Los anglicismos han venido para quedarse, integrando desde conversaciones cotidianas hasta contenido en los medios. Es una situación que me gustaría conversar con Yolanda, mi estricta profesora de idioma español para quien el uso de “ok” ya era un atentando lingüístico.
Aunque existan argumentos sólidos para utilizar sus correspondientes en nuestro idioma, en ocasiones, los conceptos importados sintetizan muy bien lo que se pretende transmitir. Uno de ellos es networking, algo así como el ejercicio o arte de buscar, establecer y capitalizar redes de contacto con el objetivo de alcanzar algún fin en común.
Hoy, nuestra agenda corre riesgos de saturarse con after office, conferencias, charlas, coffees, talleres, tertulias, coloquios y demás instancias aparentemente apetecibles para “networkear”. Para alcanzar un ejercicio efectivo de este arte, van algunas recomendaciones.
Conócete a ti mismo
Como en el templo de Apolo, imaginemos que la máxima se muestra en los afiches de cada evento. Intentar responder ¿qué busco al participar?, ¿la temática se corresponde con mi actividad profesional?, ¿en qué medida asistir contribuirá a mis negocios y proyectos? ¿busco el networking recreativo o productivo?
El capital son los asistentes
Es aconsejable detectar aquellas personas clave e iniciar un contacto previo al encuentro. En este sentido, una buena práctica que poco a poco se extiende entre los organizadores locales, es poner a disposición listados de participantes confirmados, con enlaces a cuentas sociales como Twitter o LinkedIn.
La conversación es el principio, la tarjeta el final
La tarjeta personal es un medio, repartir compulsivamente o acopiar las de terceros no asegura resultado alguno. El verdadero reto es animarse al encuentro. Ayudará el despegarse de los amigos o colegas y superar la actitud soberbia del “vengan a mi”.
Mucho que decir, mucho más para escuchar
Frente al otro, el primer impulso es descargar todo el “blablaje”. Si el objetivo es catártico, esto está muy bien. En el caso de las relaciones profesionales, es preferible transitar un continuum entre la escucha activa y el compartir un relato de valor.
Cuidar la relación
No todo se agota en un encuentro. Difícilmente alguien concrete una inversión, firme un acuerdo o sea contratado al intercambiar cinco o 10 minutos. Sin embargo, alcanzan pocos segundos para generar una pésima impresión. Por ejemplo, el objetivo con un contacto puede estar simplemente en estrecharle la mano y así propiciar la asociación rostro-nombre, que luego contribuya al logro del objetivo buscado.
Tener presente que ser uno mismo rinde
Carl Rogers afirmaba que en las relaciones permanentes con los demás, de nada sirve fingir lo que realmente no se es. Por eso, hagámosle caso a este psicólogo humanista, evitando sobre-actuar para buscar exclusivamente agradar. En los vínculos profesionales, empatizar genera mayor valor residual que simpatizar.
* Emprendedor. Docente e investigador en la Universidad Católica, co-organizador de MontevideoValley & OpenCoffeeClub MVD.#mce_temp_url#