En busca del diputado 50

La falta de la mayoría parlamentaria y las oportunidades perdidas de gobernar con más diálogo, análisis y escuchando propuestas
Se va el 2016 con algunas luces (se evitó caer en la recesión, bajó 4% el número de rapiñas, Uruguay está en zona de clasificación directa para el Mundial del Rusia, mantuvimos el grado inversor) y sus numerosas sombras (el déficit fiscal sigue alto, la inseguridad sigue campante, la violencia en el deporte es imparable, la educación no levanta, en las pruebas PISA no logramos mejorar, tenemos advertencias fundadas del presidente de la Suprema Corte de Justicia sobre el debilitamiento del estado de derecho en temas muy sensibles a la privacidad de las personas) y amanece ya el 2017 con muchas incógnitas y algunas expectativas. Y todo ello en un mundo cambiante donde triunfaron inesperadamente el BREXIT, el NO a la paz en Colombia y Trump, y se ciernen sombras sobre la globalización.

Para el gobierno será un año bisagra pues ya no contará con la mayoría parlamentaria automática que lo acompañó desde 2005 y no le será fácil aprobar leyes y en especial la Rendición de Cuentas, que prometía ser más generosa seguramente para compensar "la austeridad" del presupuesto de 2015 (en relación a las demandas de los gremios obviamente pero no en relación a presupuestos anteriores ni a las posibilidades del país), en tanto la economía estuviera un poco mejor. La economía no está "un poco mejor" que en 2015 pero las presiones sobre el gasto serán igualmente muy fuertes pese a que entre el Presupuesto 2015 y la Rendición 2017 el gobierno ha tenido que aplicar un ajuste fiscal que estaba fuera de sus promesas electorales de 2014, muy enfáticas en cuanto a que en un nuevo gobierno del FA no habría aumento de la carga tributaria. La promesa quedó por el camino y la carga tributaria vía impuestos y tarifas creció para atenuar el enorme déficit que dejó la administración Mujica.

Pero aparentemente la pérdida de la mayoría parlamentaria del FA abre una cuota de expectativa. El 19 de diciembre de ministro de Economía Danilo Astori, consultado en Radio El Espectador sobre el tema señaló que ello "no estaba en los cálculos".

Sin duda la pérdida del diputado 50 no estaba en los cálculos de casi nadie aunque eran obvias las tensiones hacia adentro de la coalición de gobierno cada vez que había que aprobar una ley ya fuera presupuestaria o de otra naturaleza. Pero la salida del diputado Gonzalo Mujica se dio por la obstinación de la bancada del FA en no habilitar la investigadora de la regasificadora. Es decir, Gonzalo Mujica se cansó de la permanente oposición del FA a investigar presuntos hechos de corrupción o de mala gestión con la sola excepción de ANCAP, donde se dio pie para tratar de avanzar sobre las razones de una pérdida de más de US$ 800 millones.

El hecho es que ahora Gonzalo Mujica está fuera del FA y hay que negociar con él o con el diputado de Asamblea Popular la aprobación de leyes en Diputados.

Hasta aquí nada nuevo bajo el sol. Las mayorías van y vienen y no son eternas ni permanentes.
Lo que sí llama la atención es el razonamiento de Astori. El ministro de Economía y figura de gran peso político y de primer nivel junto a Tabaré Vázquez y José Mujica en el Frente Amplio en los últimos 20 años y especialmente en los tres períodos que lleva el FA en el gobierno, señaló que la pérdida de la mayoría "obliga a ser más cuidadosos en el análisis, a tener en cuenta puntos de vista que pueden enriquecer propuesta, a conversar, a escuchar".

Buena cosa diría uno, ser más cuidadoso en el análisis, tener en cuenta puntos de vista que puedan enriquecer, conversar y escuchar. Pero ¿es necesario perder la mayoría parlamentaria (algo que no estaba en los planes) para "ser más cuidadosos en el análisis, tener en cuenta otros puntos de vista que puedan enriquecer propuesta, conversar y escuchar"?. ¿No son actitudes que debería haber tenido el gobierno aún con su mayoría parlamentaria? ¿No es bueno, o incluso muy bueno, ser más cuidadoso en el análisis, tener en cuenta otro puntos de vista, conversar y escuchar? ¿No es esa la tarea del gobierno de turno tenga o no mayoría parlamentaria? ¿Es necesario perder la mayoría para bajar del Olimpo y ponerse a conversar y a escuchar a la oposición? ¿No es siempre lógico ser más cuidadoso en el análisis de las propuestas para enriquecerlas?

Cuesta creer que haya sido necesaria la pérdida del diputado 50 para que algo tan lógico y razonable se pueda poner en marcha. Y da pena pensar el tiempo y las oportunidades que se perdieron en estos 13 años para gobernar mejor con diálogo, siendo más cuidadosos en el análisis, recogiendo otros puntos de vista, enriqueciendo propuestas, conversando y escuchando.

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