El uruguayo ciego que conquistó a NatGeo con su particular talento

Juan Pablo Culasso identifica el canto de más de 700 aves
Por Cecilia Presa, especial para El Observador

Con 29 años, Juan Pablo Culasso es experto en grabar sonidos de la naturaleza. Lo único que percibe a través de sus ojos es la luz, pero sus oídos guardan una habilidad que lo llevó a ganar en 2014 el concurso en el programa Supercerebros del canal NatGeo. Se trata de una condición denominada "oído absoluto", que consiste en identificar las frecuencias de los sonidos por su nombre, sin la ayuda de una nota de referencia. Hoy identifica más de 3.000 sonidos distintos. Hace 13 años que trabaja con grabaciones de sonidos de la naturaleza y ha publicado más de 10 discos.

"El ruido del taladro me da la pauta de que hay una obra en construcción; la calle está bastante tranquila. Ahí un mugriento tiró una bolsa". Con su simpatía y entusiasmo, Culasso hace que uno se olvide de que está caminando por la calle con una persona que jamás vio las veredas, los autos, los rostros o las fachadas de los edificios que hay a su alrededor. No los ve, pero los conoce muy bien.
Una larga caminata por la avenida Millán, acompañado de su perra guía Ranya, genera una charla sobre varios temas que le interesan. Habla de todo; viajes, libros, música, la situación económica del país y su pasión: la grabación de sonidos de aves.

Culasso cuenta que de niño tenía contacto con las aves en el tambo de unos amigos de su familia. Siempre le gustó estar cerca de la naturaleza. En su casa tenía una enciclopedia y, con la ayuda de su padre, memorizaba los sonidos de las aves que estaban allí.

A pesar de las dificultades que tenía para aprender en un liceo público que no tenía el material suficiente adaptado a braille ni profesores con experiencia en dar clases a personas no videntes, Culasso leía mucho. "Con 15 años me leía la Constitución, el Código Civil y todas las leyes, bien de nerd loco", recuerda.

Pero, a los 16 años, lo que en ese momento creía que era su vocación cambió de rumbo. En 2013 el reconocido ornitólogo Santiago Claramunt, amigo de su padre, los invitó a una salida por el campo en búsqueda de aves. Allí recibió por primera vez en sus manos un grabador. El plan era hacer un registro sonoro del lugar.

"Puse REC y dije: 'Wow, qué cosa loca esta de poder registrar audio'", cuenta sobre ese momento. ¿Viste cuando hacés algo por primera vez pero sentís como si vinieras haciéndolo toda tu vida?", explica.

Luego de ese primer contacto, Culasso siguió estudiando en el liceo la grabación de cantos de aves. Se convirtió en un hobby que lo alejaba de los contratiempos que sufría en la educación formal. A los 18 años entró a la Universidad de la República para estudiar relaciones internacionales, aunque cada vez que podía aprovechaba la oportunidad para salir en busca de sonidos nuevos y aprender de esas experiencias. Todo lo que tuviera que ver con aves empezó a ser su pasión y ya conocía algunos nombres de quienes se destacaban en la disciplina en el mundo. En ese momento, y gracias al trabajo de su padre, tuvo la oportunidad de conocer Brasil, país que cuenta con la mayor diversidad de aves del mundo, con más de 1.900 especies diferentes. En San Pablo fue a conocer al profesor francés Jacques Vielliard, uno de los popes de las cacerías de sonidos de pájaros. "Le conté mi situación y el tipo dijo: 'El conocimiento no se le niega a nadie; venite a partir de la próxima semana'. Son esas cosas medias locas. Y me fui, me las tomé".

Culasso estuvo un poco más de dos años en el laboratorio de sonido de la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp). Ahí aprendió en profundidad sobre la grabación de sonidos.

Hoy identifica alrededor de 3.000 sonidos diferentes y unas 700 especies de aves a través de su canto.
Brasil le abrió las puertas en todo el continente: tuvo la oportunidad de dar charlas y presentarse en conferencias en Argentina, Ecuador, Paraguay, Estados Unidos y Colombia. Además de español, habla inglés –idioma que aprendió de forma autodidacta– y portugués. Haber nacido ciego jamás le quitó las ganas de aprender y superarse: "Tenés dos opciones: o salís a pelearla o te quedás llorando en el cuartito".

En 2010 editó su primer disco, todo hecho en casa con la ayuda de su padre. En su página web (jpculasso.net) se pueden escuchar muchas de sus grabaciones. Además, Vozes das aves da reserva natural Vale o At the Gates of Winter, son dos de los títulos de los álbumes de Culasso que se consiguen hoy en iTunes.

Las puertas de la TV

No fue hasta 2014 cuando el nombre de Juan Pablo Culasso logró notoriedad. El joven, que por ese entonces tenía 27 años, se presentó en el concurso Supercerebros, del canal de la National Geographic, que premiaba a la persona de Latinoamérica con el talento "más increíble", según anunciaban. "Yo iba con el objetivo de que la gente viera cómo una persona ciega puede hacer un trabajo distinto; ganar o no era algo accesorio. Pero, claro, gané".

Con el premio que recibió mejoró el equipo "a niveles impresionantes". "Los grabadores y micrófonos que yo utilizo los usan en la serie Game of Thrones." Así es como llegó a estar a la par de cualquier sonidista en equipo.

Culasso no es cualquier tipo de sonidista: le gusta la aventura; es lo que se dice un sonidista de campo. Dice que conoce a varios sonidistas ciegos pero que ninguno sale a grabar: todos se dedican a editar los sonidos desde un estudio. "Me gusta meterme en el barro, he pasado tanto por lugares muy calurosos de la selva como por zonas gélidas".

Su última gran aventura fue en la base antártica uruguaya, en la que estuvo dos meses entre 2015 y 2016 y se convirtió en el primer ciego en visitarla.

"Estuvimos en la isla Rey Jorge, hicimos caminatas de 10 kilómetros, sufrimos vientos de 90 kilómetros por hora que parecía que te iban a hacer volar." Su objetivo en la Antártida era registrar sus paisajes sonoros: desde los pingüinos, pasando por el viento, tormentas, el deshielo hasta los sonidos debajo del agua. "Fue una experiencia inigualable", cuenta. Su próximo objetivo es el parque nacional Virunga, en el Congo.

Sin embargo, no todo es aventura en su vida. Para costearse los viajes trabaja en Brasil como instructor en el uso de equipos especiales para ciegos sin un puesto fijo.

"Me encantaría poder trabajar solo de grabar sonidos de aves. Todavía no me ha llegado, pero yo siempre digo que todo llega", aclara.

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