Elecciones como mejor salida

Maduro fracasó en la represión armada con que intentó frenar las masivas manifestaciones populares
El papa Francisco reclama diálogo para solucionar la crisis en Venezuela. Lo mismo piden el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, nuestro presidente Tabaré Vázquez y otras muchas personalidades. Pero descansar en esta deseable vía conciliatoria es inviable a menos que la oposición o el gobierno cedan en posiciones encontradas y hasta ahora irreductibles. La Mesa de Unidad Democrática (MUD), que pese a algunas fisuras representa a todos los partidos opositores, exige razonablemente, como requisitos básicos para deponer su resistencia civil, la pronta convocatoria a elecciones, la liberación de los presos políticos y el restablecimiento de la división de poderes del Estado.

Estas condiciones son anatema para el presidente Nicolás Maduro. Aceptar una elección significa el seguro fin del chavismo al frente del gobierno, dado el claro rechazo mayoritario de los venezolanos a un régimen que los ha llevado a la miseria y los reprime a sangre y fuego. La división de poderes se derrumbó cuando el máximo tribunal del Poder Judicial, dócil servidor del Ejecutivo, se adjudicó las potestades del Legislativo. Y al vociferante dictadorzuelo caraqueño le crispa la idea de poner en libertad a los prominentes dirigentes opositores que encarceló y condenó en juicios sumarios en instalaciones militares.

Maduro ha fracasado en la represión armada con que intentó frenar las masivas manifestaciones populares en las principales ciudades del país. Enfrentado a una convulsión interna imparable y a una fuerte presión internacional, incluso ha ofrecido restablecer el diálogo con la oposición, que se había iniciado a instancias del Vaticano y que se cortó a consecuencia del incumplimiento chavista. Pero ya no parece haber margen para que dialoguen el MUD, representante de una mayoría popular, y un régimen aferrado al poder pese a haber perdido toda legitimidad institucional y que se escuda con denuncias ridículas de una conspiración internacional para invadir Venezuela, liderada por Estados Unidos con complicidad de nuestro gobierno frenteamplista y los de otros países.

La única salida posible al desastre creado por el chavismo es que prospere la conminación de un grupo mayoritario de naciones americanas para que se realicen elecciones en un plazo perentorio. Maduro lo rechaza, argumentando intervencionismo en los asuntos internos de Venezuela. Pero cuando el 82% de la población ha caído por debajo del nivel de pobreza, cuando no hay alimentos, ni medicinas ni otros artículos indispensables, cuando el gobierno agrega a sus arrestos dictatoriales un apabullante fracaso de gestión, es obvia la necesidad de darle a los venezolanos la oportunidad de escoger en las urnas a quienes asumirán el timón.

Si Maduro y sus laderos no lo aceptan, el panorama inmediato es de creciente rebelión popular, de mayor represión sangrienta por un régimen apoyado en una estructura militar que por ahora le es fiel y eventualmente la expulsión del chavismo de los organismos americanos por aplicación de la cláusula democrática. Es un curso que empeorará aún más las aciagas condiciones de vida de los venezolanos. Pero es lo que augura el futuro inmediato si Maduro sigue cerrando los ojos a la realidad, como ha hecho hasta ahora.

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El Observador

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