Emprendedurismo flower power

Sergio Delgado escribe sobre cómo combatir el riesgo de que quienes se involucran con el emprendedurismo no tengan la necesaria empatía

Dietas orgánicas para todos y esas raras dinámicas organizaciones nuevas que se convierten en fines, especialistas en lobby que suman subsidios y fondos de incentivos para proyectos sobrevalorados, espiritualización de los negocios, expansión del show del show, hiperidealización de la actividad emprendedora que la caricaturiza… son solo algunas de las expresiones del creciente emprendedurismo flower power.

Al mismo ritmo que se fortalece y crece el ecosistema emprendedor surgen nuevos jugadores que intercambian, con pleno derecho, valor con el sistema. Aquí se encuentran consultores, coordinadores, docentes, asesores, talleristas, gestores, periodistas, escritores, empleados, profesionales, académicos, voluntarios y entusiastas que actúan de forma individual o integran las organizaciones de apoyo a emprendedores en sus variadísimas formas, provenientes tanto de la sociedad civil como del sector privado y público de la economía. Son, entiéndase bien, actores estructurantes que dan soporte, crean y articulan.

Pero existe un riesgo. Cuanto menor es la empatía de estas personas con las necesidades, prácticas y desafíos de los emprendedores, esos de carne y hueso, más se instauran fenómenos como el flower power.

Para combatirlo, el primer paso es acordar que quienes trabajan directa o indirectamente con emprendedores pueden perfectamente no haber sido o ser emprendedores (y por favor desterremos la artimaña conceptual de intraemprendedor). Lamentablemente, cada tanto toma fuerza una posición poco feliz que lleva a defender que solo aquel que ha experimentado o experimenta un fenómeno tiene el derecho a involucrarse con este. Con seguridad, conocemos personas que, a partir de lo técnico o lo motivacional y sin contar con experiencia emprendedora, han contribuido a concretar y desarrollar un negocio de terceros o a crear un programa de apoyo exitoso.

Como emprender es en extremo jodido, quienes trabajamos con emprendedores tenemos el desafío de comprender, desde las vísceras, sus fuentes de ansiedad, dolores de cabeza, problemas, alegrías. Al intentarlo, la tónica de las actividades y acciones que se propongan tendrán más chances de alejarse del movimiento flower power.

A modo de ejemplo, en la incubadora da Vinci labs nos preocupa que las personas que integran el equipo ejecutivo y el cuerpo de consultores cultiven y contagien aquel desafío. Del emprendedor que se acerca, buscamos conocer su contexto económico y familiar, experiencias significativas previas y sus expectativas más allá del negocio que desarrolle. En el ámbito académico, desde la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Católica venimos construyendo junto a un joven equipo de docentes la “Consultoría Social Empresarial”. En este espacio, se ofrece a micro y pequeños emprendedores vulnerables el acompañamiento profesional por parte de estudiantes avanzados. Inaugurar el servicio de consultoría permanente en el barrio del Cerro constituyó un hito este año. Créanme que los futuros licenciados no son indiferentes frente al contacto interpersonal, al trabajo de campo frecuente y al enfrentar la tensión por adecuar todo lo aprendido con el caso y el rostro concreto.

Director de Fundación da Vinci


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