El voto que Mujica pronuncia

El FA necesita buscar afuera el apoyo que vale oro en posiciones de influencia y poder
El Frente Amplio tiene quien lo ayude en caso de que la disidencia del diputado Gonzalo Mujica sea permanente, cosa que está por verse. El legislador tiene la llave de la mayoría automática del gobierno en la Cámara de Diputados y ahora decidió guardársela en el bolsillo

A la izquierda del FA están los primos de Unidad Popular, que con su único voto en Diputados evitaron la formación de una comisión investigadora parlamentaria sobre los negocios en Venezuela, un asunto que viste burka. También prometen apoyar un impuesto a las jubilaciones altas en las Fuerzas Armadas y la reforma de la caja militar. Ese voto vale oro.

Después están los moderados del Partido Independiente, que la semana pasada demostraron al votar separados del resto de la oposición en el Senado –en contra de la censura al ministro del Interior–que podrían a acompañar al Frente Amplio en algunos temas.

La pérdida del voto número 50 no es tan dramática ya que, desde la diáspora frenteamplista, hay quien le tire una soga, cosa que no se sabe cómo caerá en los electores que buscaron en ellos una alternativa de izquierda al FA.

El efecto Mujica trae algunas preocupaciones a la bancada oficialista, integrada por varios sectores afectos a marcar perfil. Es muy difícil pero no imposible que la rajadura en la unidad frenteamplista se transforme en brecha. La razonable tolerancia hacia Mujica podría animar a otros a marcar su independencia y, en casos puntuales, pegar el grito de Ipiranga respecto al FA. Total, no pasa nada. Esos votos ahora cuestan mucho en posiciones de influencia y de gobierno.

Pero todos saben que la ruptura del Nuevo Espacio en 1989, no solo no impidió la conquista por primera vez de la Intendencia de Montevideo, sino que la experiencia electoral no fue muy buena. A la postre, el núcleo colorado volvió a su matriz partidaria y, si bien gobernó junto a Julio Sanguinetti, luego se esfumó de la vida política. Los sectores frenteamplistas, el Partido Demócrata Cristiano y el grupo liderado por Rafael Michelini regresaron a casa.

El mismo Pablo Mieres ha tenido que remar duro a la intemperie para alcanzar el Senado y estos ejemplos pueden desanimar al más valiente.

Para el presidente Tabaré Vázquez, el quiebre de la mayoría automática obliga a un examen cuidadoso y a ensayar una estrategia negociadora con su bancada primero y con el resto del sistema político después. En una primera lectura se podría pensar que, sin el voto 50 de antemano está obligado a buscarlo en cualquier tienda, aun en las de la oposición. Los ejemplos del Partido Independiente y de Unidad Popular ayudarían a ese razonamiento.

Pero si bien el líder blanco Luis Lacalle Pou le ofreció los votos en aquellos casos cruciales en los que el gobierno decida "saltar el alambrado" de su fuerza política, es lógico pensar que ello tiene restricciones.

La primera es que el propio presidente tiene que alinear primero a su fuerza política para pedir apoyo afuera después. Es posible también que esa condición previa la pida quien se disponga a ayudar.

En el horizonte del oficialismo está la antedicha reforma jubilatoria militar, el nuevo presupuesto nacional al fin del período y la cuestión de los tratados del libre comercio, resistidos en la izquierda.

Ahora, de pique, en la cuenta falta uno. Y a la topadora no se sube nadie.

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