El yoga alimenta la isla de la utopía en la cárcel

Presos construyen un shala en Punta de Rieles

"Si hay paz en nuestros corazones, habrá paz en nuestra sociedad", dice un recluso luego de meditar ante la prensa. Hace dos años que Pamela Martínez enseña yoga en la cárcel y hoy más de 40 presos, policías y operadores penitenciarios lo practican en Punta de Rieles. Los reclusos comenzaron a construir allí una casa o escuela para meditar, a la que llaman "shala".

La ilusión y el entusiasmo de los que participan en el proyecto se respiraba en cada rincón del Centro de Formación de la Cooperación Española en Montevideo, donde ayer se realizó una jornada sobre yoga en cárceles.

El comisionado parlamentario para el sistema penitenciario, Juan Miguel Petit, definió la cárcel de Punta de Rieles como "una isla de la utopía" y destacó el liderazgo que ha ejercido su director, Luis Parodi. "En Punta de Rieles hace dos años que no hay un lío. No hemos encontrado cuchillos hace un año y medio", informó Parodi. ¿Cuál es la clave? "Toda la gente puesta en condición de dignidad se dignifica", sentenció. El yoga, una práctica milenaria de Oriente, contribuye en ese camino.

Óscar, uno de los seis reclusos que participó de la jornada, habló en nombre de los demás reclusos. "Es increíble estar en este espacio", comentó. "El programa de yoga cambia a las personas, la actitud, rescata los valores que se han dejado de lado y esos valores tenemos que volver a rescatarlos", aseguró el recluso.

"Va a cambiar a muchos de los privados de libertad, va a traer lindos cambios y está buenísimo (...) Somos y tenemos el derecho a los cambios, ¿verdad?", se preguntó César Ocampo. A su lado, en la mesa de expositores, estaba Graciela Barrera, madre de Alejandro Novo, un joven asesinado en Las Acacias durante una rapiña, y vocera de la Asociación de familiares y víctimas de la delincuencia (Asfavide). Apenas tomó la palabra, el aire se cortó."Ustedes saben por qué voy a Punta de Rieles. Encontré en ese lugar poder llevar a cabo mi utopía, la utopía de encontrar a César, de poder mantener una charla y buscar entre todos una solución, entre las personas que se equivocaron y ver que alguien se fue porque alguien se equivocó", dijo Barrera, que emerge, cada vez que habla, como un símbolo de redención.

El rap de Federico González, preso en Punta de Rieles

La jornada estuvo cargada de emociones. Presos, policías, víctimas de la violencia, representantes del gobierno y de organismos internacionales se juntaron ayer para hablar de amor en las cárceles y de una práctica que ha cambiado el espíritu de los que se sumergen en la meditación, sin importar el uniforme ni las culpas. "¡Es rarísimo! Es rarísimo ver todo esto que está ocurriendo", comentó el comunicador Marcelo "Fito" Galli, uno de los moderadores de la jornada.

Shala en obra

El programa Yoga y valores en cárceles, liderado por Martínez y el grupo Ombijam, trabaja de forma honoraria en Punta de Rieles y la cárcel El Molino, donde están recluídas mujeres con hijos. Luego de dos años de trabajo de hormiga con reclusos, presos y policías, el equipo está pronto para dejar un mojón físico, la construcción de un espacio de meditación que esté abierto todo el día. "El shala es una escuela para la transformación de la conciencia. No pasa por las alarmas, no pasa por las rejas, no pasa por las armas, pasa por el cambio de conciencia", dijo Martínez, a quien todos los presentes agradecieron por su impulso y convicción.

Martínez plantea que el yoga permite valorar la vida desde otra perspectiva. "La vida pasa por respirarla", asegura la mentora, que les propone a los internos agradecer cada vez que meditan. "Yo no sé que agradecer", solían reprocharle los reclusos. "Agradecé que estás respirando, que estás vivo, agradecé la vida", les responde Martínez.

"Cuando se empieza a agradecer la vida, se empieza a ser consciente del valor que tiene la vida del otro; ya no querés lastimar", aseguró Martínez.

Además de construir el enseñar yoga junto a otras dos mujeres y de impulsar la construcción de un espacio específico para eso, Martínez invita a las cárceles a disertantes de distintas temáticas para que sumen a la transformación de la conciencia. A la hora de soñar, esta mujer no escatima. "A través de la cooperación de los privados de libertad (queremos) construir un complejo holístico para personas en situación de calle", anunció ayer. Es que muchas de las personas que viven y duermen en la calle son egresados de las cárceles.

La isla de la utopía

El director de Punta de Rieles aseguró que "la condición" para estar en esa cárcel con 600 presos es hacer algún taller que dignifique la rutina. "No se acepta a nadie que no hace nada por él mismo: deporte, yoga, candombe, rock, rap, radio comunitaria, una revista", enumeró Parodi. En esa cárcel hay 40 talleres para presos.

"En Punta de Rieles hay partidos de Peñarol y Nacional con las hinchadas juntas. Eso habla de que las cosas se resuelven de otra forma", ejemplificó.

El comisionado parlamentario aseguró que "Punta de Rieles muestra que la dignidad cambia (...), que el valor de que la vida tiene sentido, que ayudar a otro tiene sentido, que vivir vale la pena".

Petit recordó que nada nuevo hay en esta fórmula. "En 1955 se planteó que hay que lograr que las cárceles sean parecidas a lo que pasa en el mundo del afuera (...) El yoga se asocia a la vida fuera de la prisión", explicó.

Luego de que seis reclusos hicieran una demostración de yoga, de que los expositores celebraran la expansión de esta práctica, Federico González, uno de los reclusos presentes, rapeó una de sus canciones y cortó otra vez el aire.


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