El voto 50, un éxito convertido en fracaso

Lo mejor para el gobierno es que la oposición no vote la ampliación presupuestal para cargarle las culpas
Un título relacionado con la rendición de cuentas rivaliza en ausencia de glamour con Mercosur, déficit fiscal o el mismo Copom (Comité de Política Monetaria). En Búsqueda primero y en El Observador después, el gran periodista que fue Alejandro Nogueira se encargaba de descifrar los vericuetos presupuestales y presentarlos en notas de una manera inteligible capaz de ser leídas sin una cantimplora a mano.

Suerte que Nogueira se encargaba de esas cosas, aunque nos obligaba a leer en cada sección del diario el informe anual de la Contaduría General de la Nación para buscar noticias. ¡¡¡Qué aburrido puede ser algo tan importante!!! Todos le escapábamos a la discusión presupuestal, pero al final terminó por alcanzarnos.

Lo mejor es empezar por el condimento, en este caso la política. El gobierno enfrenta compromisos electorales vinculados al aumento del gasto en educación hasta llegar al 6% (el 10% o el 15% no cambiarían mucho) así como en programas sociales y seguridad.

El asunto es que un déficit de 4% implica que cualquier gasto adicional deberá ser financiado con recortes en áreas públicas o impuestos. Los sectores del Frente Amplio más ortodoxos –Movimiento de Participación Popular, Partido Comunista y Partido Socialista- quieren gravar más al "gran capital", así como eliminar algunas exoneraciones tributarias para inversores.

El equipo económico no es muy afín a este tipo de propuestas, sobre todo cuando ya tuvo que tragarse el compromiso de campaña de no aumentar impuestos al incrementar el IRPF y reducir las deducciones. El recibo de enero estuvo bravo.

El equipo que comanda Danilo Astori se ha manejado con cautela y ha evitado confrontar. Algo aprendió del pasado. Pero la verdad cruda es que un déficit semejante, que pone en riesgo el grado inversor y obliga a emitir deuda a una tasa de interés estratosférica, aconsejaría evitar más gastos y consiguientes impuestos. Lo que pasa es que los gravámenes al gran capital son costeados por los trabajadores con empleos, producto de la reducción de la actividad económica.

Pero la política mete la cola en la economía e importa más el discurso que los efectos. De todos modos, en la reunión que mantuvo la bancada del Frente Amplio el lunes quedó una visión generalizada de que están caminando por la cuerda floja. Al parecer, existe ánimo de aunar posiciones bajo el supuesto de no poner en aprietos al gobierno.

Esa fue la impronta que marcó en la reunión el ex presidente José Mujica, cuyo sector recogió ese empaque a pesar de favorecer el aumento de la carga tributaria. Para el equipo económico, el gobierno y el Frente Amplio lo mejor sería que la ley presupuestal fracasara, cosa de poder culpar a la oposición, que en general se brota ante la palabra impuestos.

Sin embargo, el diputado Fernando Amado dijo en Búsqueda que está dispuesto a convertirse en el voto 50 que perdió la izquierda con la escisión de Gonzalo Mujica. Entonces, capaz que, a la postre, puede haber votos para un presupuesto desequilibrado. ¡Cuac! Paradoja.

Con el éxito, puede venir el fracaso

Populares de la sección

Acerca del autor