El vino uruguayo y las profecías

La industria local busca mantenerse con vida saliendo al exterior

Casi todos los años cierran bodegas en Uruguay. La industria atraviesa un momento complejo, el consumo de vino en general cae y la competencia de importados es grande. Por eso, en el mercado exterior está la carta para la supervivencia de los productores. Así lo entiende el Instituto Nacional de de Vitivinicultura (INAVI) y la mayoría de las bodegas exportadoras, aunque claro, son solo una porción del total de empresas familiares que viven de la uva y el vino.

Hay una luz de esperanza que se observa en el día a día de forma subjetiva, y tiene que ver con la avidez de los uruguayos por saber más de vino, y otra vinculada con datos objetivos: crece el consumo de vino de calidad y cae el de mesa.

El INAVI encargó hace más de un año un estudio a una consultora privada para realizar un diagnóstico del sector y evaluar posibles acciones para dar impulso a la industria. Con esos resultados, intenta junto al sector privado dar paso a una reconversión de la vitivinicultura, que sea a la medida de la época, es decir, comercial y de cara al mundo.

Con los resultados de ese estudio a la vista, el INAVI empezó a tomar algunas medidas. Según dijo a Sacacorchos el presidente de ese organismo, José Lez, el diagnóstico tiene algunas conclusiones claras. Uno de ellos refiere al objetivo exportador. Para Lez, las alternativas de salida para el vino uruguayo es el mercado exterior, lo cual es estimulado por un cambio generacional, cultural y de hábitos en las bodegas. La tradición se mantiene, pero da paso a la profesionalización del comercio. Por eso el instituto busca reafirmar el modelo exportador con acciones y apoyos concretos a las bodegas.

Se estima que este año aumente 25% la exportación de vinos uruguayos, lo cual significa un impulso importante y una señal de que se puede.

Una acción que acompaña y muestra la intención de INAVI se generó el 25 de agosto, cuando en muchas de las embajadas de Uruguay en los cinco continentes ofrecieron vino uruguayo en la celebración de la independencia, lo cual fue posible por el apoyo de bodegas, INAVI y el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Para Lez, Uruguay tiene unas cuantas ventajas con relación a otros productores de vino a la hora de colocar sus etiquetas en el exterior. Si bien en volumen no compite ni nunca va a competir con otros monstruos de la región (Argentina y Chile), Uruguay tiene como distintivo la ausencia de antecedentes negativos en el comercio. "Tenemos un modelo familiar, de bodegas boutique no industrial, que aporta también a la seguridad alimentaria", comentó Lez.

El Tannat en todo esto juega un papel relevante. La cepa tinta que encontró su lugar en Uruguay, es la carta de presentación de la industria local en el mundo, por ser algo exótico como vino varietal para la mayoría de los consumidores del mundo, y por tener un techo difícil de divisar. Pero tanto el estudio privado contratado como las estimaciones de INAVI y los productores, Uruguay es más que Tannat. En ese sentido se destaca la cepa Sauvignon Blanc, a la cual muchos bodegueros le han dado importancia para desarrollar y se han logrado vinos blancos de muy buena calidad. Luego se entiende que hay camino para recorrer con los Merlot y Marselán uruguayos.

"Nadie es profeta en su tierra. Para ser exitoso hay que creer que lo de uno vale. Hay que convencerse", aseguró Lez.


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