugiere la presencia de márgenes de acción para las políticas públicas", concluyen las economistas en su trabajo titulado El proceso de formalización en el mercado laboral uruguayo.

En diálogo con El Observador, la presidenta de la Liga de Amas de Casa, Mabel Lorenzo indicó que la promoción de la formalización y del contrato de trabajo por escrito, han sido las dos inquietudes fundamentales que la representación empresarial ha impulsado en los Consejos de Salarios desde el año 2008.

Lorenzo explicó que cuando los empleadores hacen uso del servicio de asesoramiento laboral gratuito que ofrece la gremial, lo primero que se trasmite es que el trabajador debe estar formalizado desde el primer día que comienza con las labores."Cuando nos dicen que la trabajadora pide que no la pongan (en BPS) porque no le conviene y porque quiere todo el dinero en su bolsillo, nosotros les decimos que lo que deben decir es que, si no se acepta la formalización, no se la incluya como trabajadora en el hogar. (...) El empleador no debe aceptar ese juego porque va en contra de su seguridad y tranquilidad", añadió.

Otra práctica frecuente es que se tome al trabajador a prueba por un plazo de tres meses y no se hagan los aportes en ese lapso de tiempo. Lorenzo recordó que en ese plazo lo que el empleador tiene es la potestad de efectuar el despido sin tener que pagar indemnización, pero "nunca el trabajador debe ingresar a una casa de familia (o empresa) sin estár inscripto" en la seguridad social. Si bien el trabajo doméstico es uno de los sectores que más ha mejorado su formalización en la última década, todavía las irregularidades alcanzan a cerca de la mitad de sus empleados.

Políticas a favor y en contra

El contexto económico de prolongado crecimiento y niveles de desempleo bajos en términos históricos, generaron incentivos para la formalización, de acuerdo al estudio de Amarante y Gómez. Por el lado de los trabajadores, fortaleció su capacidad negociadora a la hora de establecer sus condiciones de empleo. Desde los empleadores, redujo el riesgo de despidos y por lo tanto, de incurrir en un costo derivado de la formalización.

Las académicas además destacan una serie de políticas que incentivaron la formalización, como la restauración de los Consejos de Salarios en 2005, el aumento del salario mínimo, la ley de monotributo, entre otras iniciativas.

De hecho, los economistas Marcelo Bérgolo y Guillermo Cruces del Instituto de Economía (Facultad de Ciencias Económicas - UdelaR) detectaron efectos muy positivos sobre la formalización derivados de la reforma del sistema de salud. En la medida en que el registro en la seguridad social extendió los beneficios de cobertura a los hijos, esto aumentó el atractivo de los empleos formales para los padres.

Sin embargo, los expertos encontraron efectos negativos de algunas políticas sociales sobre la formalización. Esto es, principalmente, en el caso de políticas de transferencias no contributivas que benefician a hogares hasta determinado umbral de ingresos. El Plan de Emergencia afectó la formalidad, principalmente en el caso de los hombres, mientras que las nuevas asignaciones familiares –desde 2008– redujeron el empleo formal entre 18% y 30% en los hogares elegibles.


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