Uruguay en la gran fiesta del emprendedurismo mundial
El presidente de Zonamerica, Orlando Dovat, participó en representación de Uruguay en la premiación mundial de Ernst & Young al emprendedor del año y compartió su experiencia
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06
2013
El pasado fin de semana, Mónaco se vistió de fiesta para recibir la ceremonia de entrega del Entrepreneur of the Year (el Emprendedor del Año), una competencia que desde hace más de dos décadas organiza la firma de servicios profesionales Ernst & Young para reconocer el espíritu emprendedor. Tuve el gran orgullo de representar a Uruguay en el encuentro, luego de haber sido distinguido el año pasado como el Emprendedor del Año en mi país, por mi participación en la fundación y desarrollo de Zonamerica.
La experiencia que viví fue muy emocionante. Por primera vez Uruguay participaba en la entrega del Entrepreneur of the Year, y sentí la responsabilidad y el honor de representar al país, al empresariado uruguayo, a Zonamerica y a todo el equipo que está detrás de mí, respaldando a la compañía.
En el emblemático Hotel Ermitage, entre actos circenses del Cirque de Soleil, se realizó la entrega de premios a los 49 competidores de cada uno de los países que participaron en el encuentro.
Con La Cumparsita de fondo, recibí un trofeo que testimonia mi incorporación al World Entrepreneur of the Year Hall of Fame (El salón de la fama del Emprendedor del año mundial).
Previamente, todos los candidatos a Entrepreneur of the Year habíamos presentado, en tan sólo dos minutos, la historia de nuestra compañía ante un jurado conformado por destacados representantes del ámbito empresarial de todo el mundo.
El ganador fue el representante de Estados Unidos, un empresario de origen turco-norteamericano de nombre Hamdi Ulukaya. Se lo merecía, porque es un exponente claro del american dream (sueño americano). Ulukaya llegó a Estados Unidos como un pobre inmigrante y en tan sólo cinco años logró crear su propio negocio, una fábrica de yogurt.
Con el paso del tiempo su producto, con la marca Chobani, se transformó en el yogurt más vendido de los Estados Unidos.
Valiosa promoción
La reunión en Mónaco fue extremadamente valiosa a nivel personal por la posibilidad que me brindó de conocer gente formidable como el CEO saliente de Ernst & Young, James S. Turley, y el entrante CEO de la firma, Mark Weineberger.
Además pude compartir un encuentro con figuras de la talla del ex secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, el inventor de Internet, Tim Berners-Lee, o el ex campeón mundial de Fórmula 1, Mika Hakinnen.
Pero, analizando la experiencia con una perspectiva más amplia, concluyo que lo más importante de la competencia de Ernst & Young es la promoción del emprendedurismo.
Un cambio para Uruguay
Uruguay es un país en que el Estado ha ahogado la iniciativa privada. Sus monopolios, su alta presión impositiva y las enormes dificultades para ampliar un mercado tan minúsculo, que no representa ni siquiera el consumo de una pequeña ciudad de Estados Unidos o Europa, implican un gran obstáculo para desarrollar el espíritu emprendedor.
Creo, sinceramente, que Zonamerica es un gran ejemplo de que, a pesar de las dificultades, es posible crecer, perseguir sueños y cumplirlos.
También es un ejemplo a seguir para que Uruguay pueda recorrer la senda exitosa que transitaron Singapur o Hong Kong, lo que le permitiría transformarse en un centro de comercio a nivel regional y mundial.
Pero para eso nuestra gente debe aspirar a otro modelo de vida, en que los méritos premien a nuestros ciudadanos en función de su trabajo y su poder de innovación. Debemos querer jugar el partido en las grandes ligas. Eso sólo lo puede hacer el emprendedor privado.
* Presidente fundador de Zonamerica.
06
2013
Hay un tipo de emprendimientos que merecen una atención especial. Son aquellos que en su modelo de negocios atienden necesidades de personas de sectores sociales desfavorecidos. Salvo excepciones son pequeñas empresas y comparten las mismas dificultades de este sector: capacitar los trabajadores, acceder a mercados lejanos, asegurar la calidad de sus productos y servicios, lograr precios justos, cumplir las regulaciones de la formalidad, actualizar su tecnología y lograr el financiamiento para crecer. La encuesta nacional de mipymes del MIEM-DINAPYME 2012 es una buena fuente de información sobre el estado de estos problemas.
Los llamados Negocios Inclusivos son emprendimientos que incorporan a los pobres a la economía de mercado. Para describirlo se ha usado un eufemismo, hablar de los negocios con la base de la pirámide. La figura pone foco en la existencia de una enorme población mundial en la pobreza que son trabajadores y a la vez consumidores, mientras que generalmente el marketing se dirige a los sectores medios y altos de la pirámide. Más allá de los conceptos académicos nos interesa aquí reflexionar sobre el potencial de estos emprendimientos hacia un desarrollo con mayor equidad.
En estos días se ha presentado el libro de Oscar Licandro y Lucía Pardo “Experiencias de Negocios Inclusivos en Uruguay” (Fundación Avina – Universidad Católica del Uruguay). Es una publicación imprescindible para informarse sobre el tema que presenta una selección muy acertada de 16 casos estudiados. Seis de ellos son del medio rural, incluyendo uno de larga trayectoria (Manos del Uruguay); otros seis son de clasificadores de residuos en Montevideo, Canelones y Flores; y cuatro son de otros colectivos urbanos. No todos los emprendimientos han sido exitosos y sus perspectivas de futuro siempre son problemáticas. Pero demuestran que hay vías de organización y articulación con organizaciones del Estado, de la sociedad civil y con empresas, que ofrecen alternativas a los emprendimientos sociales.
Hoy medimos la pobreza por el ingreso, pero la pobreza es más que carencia de recursos materiales. ¿Qué es más relevante, el ingreso de hoy o el futuro potencial de esa persona y su familia? Por eso se ha definido la vulnerabilidad de la población pobre como la: “inhabilidad de controlar las circunstancias propias”. Participar de un emprendimiento siempre es una aventura, pero al mismo tiempo algo que se puede manejar si se cuenta con una gestión transparente, participativa y al mismo tiempo profesional.
Los emprendimientos inclusivos desde el momento que participan del mercado requieren ser sostenibles (rentables), apuntan a mejorar la calidad de vida de sus integrantes y deben manejarse con responsabilidad (creciente formalidad, respeto ambiental y ciudadano). En este proceso sus integrantes ganan en autoestima, por el sentimiento de lograr objetivos, crecen en autogestión al aprender a articular con otros actores y comparten experiencias con otros emprendimientos. De este modo los negocios contribuyen también a una expansión espiritual de las personas y su entorno familiar y comunitario. No resuelven todos los problemas de la pobreza pero son muy buenos ejemplos de dignificación humana por el trabajo.
Por su parte las políticas sociales procuran atender las “fallas del mercado”, lo que la economía capitalista deja sin resolver. Es muy claro que algunas de estas carencias se podrían solucionar con emprendimientos inclusivos, pero ellos no se crean sin iniciativas de personas tanto de la esfera pública como de la privada. Dentro de las primeras se encuentran las cooperativas de trabajadores promovidas desde el MIDES. En el libro de Licandro y Pardo se encuentran ejemplos de liderazgo desde otras organizaciones como la Obra San Vicente (fundada por el Padre Cacho), fundaciones, grandes empresas e intendencias.
Pasar de la situación actual a una de mayor impacto sobre la pobreza requiere seguramente legislar sobre el tema (definiendo pasos que favorezcan la formalización creciente del sector), expandir la participación de la sociedad civil para que el esfuerzo no sea únicamente del Estado y priorizar estas iniciativas en el marco de las políticas de apoyo al emprendedurismo.
* Rector y coordinador de la Cátedra de Innovación y Desarrollo en CLAEH. Director en ID Retail
06
2013
Para muchos y en especial para los emprendedores, afirmar que: “ideas abundan, las que se concretan no”, seguramente les parezca algo trivial.
Para el emprendedor la habilidad de generar ideas está en su esencia.Las ideas son, sin duda, la energía que les da vida y son ellas las que ante el fracaso le darán la fuerza para levantarse y seguir soñando.
El emprendedor conoce la distancia que existe entre tener una idea y que la misma se convierta en un emprendimiento. Sabe que existe una gran diferencia entre tener ideas y ser emprendedor. Para ser emprendedor hay que ser creativo, tener ideas, pero el tener ideas no implica necesariamente que uno sea un emprendedor.
El verdadero emprendedor es consciente que no todas sus ideas se podrán concretar y que son muy pocas las que finalmente valdrá la pena impulsar.
El emprendedor sabe que por más que las ideas afloren deberá ser capaz de ponerles freno, reprimir el impulso de emprender ante la emoción de la primera idea.
Él es consciente que las ideas con potencial no son la primeras que nacen. Por el contrario, las ideas con potencial suelen ser aquellas que comienzan a surgir luego de atravesar un riguroso proceso de selección y, validación.
Estas ideas se van transformando como resultado del abierto intercambio con pares y un arduo proceso de identificación de clientes, que nos permitan validar su potencial. Si finalizado este proceso la idea aún sobrevive y sobre todo, si sigue despertando la suficiente pasión en el emprendedor, podremos decir que se ha encontrado una idea con verdadero potencial emprendedor.
Es sin duda esta actitud, de controlar el entusiasmo de esa primera idea e iniciar un proceso de descubrir y validar lo que marca la diferencia entre quienes tienen ideas y quienes son verdaderos emprendedores. Quien tiene ideas, pero no es emprendedor, se dejará llevar por el entusiasmo, partiendo de la falsa creencia de que la idea es el pilar fundamental para su emprendimiento.
Quienes caen en esta falacia tienden a sobrevalorar su idea, llevando al emprendedor a custodiarla celosamente, limitando sin querer el potencial de crecimiento de su propio emprendimiento. Porque al esconder la idea será él solo quien volcará su experiencia y su conocimiento en el desarrollo de la misma, mientras que seguramente en ese mismo momento habrá otro emprendedor que trabajando en red estará impulsando alguna idea similar.
El creer que una idea es una verdadera fuente de ventaja competitiva, parece ignorar que las ideas no se protegen, que la única forma en que podemos obtener valor de una idea es si somos capaces de implementarla y que exista un grupo de clientes a la cual esa idea les aporte valor y por tanto esté dispuesto a pagar por ella.
El sobrevalorar la idea es la muestra más clara que evidencia la falta de experiencia como emprendedor.
El emprendedor, por el contrario, iniciará un proceso de descubrimiento y validación, enfocado en identificar sus clientes potenciales. El objetivo de este proceso será el de entender sus necesidades y verificar o descartar la idea, según ella se ajuste o no a la realidad identificada. Como parte de este proceso el emprendedor irá mutando su idea y ajustando sus supuestos. Pudiendo finalizar el mismo con éxito al encontrar una idea con potencial porque agrega valor al cliente, o un escenario sin potencial que lo llevará a descartar definitivamente la idea.
Cuando avanzamos ante la primera idea, creyendo que será adecuada a las necesidades de nuestros clientes y omitimos validarla, los riesgos de fracaso se incrementan. Al destinar esfuerzo, tiempo y dinero en construir un producto o servicio del cual no conocemos a su cliente y por tanto no tenemos certeza de que el mismo termine siendo de utilidad a alguien.
El emprendedor experiente tiene claro que el éxito solo será posible si su idea logra agregar valor al satisfacer adecuadamente las necesidades de sus clientes. Son por tanto las capacidades de controlar el impulso de emprender ante la primera idea que nos apasiona y el adoptar un riguroso proceso de validación de la idea, una verdadera fuente de ventaja competitiva, que hace la diferencia entre quienes tienen ideas y los verdaderos emprendedores que las concretan.
* MBA. Coordinador del Centro de Innovación y Emprendimientos de Universidad ORT Uruguay
05
2013
"Para hacer un buen emprendimiento, hay que tener plata”, dicen muchos. Y si no nos ponemos a analizarlo demasiado, hasta suena muy lógico.
Si bien es cierto que hay ‘megaemprendedores seriales’ que extraen rentabilidad de una empresa para iniciar otra, y pareciera que siempre están multiplicando sus utilidades, creería que esto es sólo una ilusión, provocada por dos cosas:
a) La gran confianza que se tienen -y que irradian- estos emprendedores, porque ya saben que sí se puede, y esto les juega a favor para que les vaya bien. Y si en ese caso no les fuera tan bien, no dejaría de ser una excepción a la regla, porque confían en que lo natural es tener éxito.
b) La actitud de las personas que por el contrario creen que la afirmación es cierta, las cuales están usando ésta (y algunas otras frases más) como justificación de que en realidad quieren hacer algo, pero se les hace imposible, por falta de dinero.
Olvidémonos que existen los préstamos para iniciar una empresa.
Olvidémonos con más razón de los diferentes organismos con los que podríamos obtener un capital sin necesidad de reintegrarlo incluso. Ya sea porque no tenemos nada de dinero y debemos buscar una solución urgente o porque no queremos tocar nuestros ahorros, nuestra consigna será no tener nada o casi nada para invertir.¿Es posible lograrlo?
Les dejo algunas ideas que me han ayudado mucho a la hora de empezar un nuevo negocio, especialmente cuando tenemos acceso a una inversión muy limitada:
- Lo positivo de tener poco dinero, es que la creatividad se incentiva. Si tuviéramos millones, ni sabríamos qué hacer entre tantas opciones. En un caso de poco dinero (o nada), nos presionamos más y las ideas que surgen son mejores. El desafío de encontrar soluciones diferentes para una muy baja inversión, asegura que cada peso será mejor aprovechado que si tuviéramos más.
- Pensar en qué es lo que más nos gusta hacer. Hay menores chances de que nos vaya mal si logramos unir creativamente una pasión personal con una idea de ‘bajo costo’. Así que ingresemos en algo que nos encante ¡y que explicar qué hacemos en la empresa haga que la alegría se nos salga por los poros! De esta manera, echaremos a andar el engranaje empresarial, sin grandes inyecciones de capital, ya que se va a mantener funcionando con nuestra propia pasión.
- Comenzar a escribir alternativas de cero costo, o al menos ínfimo. Qué podemos incorporar de la experiencia que tenemos o los conocimientos que hemos adquirido para sumarle a esa pasión que decidimos convertir en empresa? Cómo le agregamos el “toque personal”, ese algo diferente que haga a nuestra idea única gracias a todo lo que hemos reunido en los años anteriores? Qué elementos de nuestra propia casa podemos aprovechar para no tener que comprar algo? ¿Podremos hacer en una primera etapa el 100% de las tareas? ¿Cómo podríamos reducir al máximo los costos? Los servicios son mejores para estos casos, no requieren un stock para salir a venderlos, y se van a producir una vez se comercialicen. Pero valen también ideas creativas relacionadas con productos. Y sería óptimo lograr vender antes de gastar.
- Bajar a tierra: Definir cuál será el modelo de negocios –¡y ordenarnos bien las ideas!-. Usar el Business Model Canvas de Osterwalder, el modelo de Lean Canvas de Maurya, o alguna herramienta similar que permita tener una visión global. Y recordar que es mejor empezar de a poco, con un puñado de clientes, y aprender mucho de ellos, para poder después dar un paso más y poder crear una buena oferta, más acorde a lo que efectivamente el mercado quiere.
- Animarse: Porque una cosa es tener la idea, y otra es efectuarla. Los miedos van a ser normales, pero en este caso puntual que nos planteamos sí que jugamos con mil a favor: haremos lo que nos gusta y a diferencia de los emprendedores con mucho capital, no tenemos dinero que perder, que usualmente es una gran causa que potencia el famoso miedo a dar el paso inicial. Si nos va mal, lo peor que obtendremos será una mejora de nuestras capacidades y habilidades, o tiempo –que no es perdido– dedicándole a una actividad que nos hace aportarle al mundo algo bueno que sabemos hacer. Y eso no suena tan mal, a decir verdad.
Ahora es tu turno: te desafío a pensar: ¿Cuántas ideas de negocio con potencial podrías crear sin necesidad de grandes inversiones de capital?
* Emprendedora. Docente de Administración en Facultad de CCEE (UDELAR) y Universidad de la Empresa (UDE). Directora de Consultora Plan A. (www.plana.com.uy)
05
2013
"Innovación” es la generación de valor mediante el entendimiento y la aplicación creativa de lo ya conocido.
A diferencia de la invención, la innovación refiere al uso de una idea o método, mientras que la invención refiere a la creación de la idea o método.
Las innovaciones exitosas suelen cambiar mercados, esto hace que sea relativamente sencillo reconocerlas.
Tomemos por ejemplo al primer iPhone. Nadie puede dudar que fue un producto innovador. Alcanza con mirar el impacto que ha tenido en el mercado de los smartphones: cómo acelero la adopción de smartphones versus otros teléfonos celulares, cómo cambio la tendencia hacia teléfonos sin botones y con pantalla táctil, cómo se transformó en la primera plataforma exitosa para aplicaciones en dispositivos móviles, etcétera.
Sin embargo, se hace mucho más difícil evaluar el carácter innovador de un producto o solución el día antes de salir al mercado. Incluso si tenemos una descripción detallada de todas sus funcionalidades y características, es difícil esta evaluación, y uno puede caer en el error de pensar que el producto o solución no es innovadora porque en la lista de funcionalidades y características no se encuentra ninguna invención.
En este caso tienen que recordar que la innovación hay que verla desde la perspectiva del usuario y está dada en como el producto o solución haya aplicado y combinado invenciones ya conocidas para resolver de mejor forma una o varias de sus necesidades.
Volviendo al ejemplo del iPhone, si uno miraba la lista de características técnicas al día de su lanzamiento, no iba a encontrar ninguna que fuera única y que no estuviese ya disponible en otros teléfonos móviles. Es más, la lista tenia varios faltantes como el soporte de MMS y 3G, que ya estaban disponibles en otros teléfonos de la época. Además, el iPhone fue lanzado a un precio de U$S 500, muy por encima del precio promedio de los smartphones de su época.
Otra característica es que el carácter innovador y éxito de un producto o solución en el mercado suelen cambiar significativamente con la incorporación de múltiples pequeñas mejoras incrementales. Esto se ve reflejado en que muchos productos que son considerados innovadores y exitosos, pero recién lo fueron luego de múltiples versiones, por ejemplo Microsoft Windows.
Pero si es tan difícil evaluar el carácter innovador de un producto terminado al día de su lanzamiento, ¿cómo uno puede aspirar a evaluar el carácter innovador de un proyecto en papel, para el desarrollo de un producto o solución que aun no fue realizado?
En este caso no es posible evaluar la innovación en forma directa, pero sí es posible evaluar el potencial innovador del proyecto en el mercado.
Lo que se busca determinar en este punto es si hay un terreno fértil para que pueda surgir innovación en el mercado al que se apunta.
Para que este terreno sea fértil se tiene que dar una de estas características:
Caso a) Mercado nuevo o inmaduro: la mayoría de los potenciales usuarios del mercado aún no han adoptado un producto o solución. En otras palabras, la problemática o necesidad que el producto o solución pretende resolver aún no esta resuelta para la mayoría de los potenciales clientes o las soluciones utilizadas son muy inferiores.
En situaciones como esta, hay lugar para generar innovación mediante múltiples pequeñas mejoras incrementales, incluso si el enfoque principal es el mismo que el de los competidores.
Caso b) Enfoque novedoso en mercado maduro: en mercados maduros y con mucha competencia suele ser difícil innovar mediante pequeñas mejoras incrementales, pero es posible innovar mediante la incorporación de un enfoque distinto al tradicionalmente utilizado. Si el enfoque propuesto tiene el potencial de ser muy superior al enfoque tradicional, al menos para un segmento del mercado, el mismo puede redefinir el mercado o segmento transformándose en el caso anterior (caso a). No es necesario ser el primero en aplicar este enfoque, ya que al transformarse en el “caso a”, será posible generar innovación y diferenciarse de la competencia mediante múltiples pequeñas mejoras incrementales sobre este enfoque novedoso.
Por ejemplo, cuando Google fue creado ya existían una decena de buscadores de internet exitosos, por lo que se podía considerar que el mercado era maduro e iba a ser muy difícil que una nueva empresa adquiera una porción significativa del mismo. Esto hubiese sido así si Google hubiese tratado de innovar mediante mejoras incrementales. Sin embargo Google cambió radicalmente el enfoque de cómo se ordenaban los resultados de búsqueda. Mientras que los otros buscadores se basaban en cuantas veces y con que nivel de destaque aparecían las palabras que estaban siendo buscadas para determinar qué página era mas relevante, Google determinó la relevancia en base a cuántas otras páginas en internet tienen un link a la página en cuestión. Este enfoque no solo fue novedoso, sino que resultó ser mucho más efectivo y le permitió a Google en poco tiempo convertirse en el buscador líder del mercado.
Cuando existe un buen potencial innovador de un proyecto en un mercado y se combina con un buen equipo con conocimiento de las necesidades del usuario y buena capacidad de ejecución, serán buenas las chances de que el proyecto se transforme en una solución o producto innovador.
* CEO de Inetsat y presidente de CUTI
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