Elogio de Astori

Ha sido la persona más influyente en los gobiernos frenteamplistas y garantía contra el voluntarismo

Uruguay transita un tiempo de cuasi estancamiento económico con inflación y más desempleo. Prevalece un sentimiento de desilusión o fracaso, extendido y más bien injusto, tras una década de optimismo.

El gobierno de José Mujica dejó un gran agujero en las cuentas del Estado central y de las empresas públicas. ANCAP fue sólo la punta del iceberg. El déficit es un explosivo con espoleta retardada que ayudó a desbarrancar a varios gobiernos latinoamericanos. Las agencias calificadoras de riesgo, esenciales para mantener un crédito barato, han advertido al gobierno uruguayo sobre el peligro.

Si no se hace un ajuste severo, el ajuste se hará solo y a la fuerza: primero más deuda pública, luego alta inflación y menos salarios y empleos, y al final las opciones tipo Grecia o Venezuela. Así que después de reducir inversiones y subir tarifas públicas, ahora se aumentan tributos, aunque la presión impositiva en Uruguay ya es la más elevada de América Latina, junto a la de Brasil.

El gobierno ha logrado que se discuta más sobre impuestos que de revisar el gasto, o de la calidad del gasto. Es un éxito de política menuda. La constante apelación a las "políticas sociales" es un gran paraguas que encubre cualquier cosa, incluidos los salarios de los funcionarios públicos, cuyo número aumentó alrededor de 25% en una década, en buena medida con militantes y amigos políticos, según las prácticas clientelares de siempre. Tú también, Brutus...

Tal vez usted crea que todo es de una mediocridad conmovedora, una gran mentira y un abuso. Pero también podría concluir que Tabaré Vázquez en la Presidencia y Danilo Astori en el Ministerio de Economía son el mejor equipo del que dispone Uruguay, aquí y ahora, para navegar aguas turbulentas.

A los gobiernos del Frente Amplio podrán hacérseles graves reproches, como el derrumbe de las responsabilidades básicas del Estado: seguridad, enseñanza, salud (una culpa que no es sólo suya sino una continuidad histórica). Pero si Uruguay al fin escapa como hasta ahora a la crisis tipo Argentina, Brasil o Venezuela, y de su enfermiza radicalización política, no habrá nada que agradecer a los demagogos de siempre, con algunos sindicalistas y legisladores a la cabeza, sino a aquellos que, como Astori, debieron conciliar demandas infinitas con recursos escasos.

Danilo Astori, un contador público de 76 años, es de los cuadros políticos frenteamplistas más competentes y duraderos. "Hace más de dos décadas que no es posible hablar del Frente Amplio sin examinar con cuidado la cambiante curva del poder político de Danilo Astori", escribió Adolfo Garcé en 2013.

Tabaré Vázquez se aseguró el triunfo cuando el 13 de julio de 2004, en Washington, anunció que en un eventual gobierno suyo el ministro de Economía sería Astori, hasta entonces su principal rival en la interna frenteamplista. Ese compromiso redujo drásticamente el temor al voluntarismo y la improvisación que padecieron antes otros gobiernos de izquierda en América Latina, y le arrimó al Frente Amplio los votos decisivos para obtener la mayoría parlamentaria.

Astori fue ministro desde 2005, senador en 2008, desafiante perdedor ante José Mujica en 2009, vicepresidente de la República en 2010 y otra vez ministro a partir de 2015. Ha sido el hombre fuerte de los tres gobiernos del Frente Amplio, una especie de primer ministro perpetuo: no tanto por su poder político sino como custodio de la línea económica y garantía de manejo responsable. Su influencia también ha sido muy fuerte en política interna, designaciones claves, relaciones exteriores e inserción internacional.

Su libreto estratégico incluye una apertura mucho más allá del laberinto del Mercosur. Si predominan las ideas proteccionistas, "estaríamos condenados a vegetar en la mediocridad, porque es un país físicamente pequeño, pero además –y este sería el crimen mayor– porque tiene un potencial formidable", dijo en marzo 2012. "Encerrarse es la peor de las estrategias en el mundo contemporáneo. Cuanto más crisis, más apertura".

Tal vez las mayores virtudes de Astori sean la fortaleza de sus convicciones y su capacidad de resistencia a la adversidad. Ha sufrido graves derrotas, como el caso Pluna, y perdió todas las internas en las que compitió por la candidatura presidencial a partir de 1999. Los principales ataques provienen desde el interior del Frente Amplio, que es impiadoso. La oposición más dura está en sus filas. Su sector, Asamblea Uruguay, perdió votos entre 2009 y 2014 y no tiene suficiente "aparato", esa joya tan venerada en la izquierda. Pero los militantes no son el pueblo, aunque lo invoquen. "Lo peor que le puede pasar a una fuerza de izquierda es hablar de una realidad que no existe", ha advertido.


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