Elogios de un cine más humano

La voz del director Peter Bogdanovich en la última edición del festival Bafici desprecia el cine efectista

La amplia sala Gaumont, frente a la plaza del Congreso, en Buenos Aires, no estaba repleta. Afuera predominaba una llovizna constante. Eran las cinco de la tarde. La pantalla quedó completamente oscura y, cuando la luz la tocó, aparecieron las caras de Ryan O'Neal y de su hija, Tatum, en blanco y negro. Empezaba Luna de papel, dirigida por Peter Bogdanovich. La historia está ambientada en los años treinta, la época de la Depresión, pero se filmó en 1973.

La película narra la relación de una niña huérfana y un timador que vende Biblias a viudas desconsoladas, golpeando puerta a puerta de sus casas. Nunca queda del todo claro si los personajes son padre e hija, aunque en la vida real lo fueran. Las aventuras de estos dos seres por pequeños pueblos del medio oeste estadounidense, con la maravillosa fotografía del genial Laszlo Kovacs, todavía es una lección de cine a pesar de sus 43 años de edad.

Junto a otros filmes del director, Luna de papel se exhibió dentro de una retrospectiva dedicada a Bogdanovich, director invitado a edición del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (Bafici), que se desarrolla por estos días en la capital argentina.

Cuando culminó la función, desde una de las butacas del fondo, Bogdanovich, de 76 años, caminó hacia el frente de la sala para realizar un diálogo improvisado con los asistentes. Tenía una campera fina de cuero negro, un vaquero, un pañuelo al cuello, unas championes negros. La gente lo aplaudió. Él tiró un beso. Dijo que estaba resfriado por el viaje desde Los Ángeles.

Le preguntaron qué cine del presente le interesaba. Respondió que el cine actual le parecía "una mierda". Criticó las películas de superhéroes, llenas de efectos que las vuelven a todas similares y redundantes, y que no hablan de seres humanos. Reivindicó otro cine, donde las emociones pueden aflorar desde la pantalla con otros recursos técnicos: un buen guión, un buen actor, un buen encuadre, el sonido exacto o, bendito sea, el silencio.

Le preguntaron por los actores de su película. Dijo que Ryan O'Neal era "una rata", con quien había tenido una discusión y con quien no hablaba desde hace años. Pero que Tatum le escribe emails y mantiene una buena relación. Explicó además que el título le surgió sin conocer el argumento de la historia. Llamó por teléfono a su maestro y mentor, Orson Welles, que entonces vivía en Roma, y le preguntó si le gustaba "Luna de papel". "Es tan bueno que ni siquiera me importa si se filma o no la película. Con ese título basta", le dijo Welles.

Una chica de cerquillo le preguntó si había ambientado la historia en la Depresión porque quería reflejar algo de lo que sucedía en la década de 1970. Bogdanovich le explicó que no, que dirigió el filme de casualidad, porque el director que supuestamente lo haría había sido despedido por los estudios Paramount.

Lo consultaron sobre cuál sería su próximo proyecto. Dijo que su principal objetivo era terminar El otro lado del viento, una película que Welles dejó inconclusa al momento de su muerte y que encargó a Bogdanovich terminar. Desde hace más de 10 años Bogdanovich batalla por concluir y poder estrenar la película, luego de mil idas y venidas con los herederos de Welles.

Cuando concluyeron las preguntas, algunos fans se acercaron a pedir autógrafos y a sacarse fotos. Bogdanovich, con una notoria tinta caoba en su pelo cano, satisfizo a todos casi sin sonreír. Luego, con lentitud, caminó por el pasillo, salió al hall del Gaumont, atravesó sus gruesas puertas, se subió a un auto que lo esperaba y se perdió en la noche húmeda de Buenos Aires.

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