El último “esperpento” tupamaro

Datos inéditos que aún siguen goteando sobre la marcha del Filtro. La historia nunca se contó completa, al menos no oficialmente

Bastante antes del 24 de agosto de 1994, y como parte de una tregua no escrita, los tupamaros, la Policía y, sobre todo, los servicios de Inteligencia del Ejército sabían que en Uruguay se refugiaba un grupo de integrantes de la banda terrorista vasca País Vasco y Libertad (ETA, por su sigla en euskera), buscados en España por la comisión de graves crímenes. Algunos de esos vascos estaban al frente del por entonces famoso restaurante La Trainera. Pero algo se quebró (algunos dicen que el gobierno llegó a un acuerdo con España para recibir tecnología a cambio de los vascos, otros que las intenciones insurreccionales tupamaras, en parte consentidas por los militares, se fueron al extremo para el oficialismo), toda tregua no escrita se hizo trizas y el 24 de agosto quedó estampado con letras de sangre en la historia del Uruguay reciente bajo el nombre de "la marcha del Filtro" o "la masacre de Jacinto Vera" (barrio donde estaba el hospital Filtro). Ese día, tres miembros de la ETA –Jesús Goitía, Luis Lizarralde y Mikel Ibáñez– que estaban en el Filtro tras una huelga de hambre fueron extraditados a España en medio de un enfrentamiento entre cientos de manifestantes y la Policía, el cual terminó con un centenar de heridos y un muerto, Fernando Morroni (24 años), baleado en el pecho y la espalda.

Unos días antes de la marcha ocurrieron un par de episodios, uno público y el otro reservado, que revelan el momento histórico que vivía el país y las consecuencias que tuvo el incidente.

La Mesa Política del Frente Amplio apoyó la marcha. El presidente histórico de la coalición de izquierda, Líber Seregni, quedó prácticamente solo en su posición contraria a un acto de ese tipo 90 días antes de las elecciones, hecho al que le atribuyó un papel central en la derrota electoral de la izquierda.

Por otro lado, en una reunión reservada con legisladores blancos y colorados en la sede de Coraceros, el ministro del Interior, Ángel Gianola, expresó la voluntad del gobierno de crear una Guardia Nacional, que le daría preponderancia a la Policía en algunos actos por sobre las Fuerzas Armadas. Una grabación de esa charla fue entregada por un diputado colorado a la Inteligencia militar, que, a su vez, se la pasó al Movimiento de Liberación Nacional (MLN). Unos días después del incidente del Filtro, el MLN dio a conocer la grabación. Esa tregua entre tupamaros y militares que funcionó con los etarras era más amplia y se extendería en el tiempo con otras acciones, incluso una para lograr precisamente un alto el fuego de la ETA. Los militares sabían –porque los tenían interceptados y vigilados– que los tupamaros, tras la recuperación democrática en 1985, seguían visualizando la posibilidad de un horizonte insurreccional armado. Esto aparece minuciosamente relatado en el libro Donde hubo fuego del politólogo Adolfo Garcé. "En 1990 (los tupamaros) estaban convencidos que habría un proceso de acumulación de fuerzas que derivaría en una 'confrontación generalizada' y en 'rupturas de la legalidad'". Garcé señala que los hechos posteriores no se corresponderían con las intenciones tupamaras y, "para colmo de males, en el único momento en que saltó la chispa de la violencia, en el Filtro, los tupamaros sintieron que fueron tomados de sorpresa y que desperdiciaron la oportunidad". "Una parte de la organización, la liderada por (Raúl) Sendic, quería profundizar la democracia. Otra parte, la que tomó el control de la 'Orga' entre 1989 y 1994, se preparaba intensamente para volver a la acción armada", escribió Garcé.

Todo indica que el gobierno –informado de esas alianzas entre tupamaros y militares y viendo que el tema de la ETA le quemaba en las manos– lanzó en 1992 el operativo Duque, a cargo del director de Inteligencia policial, Saúl Clavería, que detuvo a 30 vascos, principalmente por portar documentos falsos.

Fuentes policiales divulgaron en esos días que en la jornada de la tragedia del Filtro salió de la sede de Inteligencia policial un grupo de funcionarios de civil portando escopetas del calibre de las que se usaron en la manifestación. Esto nunca se reconoció oficialmente.

Ese 24 de agosto de 1994, el de la última acción "armada" del MLN, los exguerrilleros habían preparado un ómnibus repleto de miguelitos y cócteles molotov, según escribió el periodista Federicho Leicht en la biografía de Jorge Zabalza, el único tupamaro que se animó a relatar aquellos hechos, que ocurrieron justo frente al edificio Libertad, donde Luis Alberto Lacalle fue espectador privilegiado del caos.

Cuatro oficiales que estaban parcialmente a cargo del operativo fueron luego procesados por lesiones graves y otros delitos.

El etarra Mikel Ibáñez fue absuelto, regresó a Uruguay y luego se trasladó a Francia, donde fue capturado nuevamente y condenado a 27 años de cárcel por otro delito. Jesús Goitía cumplió seis años de cárcel. Luis Lizarralde fue condenado a 74 años de cárcel por dos asesinatos pero logró la libertad en 2013.

Los hechos del Filtro fueron vistos con perplejidad en España, donde incluso la izquierda consideraba a la ETA como una banda de delincuentes. El diario ABC calificó entonces a la marcha como un "esperpento uruguayo".

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.


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