El Uruguay sustentable

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Por Lautaro Pérez Rocha (*), especial para El Observador

Hace 20 años cursaba en la Facultad de Agronomía una materia optativa titulada Agricultura Sustentable. Curiosamente, los de Agronomía éramos apenas un puñado del total de estudiantes. Fue la primera vez que nos enfrentábamos al concepto y por aquel entonces no era tan fácil de digerir y entender. No era un curso atractivo para la mayoría de los jóvenes, alejado del paradigma de producir bien y mucho. Estábamos todavía en la época de enseñanza del arado, del cual no imaginábamos que nunca llegaríamos a recomendar en la práctica.

Así de viral como la incorporación de la siembra directa en el campo, también lo fue que los conceptos de producción y sustentabilidad eran dos caras de una misma moneda. Conservar recursos naturales y minimizar el impacto al ambiente y a la sociedad creció con vigor.

Hoy, en cuanto congreso, conferencia, reunión, jornada técnica o conversación en el campo, el tema está en la agenda, en las decisiones. No es tópico ajeno para una buena parte de los productores. Saben que la receta de corto plazo no funciona en este rubro. De hecho hay proyectos privados muy destacables que buscan formas para desarrollar prácticas agrícolas y productivas que conserven el recurso natural, optimicen los resultados económicos y sean ambientalmente sustentables. También ha sido una idea fuerza desde las políticas públicas del MGAP.

En reiteradas ocasiones he manifestado que Uruguay debería posicionarse como un país verde, esto es a la vanguardia de una cultura centrada en la producción amigable y en armonía con el ambiente. Y a este concepto, sumarle el de saludable y seguro.

El agro aún tiene un largo camino por recorrer para liderar la construcción de su imagen verde. Así, debe ser el primero en defender, controlar, proteger y educar al resto de la sociedad. Porque le pega en forma directa y porque tiene sobradas alcancías de conocimiento para aportar. Tiene el deber de ser el primero en denunciar y hacerse cargo cuando hay un problema con la contaminación del agua; el primero en sancionar duro y buscar soluciones si hay una contaminación de niños con agroquímicos en una escuela; el primero en asegurar una oferta de alimentos sana y nutritiva. El más firme y feroz en la defensa de su medio y en establecer las reglas de juego. Reglas que el mundo enfatiza: el ambiente no se transa.

Considerando el país hay, sin embargo, contradicciones mayores. Tenemos un Estado que es parte y socio de los megaproyectos privados y por lo tanto ya no sabemos hasta dónde defiende al ciudadano. Tenemos un sector parlamentario que poco conoce en la materia. Una sociedad levemente educada y apenas defensora del ambiente.

¿Qué enseñamos en casa a nuestros hijos? ¿Qué políticas (serias) ambientales vemos en las ciudades vinculadas a una movilidad y residuos pro ambiente? Las playas sembradas de bolsas de nylon y no se corta la hemorragia blanca de los supermercados. Normas para los efluentes industriales las hay y altas, pero de control y penalización ausentes.

Comprometidos con la energía eólica (sí, ha sido una política consistente) pero bajar impuestos a los autos eléctricos no porque le muerde dinero que se recauda en la importación. Educar y promover prácticas para reciclar es de sueco aburrido en invierno. Fomentar la innovación para reusar atenta contra la psiquis del consumidor.

Creo que en materia de sustentabilidad y medio ambiente, la ciudad y el país en su conjunto tienen mucho para aprender del agro. Y el agro debe liderar y contagiar para alcanzar la vanguardia, no de una nación ecologista trasnochada, sino aspirar al país verde más maduro de todos.

* lautaro@adinet.com.uy


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