Elogio a la brillantez

Obama representa una versión del sueño americano que ahora parece en retroceso
Barack Obama asumió el gobierno en Estados Unidos como símbolo de una posmodernidad amplia y tolerante. Él y su familia encarnaban el sueño americano hecho realidad. Ahora, ocho años más tarde, cede la Presidencia de la primera potencia mundial a su antítesis casi perfecta, el populista de derecha Donald Trump, un hombre viejo, blanco, muy rico, prepotente y cargado de prejuicios. Una parte significativa de la sociedad estadounidense, como también ocurre en otros países de mayor desarrollo relativo, busca a los bandazos un camino de certezas en medio de la realidad líquida y angustiosa del siglo XXI.

Estados Unidos, que legó al mundo la primera Constitución y el primer sistema republicano democrático exitoso, que sirvió de ejemplo a todos los que vinieron después, en 2016 también mostró algunos de los aspectos más desagradables de la democracia: una lucha electoral plagada de insultos, amenazas, berrinches, escándalos, un tono sin precedentes que dejó a la población agotada y asqueada.

Las cosas parecían muy diferentes a mediados de 2008, cuando un liberal negro y un conservador blanco competían por la primacía política. Entonces el escritor y analista Frederick Kempe, opinaba para Bloomberg News que "a Estados Unidos le convendría más, en lo que a su prestigio internacional se refiere, una Presidencia fracasada de Barack Obama que una Presidencia exitosa de John McCain". Kempe sostenía que Obama contribuiría mejor a representar "la ahora maltrecha 'marca' de Estados Unidos, que ha cambiado el rumbo de la historia de la humanidad", y que se construyó en torno a la libertad de culto, de expresión y otras elecciones individuales, y al ideal inédito de que todas las personas fueron creadas iguales.

En junio de 2008, después de vencer a Hillary Clinton en una larga y reñida interna, el senador Barack Obama, nacido en 1961 en Honolulu, Hawai, se convirtió en el candidato del Partido Demócrata a la Presidencia de Estados Unidos. Adoptó el viejo lema: Sí, podemos (Yes, we can), y el 20 de enero de 2009, cuando apenas contaba 48 años de edad, fue el primer hombre negro en acceder a la Casa Blanca.

Egresado de Columbia y Harvard, poseedor de una imagen y un discurso brillantes, acompañado por una esposa, Michelle, que no le iba en saga, Barack Obama entonces era la viva imagen de la meritocracia estadounidense (de alguna forma todavía lo es), un tipo de gente capaz de reinventar su nación todas las veces que fuera necesario.

Asumió en medio de la grave crisis financiera gestada por la desmesurada expansión del crédito y las deudas hipotecarias. Sus grandes planes de rescates e incentivos parecieron los más amplios desde la Gran Depresión de los años '30 y la era de Franklin D. Roosevelt. Pero, para algunos de sus críticos, su política económica fue básicamente igual a la de su antecesor republicano, George W. Bush, sólo que más derrochadora, tanto como un marinero borracho. Al fin, como suele ocurrir, cualquiera sea la política, la economía de su país salió a flote vigorosamente y Obama fue reelecto en noviembre de 2012.

En octubre de 2009, cuando estaba de moda en el mundo entero, se le otorgó el premio Nobel de la Paz por su política exterior conciliadora. Si bien fue más cauteloso que su antecesor y retiró las tropas estadounidenses de los teatros militares, acosó a los regímenes autocráticos de Medio Oriente y continuó la persecución de los radicales islámicos desde Irak a Libia, pasando por Afganistán o Siria. El líder terrorista Osama bin Laden, el mayor símbolo de la yihad, fue cazado y ejecutado en Pakistán por comandos estadounidenses en mayo de 2011.

Sin embargo Estados Unidos parece ahora más dividido que antaño por razones socio-económicas, raciales e ideológicas, y renuente a la globalización. También sufre apatía o desconfianza en sus instituciones, un fenómeno muy extendido en el mundo. "Las leyes por sí solas no serán suficientes" para acceder a un mundo mejor, dijo Obama en su último discurso, el martes en Chicago; "los corazones deben cambiar".

El discurso esperanzador del presidente en retirada choca de frente con "la realidad que se desarrolla en la capital de la nación", comentó el diario liberal The New York Times: "Trump ha prometido atacar el legado de Obama, borrando el enfoque disciplinado y profesoral del actual presidente al gobernar, sustituyéndolo con un estilo ruidoso y caótico de liderazgo".

El balance histórico de la gestión Obama parece que al fin dependerá, más que de sí mismo y de lo que hizo, de los aciertos o desaciertos de su radical sucesor, que servirán de prueba y contraste.