Embajador argentino advierte que el sistema judicial "crujirá"

Desde julio de 2017 los juicios penales serán orales y públicos

Guillermo Montenegro ingresó en 1983 al Poder Judicial de Argentina "de pinche". El embajador de Argentina en Uruguay recordó que a los 18 años era "el último orejón del tarro en el tribunal, sirviendo café, cosiendo expedientes y yendo a comprar cigarrillos". Luego de desempeñarse como juez y fiscal, pasó de los juzgados a la política de la mano de Mauricio Macri. En 2007 asumió como ministro de Justicia y Seguridad del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y en diciembre del año pasado como embajador en Montevideo. El embajador repasó ayer su trayectoria judicial, celebró la implementación del nuevo proceso penal que comenzará a regir en Uruguay en julio de 2017, pero advirtió que el sistema "crujirá".

El sistema judicial penal "va a crujir pero tiene que ver con todo el crecimiento", dijo ayer Montenegro en el seminario internacional "Los desafíos del nuevo proceso penal en el Uruguay", organizado por la Universidad de la Empresa (UDE). "Cuando uno crece, adolece", aseguró.

Luego, fue un poco más dramático. "Se van a sacar los ojos", pronosticó. El embajador se refirió en concreto a la puja entre jueces y fiscales, que con la implementación del nuevo Código del Proceso Penal (CPP) cambiarán sus roles: el fiscal dirigirá la investigación y el juez (que hoy la dirige) se limitará a juzgar, a dictar sentencias.

El nuevo CPP habilita pactos entre fiscales e indagados: la confesión puede retribuirse con una pena más leve. "Van a haber jueces que no van a aceptar los pactos a los que llegaron los fiscales, van a decir que se excedieron; esto ocurrió en Argentina y sigue ocurriendo", advirtió el embajador, que fue fiscal federal durante una década y juez federal durante cinco años. El juzgado en el que se desempeñó es ocupado hoy por el juez Sebastián Casanello, que investiga una red de lavado de dinero vinculada a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

El actual proceso penal habilita pactos entre fiscales y delincuentes solo en los juzgados de Crimen Organizado, como al que se acogió el exvicepresidente de FIFA, Eugenio Figueredo.

El embajador destacó además que el nuevo proceso penal permite juicios más ágiles, resoluciones judiciales en plazos más breves. "Una justicia que tarda años en tomar una decisión no es justicia", advirtió.

Monedas y corbatas

Los fiscales uruguayos se están preparando para protagonizar juicios orales y públicos. Hace varios años, Montenegro estuvo seis meses en la escuela de fiscales de Estados Unidos capacitándose en juicios orales y ayer recordó una de las pruebas que rindió. "Siempre fui charlatán, por lo que me iba bien en la parte oral pero tenía monedas en los bolsillos y hablaba con las manos en los bolsillos mientras trataba de convencer al jurado", recordó Montenegro. "Mi tutor me retó, (a pesar de que) yo estaba chocho por cómo había hablado. Me dijo: 'Nunca podés usar la misma corbata, nunca corbata cara ni tener monedas en los bolsillos porque eso distrae al jurado'". Mientras en Estados Unidos juzga un jurado, en Uruguay esa tarea seguirá cumpliéndola el juez en soledad.

Las pruebas que incriminen al acusado deberán ser presentadas en Uruguay desde julio de 2017 por el fiscal en juicios orales. Esto significa que jueces, fiscales y defensores estarán durante horas "sentados, escuchando y prestando atención". Por eso, con los juicios orales "cambian las exigencias físicas", aseguró el embajador. Estas nuevas exigencias pueden requerir "la renovación real de todos los actores del proceso penal", agregó.

A pesar de que los desafíos son muchos, Montenegro destaca que Uruguay tiene "lo más importante, que es la decisión política. ¿Lo político dónde se visualiza? Si tienen plata o no", sostuvo. Por estos argumentos, el embajador auguró "un muy buen futuro" para la Justicia uruguaya.


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